Testimonios. Sobre – vivir con insuficiencia renal

Rebeca Ortega Camacho

Fotos: Luis Daniel Tadeo Velásquez

Jalisco ocupa el segundo lugar mundial en número de enfermos con insuficiencia renal: alrededor de 8 mil en municipios y poblados de la ribera del Lago de Chapala, según el Foro Socioambiental GDL. Conocer las cifras de los enfermos, es una realidad triste y alerta a la ciudadanía; pero visitar a los enfermos en su casa, platicar con ellos y su familia, escuchar las dificultades económicas, el desgaste psicológico y su esperanza de mejorar, nos da otra perspectiva; la insuficiencia renal es una enfermedad de la que nadie está exento.

¿Cuáles fueron los síntomas?, ¿cómo enfrentan el padecimiento?, ¿qué les causó la enfermedad?, son algunas de las preguntas realizadas a los entrevistados.

Testimonio 1. Trasplante exitoso

El primer testimonio es de Erick Daniel Hernández Ramos, un joven alegre, de solo 16 años de edad, originario de San Juan Tecomatlán, Poncitlán, Jalisco. El 27 de octubre de 2016 fue sometido a un trasplante de riñón, gracias a la donación de un riñón de su mamá, María Guadalupe Ramos García. “Gracias a Dios todo va bien, me están dando la cita cada dos meses y espero que siga todo bien”, dijo el entrevistado.

Su padecimiento comenzó desde muy pequeño, a los 13 años se agudizaron los síntomas de cansancio, sueño, mareos y vómito; le diagnosticaron Insuficiencia Renal. En 2014, inició el tratamiento de diálisis. “Íbamos con los cardiólogos, nefrólogos y gracias a Dios todo salió bien. Me dieron una cita a trasplantes, me hicieron todo el papeleo, hicimos todas las pruebas que se necesitaban, y mi mamá salió compatible conmigo; ella fue la que me donó un riñón”, señaló Erick. La atención médica la recibió en el Hospital Civil “Fray Antonio Alcalde”. De acuerdo con el joven entrevistado, en el pueblo hay otra persona que recibió un trasplante y una que está en diálisis.

Testimonio 2. “Él se me estaba muriendo”

Cuando no se conocen los síntomas de la insuficiencia renal y el tiempo pasa sin que el enfermo sea tratado, la enfermedad puede ser fatal. La siguiente historia tiene como protagonista a Alejandro De la Cruz Ordaz, él tiene 14 años de edad; a principios del mes de febrero de 2017, comenzó el tratamiento de diálisis, porque fue diagnosticado con insuficiencia renal. Tuvo que dejar la escuela y su gran pasión, correr.

La familia De la Cruz Pérez vive en el número 20 de la calle Juárez, en la población de Ojo de Agua, Poncitlán. El padre de Alejandro, el señor Héctor De la Cruz Pérez relató que la causa de la enfermedad la desconocen. “El motivo no sabemos cuál es. Su mamá murió y lo empezamos a ver triste, deprimido y pensamos que ese era el motivo. Me decían mis hijos, a Alejandro lo vemos pálido e hinchado. Fuimos a un doctor particular en Chapala, me dijo que el niño parecía que estaba mal de los riñones, y le mandó a hacer unos estudios urgentes. – Al siguiente día, con los análisis – fui rápido con el doctor y los miró, y me dice: ‘le voy a ser franco, la verdad es que su hijo si ahorita no se lo lleva al hospital se va a morir’. Al mes de que mi esposa se me murió, él se me estaba muriendo.

“Conseguí que mi hermano me llevara a Guadalajara. En el Hospital Civil me atendieron; llegué como a las cuatro y como a las diez de la noche lo metieron al quirófano para ponerle el catéter”, señaló Héctor De la Cruz y agregó que su hijo dedicaba mucho tiempo a correr y entrenar para participar en competencia en la ciudad de Guadalajara. “Era muy buen corredor, ganaba trofeos, medallas. Entonces él empezó a notar que se agotaba y ya no podía, pero no hicimos caso, porque su mamá estaba enferma de cáncer”. De sus ocho hijos, solo él tiene la enfermedad.

A principios del mes de noviembre se le prestó una máquina para diálisis, con ella, Alejandro puede realizarse el tratamiento durante la noche, así en el día puede hacer otras cosas y pronto pretende regresar a la escuela.

Testimonio 3. Familia comprometida, que lucha contra la enfermedad             

En Mezcala, Ponctilán, también hay casos de enfermos renales, que todos los días tratan su padecimiento con apoyo de la familia y encomendando a Dios sus necesidades.

Alberto de los Santos Pérez vive en la calle Hidalgo #226, Mezcala. Se le puede encontrar atendiendo la tienda de abarrotes de su familia. A los 17 años le detectaron insuficiencia renal y el 31 de marzo de 2016 fue sometido a un trasplante de riñón, órgano donado por su padre, el señor Francisco de los Santos.

Delgado (actualmente pesa 40 Kg.), haciendo comentarios graciosos de sí mismo y sentado en el sillón que le recuerda diversos momentos, comienza a relatar cómo su vida cambió por una enfermedad. “Empecé a sentirme mal, desde que me acuerdo en agosto de 2012, me sentía un poco cansado. Trabajaba vendiendo tostadas y pensé que era cansancio normal por estar trabajando mucho, pero ese cansancio era porque los riñones me empezaron a fallar… No hice caso en atenderme”.

En septiembre del mismo año, tuvo síntomas de frío exagerado, pero creyó que era gripa; además, el doctor le dijo que era anemia y que necesitaba vitaminas. Un fin de semana abusó de la comida, y pensó que le había hecho mal, porque estaba hinchado, como alergia. “Fuimos al doctor y me dijo: ‘pueden ser dos opciones: es una infección muy grave o te están fallando los riñones. – Al siguiente día – fuimos al Hospital Civil Viejo, llegamos en la mañana y a las seis de la tarde me pusieron el catéter. Me explicaron que el riñón no funcionaba y que con la diálisis estaría bien. Ese día me pusieron el catéter para la diálisis; fueron 30 bolsas para comenzar, estuve llorando por la diálisis, porque duele.

“Duré tiempo para reconocer que estaba enfermo y tener que cuidarme. En ese año tuve recaídas fuertes”. En diciembre de 2012, Alberto permaneció siete días inconsciente. En septiembre de 2013 comenzó la diálisis en su casa. A los cuatro años de vivir la enfermedad comenzó los trámites para el trasplante. “El riñón lo acepté y está trabajando al cien por ciento, de ahí para adelante puro cuidado. Hubo muchísimos cambios; antes ni iba al baño, da mucha hambre y mucha sed, pero no se puede comer ni beber cualquier cosa.

“No tuve complicaciones durante un año completo”. Sin embargo, en junio de 2017 por abusar del trabajo,  “no tuve tiempo para el medicamento y me empezaron a tratar lo del rechazo (del riñón), luego tuve una infección. Desde el 5 de julio de 2017 no me han tratado el rechazo, porque he estado con infecciones”, relató Alberto de los Santos.

Una de sus preocupaciones son los gastos, pues toda la familia coopera para que él siga su tratamiento. Actualmente acude al Hospital Civil “Fray Antonio Alcalde”, tres veces por semana; debe pagar el transporte, alimentos y medicamentos.

El señor Francisco de los Santos, padre de Alberto, se dedica a la albañilería, también es artesano y músico. “Pedimos al gobierno el descuento en el transporte. Nos cobran 56 pesos, más la comida, más los estudios, más el carro de la central al hospital. Es un promedio entre 700 y mil pesos lo que cuesta cada vez que va al hospital, más la medicina que es muy cara”.

A pesar de la situación, Francisco de los Santos no reniega de la enfermedad de su hijo, “esta enfermedad es una enfermedad ‘buena’, porque le ayuda a uno a reconciliarse, le ayuda uno a pensar quién es, a valorizarse, a creer en Dios, a nutrirse más, a tratar de limitarse de ciertas libertades que hay. Estas enfermedades dicen ‘aguas’, el camino está acá, urge que te nutras, urge que no te desveles. Hay que mantenernos alerta y esperar lo que Dios quiera”, señaló el donante del riñón y dijo sentirse bien; sin embargo, ahora tienen que cuidarse más, y no realizar tanto esfuerzo en el trabajo.

Además, en la familia se contabilizan dos tíos, una prima y un yerno que murieron de insuficiencia renal. De acuerdo con los entrevistados, en Mezcala hay un promedio de diez personas que están en tratamiento de diálisis, aproximadamente 30 han muerto a causa de la enfermedad y solamente dos que han recibido trasplante.

Testimonio 4. A pesar de la adversidad, aún hay esperanza

En el número 51 de la calle Morelos, Mezcala, vive una de las familias más afectadas por la insuficiencia renal; pues cinco miembros son los que la padecen. La señora de la casa, Delia Magallón Sanable, se nota cansada por la enfermedad que ha atacado a su familia, pero en sus ojos hay esperanza de que uno de sus hijos pronto reciba un trasplante.

“Mi hijo, Víctor Manuel tiene 9 años con Insuficiencia Renal. Un nieto falleció en 2014, por lo mismo. Uno de mis hermanos (hemodiálisis), después otro hermano y otro nieto (diálisis), hermano del que se murió, están enfermos. Ahora, mi hija Rosario (hemodiálisis), comenzó en abril (2017)”, comentó Delia Magallón.

La cuestionamos, si ella conoce la causa de la enfermedad en sus familiares y respondió, “yo le pregunté al doctor que por qué, y lo que me contestó fue que eran borrachos, mariguanos… le dije, contésteme otra cosa”, la entrevistada añadió que ella conoce a sus hijos y no cree que consuman drogas; además, señala que si esa fuera la razón, muchos otros vecinos también deberían estar enfermos.

“Hubo un tiempo en que no veíamos la puerta”, reconoce con tristeza doña Delia, pues en el pueblo nadie le informaba dónde podía pedir ayuda para solventar los gastos o a dónde dirigirse para conocer más de la enfermedad que se estacionó en su hogar. Actualmente, agradece que desde julio de 2017, una combi, de parte de SEDIS (Secretaría de Desarrollo e Integración Social), transporte a los enfermos hasta Guadalajara para que reciban sus tratamientos y después los regresa al poblado. “A veces ajustamos 150 pesos y con eso. A veces nos dan comida (en el Hospital) y nos queda un ‘cinquito’”.

Por su parte Víctor Manuel Morales Magallón, de 25 años de edad, comenzó la diálisis el 2 de enero de 2009 y hemodiálisis en 2014, a la fecha está programado para recibir un trasplante. Actualmente está en la etapa de buscar fundaciones para que le apoyen con el costo del material y medicamentos necesarios (para la operación y post-operación), con valor de 119 mil pesos; además, requiere donadores de sangre.

“Fue de repente. Le dolía mucho la cintura, le amaneció su cara verde, lo llevé a Chapala a una farmacia y me dijeron que lo llevara a la doctora; ella le mandó a hacerse unos estudios, lo enviaron al hospital y le pusieron el catéter.

“Como no puede caminar dijeron (los médicos) que primero debe ser el trasplante y después lo van a operar de la cadera. Estamos viendo si pronto le hablan. Los de nosotros (riñones) no sirvieron, no fueron compatibles”, señaló la mamá de Víctor Manuel.

Diferentes anécdotas y peripecias relata la entrevistada; pagar para que una camioneta llevara a su hijo al hospital, dormir en los albergues cercanos al Hospital Civil, comer lo que alcance, pasar los días y noches afuera del nosocomio, etcétera. La madre y abuela, doña Delia, también aseguró que a sus nietos más pequeños les hicieron estudios y al parecer están bien; sin embargo, manifestó su preocupación, “uno ya tiene miedo”; y con pesar, por su precariedad, comentó “a veces tomamos  de la llave (agua), a veces de garrafón y así andamos”, concluyó la entrevistada.

Se solicitan donadores de sangre

Para: Víctor Manuel Morales Magallón

9 donadores, cualquier tipo de sangre, para trasplante de riñón.

Presentarse a las 7 a.m. en el Banco de Sangre. Por la torre de especialidades del Hospital Civil.

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