Ciudadanos en precampaña, proponen impuestos voluntarios

Jorge Carrillo Sánchez

La Doctrina Social de la Iglesia, establece que los impuestos, es decir, los ingresos fiscales y el gasto público asumen una importancia económica trascendental para la comunidad civil y política. En el pueblo hebreo, la finalidad del diezmo era ayudar al levita, al forastero, a la viuda y al huérfano a satisfacer su hambre (Deut. 26,12).

La ética positiva de la fiscalidad en la actualidad, según el filósofo Peter Sloterdijk, parte de que el sistema fiscal debería ser voluntario, lo cual supone una revolución cultural de los ciudadanos.  Esta propuesta parece ingenua, pero ciertamente postula una actitud noble del ciudadano con un espíritu de responsabilidad y sano orgullo de colaborar con auténtica libertad al bien común.

Se debe impulsar la concepción de que pagar impuestos es contribuir al bien común, y así, se debería fomentar una buena educación cívica en las escuelas, para que se valore el costo de los servicios que se gozan como la salud, la educación, el transporte, el funcionamiento de las instituciones y si esto no se da, protestar  con la desobediencia civil.

Para avanzar en la construcción de ciudadanía, debemos crear instrumentos de presión ciudadana para no quedarnos en la legalidad de los impuestos solo por las leyes que el gobierno impone, sino impulsar a una regulación legítima, justa y ética.

Comúnmente, los impuestos suelen ser utilizados de modo electoral; se anuncian reducciones de impuestos, pero ya en el poder los gobiernos realizan reformas fiscales, pero no de fondo. Esto provoca un gran descontento entre los ciudadanos, pues no hay un modelo claro y concreto de un proyecto social, por lo tanto, no hay una relación directa entre la política impositiva y la política social.

La organización México Evalúa, denunció recientemente que la SHCP asignó a algunos Estados, cerca de 300 mil millones de pesos, de modo discrecional, sin criterios para determinar montos, sin reglas de operación y sin control de la Cámara baja. En contraste, al gobierno de Chihuahua se le retuvieron 700 millones de pesos que ya se le habían asignado. Todo esto, unido a la enorme corrupción e impunidad, desalienta al ciudadano a pagar sus impuestos.

Para la Iglesia, el objetivo de recaudar impuestos, debiese ser tener las finanzas públicas capaces para ser un  instrumento que detone el desarrollo con criterios solidarios, tendientes al bien común.

“Una Hacienda pública justa, eficiente y eficaz, produce efectos virtuosos en la economía, porque logra favorecer el crecimiento de la ocupación, sostener las actividades empresariales y las iniciativas sin fines de lucro, y contribuye a acrecentar la credibilidad del Estado como garante de los sistemas de previsión y de protección social”

Si en el manejo de los impuestos no se actúa con ética social, con sanas políticas redistributivas, se corre el riesgo  de favorecer a los más ricos y oprimir las espaldas de las clases medias y de los más pobres.

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