Foto: Francesco Lay

No dejes de orar por las vocaciones

4 de marzo, Día del Seminario de Guadalajara.


Tomás Ruiz Carrillo / Primero de Filosofía

Estamos a unas cuantas semanas de celebrar el día del Seminario de Guadalajara, pero ¿sabes qué hay detrás de esta jornada? Así es, la oración. Cuando los seminaristas vamos a tu parroquia, solemos pedir dos cosas: generosidad en oraciones y donativos económicos. Ciertamente las colectas económicas que se generan ese día son las que solventan la vida institucional del Seminario y por lo cual no dejamos de dar gracias a Dios, pues en ello vemos la Providencia de Dios que nunca nos ha abandonado.

Sin embargo, el otro pilar que sostiene a nuestro Seminario es tu oración. La formación sacerdotal consta de varios elementos, sin prescindir de la gracia de Dios. En las ordenaciones sacerdotales, al ver a tantos jóvenes que son consagrados y revestidos para el servicio de Dios, podemos decir: ¡Cuánta gente hay detrás de ellos!

Porque cuando hiciste la oración por las vocaciones sacerdotales, alentaste a un joven a que respondiera con generosidad al llamado de Dios; cuando elevaste una oración, sostenías espiritualmente al joven seminarista que pasaba alguna dificultad, que por gracia de Dios, pudo superar; cuando elevaste tu súplica al Señor, hacías más fuerte al diácono que con alegría desempeñaba su ministerio; cuando pedías por santos sacerdotes intercediste por los de tu comunidad.

Foto: Francesco Lay

Por eso, cada que vamos a tu parroquia, lo que más pedimos es tu oración, pues el Seminario no le pertenece a ciertas personas, sino que nos pertenece a todos, ya que de nuestras comunidades, el Señor llama a los que Él quiere para que se vuelvan sus amigos y sigan haciendo presente su amor en medio de los más necesitados.

Y si el “Dueño de la mies” hace el llamado desde las comunidades, es claro que lo hace primero desde las familias. Por eso cuando oramos, también nos comprometemos, sobre todo los padres de familia, a propiciar en las familias un ambiente en el cual puedan surgir vocaciones cristianas: la vida consagrada (también sacerdocio), el matrimonio y la soltería, que son medios de santificación.

En el número 18 de Amoris Laetitia (La alegría del amor en la familia) el Papa Francisco dice: “El Evangelio nos recuerda también que los hijos no son una propiedad de la familia, sino que tienen por delante su propio camino de vida. Si es verdad que Jesús se representa como modelo de la obediencia a sus padres terrenos, sometiéndose a ellos (cf. Lc 2,51), también es cierto que él muestra que la elección de vida del hijo y su misma vocación cristiana pueden exigir una separación para cumplir con su propia entrega al Reino de Dios…”

Por lo tanto, no tengamos miedo de “entregar” a los hijos para que se consagren a Dios, por el contrario, sigamos fomentando el aprecio por los sacerdotes, las religiosas, los seminaristas… sigamos en oración, por el aumento de vocaciones cristianas y en especial, ya próximo el día del Seminario, de pedir por más, buenos y santos sacerdotes. Orar por las vocaciones sacerdotales es comprometerse con el Seminario, es sentirte parte de él.

Facebook/Seminario Diocesano de Guadalajara

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