El sentimiento de soledad

Martín Gerardo Cruz

Los hijos necesitan recibir de sus padres, aparte de los bienes para la subsistencia física. Nutrición emocional, valoración, afirmación y reconocimiento, para su mejor integración y desarrollo en la sociedad.

Encontramos en los hijos un sentimiento de soledad que, entre otras causas, proviene de una paternidad no adecuada, o de que los papás no se llevaban bien entre ellos y los hijos lo saben.

Hay ausencia de paternidad, cuando no atienden a los hijos, por trabajo, por viajes, por otras situaciones. En ocasiones parece que uno de los esposos es buen padre o buena madre, sin embargo, para sorpresa del hijo, existe una coalición entre los padres. Por ejemplo, cuando los padres se avergüenzan de su hijo por una falta menor. Se le violenta o descalifica.

También sucede, que un padre fuerte y una madre aparentemente débil, están de acuerdo en obligar a un hijo o hija a dejar sus estudios, para mantener la casa, y cubrir la inmadurez del cónyuge que se alcoholiza, que apuesta, y actúa egocéntricamente.

La pareja también necesita que mutuamente, él y ella, se afirmen, se valoren, se den reconocimiento, que se deseen. Cuando no se cumple esto y existe ausencia de un buen trato, los hijos lo perciben y sienten un vacío, que luego buscarán llenar en su futuro matrimonio. El padre o la madre principalmente, trata de cubrir su carencia dándole al hijo un papel de aliado, de protector, un papel de padre o de madre que no le corresponde y que le traerá dificultades en su vida y circunstancias de adulto.

Nuestra ciencia humana nos acompaña, y los católicos contamos con recursos espirituales para sanar el alma y completar la salud en nuestro ser. Para poder amar y servir; y vivir en moralidad, tenemos la Gracia de la fe que sana, en los sacramentos, en la oración, en la Palabra de Dios. Cuando nos entregamos a Jesucristo y nos consagramos a Él, lo proclamamos Señor y lo obedecemos en amor, conseguimos salvación, salud plena, interior y física. La solución es venir una y otra vez, a Jesús único Salvador y fin de la historia. Aquellos que han recibido…el don de la fuerza sanadora. Rom. 5,17

Jesucristo nuestro modelo y hermano, tuvo padres que se amaron entre sí y fueron buenos. Él se dejó amar por ellos. Cuando espiritualmente venimos al vientre de María, a sus brazos o a los brazos de José, encontramos una fuente de salud. Jesús es Salvador de la familia, de la economía, de la cultura, de la política.

About Rebeca Ortega

Check Also

Destinos de los 34 Neo-Presbíteros

Redacción En presencia de los miles de fieles que asistió a las Ordenaciones Sacerdotales del …

Blasfemando con estilo y a la moda

Fabián Acosta Rico Cobra fuerza, en este mundo global, una sensibilidad que exige respeto a …

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *