Semanario Arquidiocesano, empresa dialogante

Editorial de Semanario #1097

En el Semanario Arquidiocesano, como en todos los impresos, diarios, revistas; el tiempo es su mejor juez. Nuestro periódico Arquidiocesano está de plácemes; está llegando a una fecha singular: 21 años.

En la nomenclatura de las personas, significa “mayoría de edad”. Un tiempo razonable en donde se ha guardado la historia, con esmero y conciencia del futuro. También con un impulso suficiente para seguir interpelando nuestro mundo entre las carencias y la esperanza.

El Semanario Arquidiocesano llega a este punto con el esfuerzo y dedicación del cada día, de muchas voluntades, personas y apasionados de la comunicación, para seguir presente, con una expectación en crecida a pesar de las dificultades propias de las actuales eras tecnológicas.

En el Semanario Arquidiocesano, se constata la experiencia día a día; pero nunca se deja de mirar al futuro; se busca estar bien anclado en las raíces iniciales de proyectos, sueños, cambios, alternativas; y ser un interlocutor ávido del lenguaje y pensamiento de nuestra gente. Siempre en búsqueda de nuevas propuestas en la era grandiosa pero ambigua del mundo digital y  a veces con lectores muy medidos que nos traen la nostalgia de otros tiempos.

El Periódico Semanario Arquidiocesano ha recorrido un tiempo de historias nobles, a veces sencillas; pero siempre significativas para el devenir social, político y religioso de esta región mexicana del occidente del País. También ha navegado en aguas turbulentas pero sin perder la esperanza y la ruta hacia el futuro. Se interpela a sí mismo y busca respuestas en las diversas esferas de opinión del mundo presente.

Se ha topado, como toda empresa humana, con encrucijadas económicas, sociales, de opinión discutida y con visiones diferenciadas; agarra fuerza y avanza. Hay tareas que le hacen repensar en sus contenidos, saber dialogar con sus posibles lectores. Como cualquier empresa humana ha encontrado críticos implacables; otros excelentes y bien pensantes, pero con todos abierto al intercambio de ideas.

Los lectores pausados, los críticos implacables y los lectores de fidelidad amorosa, son la esencia y alimento del cada día, en esta publicación que ha querido estar en la familia diocesana. Ha salido a la calle a los puestos de periódicos, a las parroquias,  llueva o truene; con todos los vaivenes de nuestras historias cercanas, complicadas y grandiosas; El Semanario Arquidiocesano, en opinión de nuestros lectores, ha sido una voz que comunica, que interpela y que también propone.

Sin duda sus colaboradores, sus plumas, sus caricaturistas, los vaivenes sociales y económicos, el aprendizaje y la consolidación entre los lectores, han sido el pan y la sal de cada día. Ha sido testigo de momentos históricos, de personajes únicos; registro histórico de la fiesta con varios Papas. Presente también en el cotidiano acontecer, en las tristezas de acontecimientos y personas, en el escrutinio del futuro… ¿Qué sigue en este mundo…?

También ha registrado el sinfín de ambigüedades y los contrastes de las noticias; unas que abruman, otras que ennoblecen. Acontecimientos que sonrojan y avergüenzan a la sociedad; pero otra multitud de circunstancias y hechos, aquí constatados que alientan la esperanza. Semanario Arquidiocesano es una obra humana y como todo fruto de la conciencia humana, perfectible. Futuro y esperanza están visibles, gracias a la acogida de nuestra comunidad de la Arquidiócesis y allende mares.

 

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