Canónigo José Mejía Sosa, cumple 100 años de vida

 

“Estemos felices donde estemos”

Rebeca Ortega Camacho

  Foto: Luis Daniel Tadeo Velázquez

Recordar es volver a vivir. Sentado en el sillón de la sala, rodeado de fotografías que evocan momentos de alegría, fotos a blanco y negro y a color; una muy especial de su mamá, – “no le gustaba que le tomarán fotos” – , otra de su hermano menor, impartiendo la bendición con el Santísimo Sacramento – “hasta eso que se ve piadoso”-; otra con toda la familia, el festejo de sus Bodas de Oro y muchas más, cada una con su historia. En la casa donde vive desde hace 14 años, el Canónigo José Mejía Sosa, recibió al equipo de Arquimedios para platicar sobre su familia, vocación, destinos y más.

Gozando de buena salud, con lucidez, buen humor y destacado narrador; el entrevistado describió con detalle, fechas y lugares de los momentos que han marcado y definido su vida. El Canónigo José Mejía nació el 26 de enero de 1918 en el Municipio de Atoyac, Jalisco. Sus padres fueron Tomás Mejía Contreras, “mi papá fue un hombre trabajador del campo”, y María de los Ángeles Sosa Rodríguez. “Podríamos platicar mucho de nuestra familia. Fuimos once hermanos, solo que se murieron tres y nos criamos, nos desarrollamos siete (María, José de Jesús, Justo, María Luisa, José, Pedro, Nicolás); de los cuales había cinco varones y dos mujeres; y a tres, Dios quiso llamarnos al sacerdocio. Los otros hermanos varones se casaron, y las mujeres dedicaron su vida a sus hermanos presbíteros.

“Creo que Dios nos favoreció con una familia unida y respetuosa. Con responsabilidad se vivía la vida cristiana, se rezaba el rosario todos los días y en parte a eso debo mi vocación. Lecturas no tenía, porque no sabía leer, le daba hojeadas a un devocionario que había por ahí, donde estaban las láminas de la Misa y me gustaba ver como auxiliaba el acólito; ‘Lavalle Mexicana’, se llamaba el libro… Vino la Revolución Cristera en 1926, andaría en 8 años; nos trasladamos al pueblo de Unión de Guadalupe, Atoyac, Jal., ahí vivimos y fuimos a la escuela”, señaló el Canónigo.

“Mi vocación nació en la familia”

El ímpetu del Presbítero José Mejía por dedicar su vida al servicio de Dios, germinó por el ejemplo de su hermano mayor, José de Jesús y el aliento del párroco de la comunidad. Sus estudios y vida presbiteral siempre estuvo enlazada con la de sus hermanos sacerdotes, Jesús y Nicolás.

“Mi vocación nació en la familia, con el modo de vivir, en el trabajo diario y la oración. Además, el Padre que estaba ahí, Ildefonso Ruiz Sandoval, sacerdote que nos Bautizó y nos dio la Primera Comunión, me llamó y me estuvo diciendo los pros y contras de los que iba a ver en el seminario y al fin me pregunta: ‘¿te vas?’, – respondí – me voy. No sé cómo me fui, es decir, en el sentido de llevar maletas, dinero, no me fije en nada.

“Me purificó más la idea del sacerdocio, el padre hermano que fue primero párroco, yo veía que él se esforzaba mucho por vivir en el Ministerio y no le tocó muy larga la vida. Él nada más cumplió las Bodas de Plata, murió el 8 de junio de 1967, por un accidente en Autlán”, recuerda el entrevistado.

El 19 de noviembre de 1934 entró al Seminario Auxiliar de Ciudad Guzmán o Zapotlán el Grande, “allí cursé dos años antes de pasar al Seminario de Guadalajara, donde me formé hasta la ordenación”. Enfatizó que su hermano José de Jesús comenzó en 1930 y fue ordenado sacerdote en 1940; mientras que Nicolás comenzó en el Seminario de San Juan de los Lagos y recibió el orden sacerdotal en 1952.

“Andábamos donde se podía, no había Seminario. Nuestra vida espiritual era en la casa en la que vivíamos o en el templo a dónde íbamos. Las clases las recibíamos en una oficina de la notaria de algún templo; por ejemplo, en San José de Analco, San Sebastián de Analco, Mexicaltzingo, en el Expiatorio, donde se pudiera, hasta en la torre. El único salón que era de verse, estaba en San José de Gracia, un salón que se mecía, y abajo estaba un Monseñor que era de la congregación y teníamos que andar con pies de gato. Así fue la mayor parte de Teología”.

Durante su etapa de Seminarista, rememora a sus progenitores. “Mi papá no decía nada, él nada más dejaba ser. Sabía lo que nosotros le platicábamos, él no nos preguntaba nada. Nos daba un poquillo de dinero, pero nada más. Mi madre si se mortificaba mucho, pensando que andaríamos por allá mal o teníamos ofensión de andar mal. Después de las vacaciones, mientras estaba preparando la ropa, la maleta, empezaba a llorar, no nos regañaba, nada más lloraba. De tal manera que el día que salimos, íbamos a Misa, pero ya no volvíamos a la casa. Salíamos por las veredas para ir a pie (3, 4 horas) a Ciudad Guzmán; y ya se conformaba ella, nos mandaba un telégrafo, pero siempre llegaba retardado”, dijo el entrevistado y añadió que su mamá murió en 1942, él sirvió como subdiácono en la Misa de Exequias que presidió su hermano mayor.

Ordenación sobria y destinos

A los 26 años y culminando sus estudios satisfactoriamente, el 31 de marzo de 1945 a las 7 de la mañana en la Catedral de Guadalajara, el Arzobispo Metropolitano, José Garibi Rivera presidió la Solemne Eucaristía en la que fue ordenado sacerdote, junto con 14 compañeros. “Mi ordenación fue austera; el señor Garibi, el sacerdote que acompañaba, el padrino que fue mi hermano, José de Jesús. Después, una comida en una casa particular”, también asistieron a la ceremonia su padre y una hermana.

La Cantamisa del Padre José Mejía se llevó a cabo el martes 3 de abril de 1945, en su lugar natal, Unión de Guadalupe, “gran jolgorio en el pueblo”. Con el Santísimo Expuesto, la Santa Misa fue presidida por el Neo presbítero acompañado del diácono y subdiácono, “un gran coro, todo fue en latín… una celebración muy espléndida y una mesa bien dispuesta al salir de la Misa”. Destacó, que en este día, estuvo presente el sacerdote Ildefonso Ruíz y su hermano Jesús.

El primer destino fue providencial, se le designó a la Parroquia de la Inmaculada Concepción, Amatitán, Jal., como Vicario nada menos que del señor Cura José de Jesús Mejía, nombrado párroco en mayo de 1945. Los hermanos sacerdotes trabajaron juntos por cuatro años, hasta que el párroco se fue de misiones durante dos años a Campeche. El entonces vicario recuerda con cariño al sucesor del señor Cura, al Presbítero J. Concepción Mercado.

En 1950 fue designado como Vicario Fijo de San José de las Flores, de la parroquia de Zapotlanejo, “estuve cinco años cabalísticos ahí”. Después, el 14 de agosto de 1956 arribó a la Ribera de Guadalupe, Atoyac, “donde estuve 16 años”.

Posteriormente, a los 54 años, el Padre Mejía Sosa solicitó pasar de la recién creada Diócesis de San Juan de los Lagos a la de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, en ese tiempo a cargo del Obispo José Trinidad Sepúlveda, “de quien fui colaborador durante diez años (1972 – 1982). Él me confió la parroquia de Suchiapa y me hizo Padre Espiritual del Seminario Conciliar, que en ese momento sólo contaba con el Seminario Menor, al que acudía una vez a la semana. En 1977 fui nombrado primer párroco de Nuestra Señora del Sagrado Corazón, en la colonia Moctezuma. Santa Cruz de Terán estaba en su territorio. Mi vicario fue el Presbítero Óscar Campos Contreras, actual Obispo de Ciudad Guzmán”.

En 1982 regresó a San Juan de los Lagos y fue elegido Canónigo, cargo que desempeñó durante 18 años. “Aparte del propio de los Cabildos, tenía otros oficios como encargado de los Religiosos y Religiosas, de las Misiones también”. En 1995 celebró sus Bodas de Oro. El 2 de octubre del 2000, a los 82 años de edad, pidió a su Obispo, Javier Navarro Rodríguez, licencia para acompañar a su hermano Nicolás que estaba delicado de salud, y pasó a Guadalajara pero, sin dejar de pertenecer al clero de San Juan de los Lagos, “estoy aquí con permiso de mi Obispo”. El Presbítero Nicolás Mejía, murió el 10 de diciembre de 2011.

Sacerdote Eucarístico

El Canónigo José Mejía vivió un período de transición, después del Concilio Vaticano II. Uno de esos cambios fue la Liturgia, comenzando con el uso de las lenguas vernáculas y ya no sólo el latín. Al respecto, el entrevistado comentó, “yo me he puesto a juzgar y no me costó mucho, porque sentía necesidad de un cambio. No tuve dificultad de aceptar el Concilio Vaticano II, pronto me habitué a la Misa en español; no teníamos muchos libros, venían de España y estaban en dos columnas, en castellano y latín”. No obstante, recuerda con gran alegría las Misas Solemnes con el Santísimo Expuesto, pues eran únicas y especiales.

Desde chico, el Padre Mejía, fue devoto de San José y de la Santísima Virgen María en su Advocación de Guadalupe. “Todas las parroquias en donde he estado, la Virgen María y San José estuvieron presentes: la Inmaculada Concepción en Amatitán; en San José de las Flores, San José; la Ribera de Guadalupe, la Virgen de Guadalupe; Nuestra Señora de San Juan de los Lagos y actualmente Nuestra Señora de Zapopan”. También, parte fundamental de su vida espiritual es el amor a Jesús Eucaristía, “siempre siento un vacío si no hago la visita o  si no hago el culto a la presencia real de Cristo y participo de la comunión diaria”.

“No me arrepiento de dar el sí”

Próximo a cumplir el aniversario 73 de vida sacerdotal, el Canónigo Mejía, agradece a Dios por su vida y vocación. “Siempre sentía el querer ser sacerdote, pero entendía que tenía que saber mucho, estudiar mucho y yo no tenía escuela; se me hacía imposible. Ahora le doy gracias a Dios y no me arrepiento de haber dado el sí. Es una vocación muy especial que Dios da, no a méritos propios; no es huir de la vida, es enfrentarse a la vida y dejar riquezas o satisfacciones de la vida, como el matrimonio, no se dejó por falta de valor, sino porque se encontró una mejor. Pudiendo tener otra vocación, me dio esta, ¿por qué me la dio?, ¿le he correspondido bien?, no sé; solamente me acojo a su Misericordia.

“Una cosa en la cual yo encierro todo y a todos los sacerdotes les digo: Estar a tiempo en todo, aún en el comer, aunque sea tortilla con sal; no estar pensando en otro destino, tener ese que tienes, vivir ese que tienes y estar contento ahí. Eso les recomiendo, que estemos felices donde estemos”, concluyó el Canónigo José Mejía, hombre sabio y piadoso, que ostenta un siglo de vida.

A pesar de que sus padres, hermanos de sangre y hermanos sacerdotes (de generación) ya partieron a la Casa de Dios; le sobreviven varios sobrinos, uno de los cuales es sacerdote de la Diócesis de Ciudad Guzmán. “Que Dios lo conserve así. Yo lo apoyo en todo lo que puedo, desde hace 14 años; estuve atendiendo a su hermana, al Padre Nicolás y a él. Me da gusto verlo así, sobre todo sano, muy cuerdo, muy lúcido”, dijo Aurora Mejía, sobrina, hija de su hermano Justo.

Festejan sus 100 años

El viernes 26 de enero, el Canónigo José Mejía cumplirá cien años de vida y el 31 de marzo de 2018, festejará 73 años de sacerdote.

Para agradecer el don de la vida, el lunes 8 de enero se llevó a cabo la Eucaristía en la Basílica de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos, acompañado del Cabildo Eclesiástico. El mero día, 26 de enero, a las 13 horas tendrá lugar la Santa Misa en la Parroquia de Nuestra Señora de Zapopan, Estadio (ubicado en Monte Atlas 1669, Col. Independencia). Y el 26 de febrero en la Parroquia de Unión de Guadalupe, Atoyac, Jal., a las 12 horas.

 

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