Cerrar ojos y tapar oídos

Jorge Carrillo Sánchez

El proceso electoral de 2018 está arrancando con una simulación de pre-campañas que en realidad son campañas, realizadas  por todos los partidos y avaladas por la autoridad electoral.

¿Qué se pretendía con regular las precampañas? El principal objetivo era contener el activismo político electoral de los aspirantes a cargos de elección popular, porque daba una ventaja indebida a quienes lo hacía.

Contener el activismo político electoral de los aspirantes con famosos “actos anticipados”, tanto de precampaña como de campaña. En otras palabras, los legisladores establecieron que si alguien se salía de la norma, y además no reportaba gastos de la precampaña, la sanción puede ser la pena máxima en materia electoral, sacarlos de la boleta.

Según el calendario electoral, las campañas inician formalmente hasta el primero de abril. Por, eso, enero y febrero, los partidos políticos deberían de estar concentrados en sus procesos de selección de candidatos presidenciales.

Eso supone que existe competencia interna, pero las tres coaliciones que agrupan a los nueve partidos nacionales ya tienen candidato: Andrés Manuel López Obrador, José Antonio Meade y Ricardo Anaya.

En realidad no hay no hay contienda interna. En ese caso,  ¿Para qué tener precampañas si el resultado ya está definido? Pues para colocar a los candidatos en la mente de los votantes a través de la mercadotecnia electoral y el spoteo que nos satura a todos los ciudadanos. Este gasto de las precampañas que están haciendo los partidos  no es barato. El INE autorizó un gasto superior a 200 millones de pesos para las precampañas.

La avalancha de spots en radio y televisión: es de 11.4 millones entre el 14 de diciembre y el 12 de febrero, argumentando que los spots están dirigidos en exclusiva a los militantes de los partidos políticos. Los ciudadanos tendríamos que taparnos los ojos y los oídos.

Es de esperar que los  partidos devuelvan ese dinero, y se esperen hasta abril, que no se burlen de los votantes y esperen los tiempos legales. Eso supondría generosidad, pero los partidos tienen hambre de poder y de hacer campañas para ganar adeptos eliminando adversarios.

Hasta antes de Navidad, los partidos no habían reportado sus gastos de pre-campaña. Las precampañas iniciaron el 14 de diciembre, pero los partidos no informan oportunamente al INE, sobre sus ingresos y gastos para la realización de eventos públicos y privados.

No hay aún rendición de cuentas, por ejemplo, los consejeros del INE exponen que los precandidatos presidenciales José Antonio Meade, Ricardo Anaya y Andrés Manuel López Obrador, han recurrido a pasajes aéreos, transporte terrestre, bocinas, playeras y lonas para cumplir con sus actividades, sin que rindan cuentas de estos ingresos y gastos.

Tenemos entonces precampañas que son campañas, precandidatos que son candidatos y spots dirigidos a militantes de las coaliciones y los partidos,  que acaban viendo y escuchando todos los que tienen radio y televisión. Sin duda, es un triple engaño a costa de nosotros los ciudadanos y contribuyentes.

La actitud del INE ha sido avalar este triple engaño. Ese es el problema. El que la autoridad electoral no haga nada por desidia o por impotencia. El problema en el fondo es que sigue creciendo el desprestigio de las instituciones democráticas.

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