La fe volátil es promiscua y se comercializa

Fabián Acosta Rico

La libertad es uno de los máximos valores defendido por las sociedades líquidas o post-modernas; nada es más anhelado en un mundo consumista que mantener esa facultad  ilimitada para elegir entre una docena de marcas celulares, zapatos, yogurts, etc. sin más árbitro que mi gusto o deseo. El único límite lo pone mi capacidad adquisitiva: monetaria o crediticia.

Las posibilidades de un consumo libre e irracional, en mundo cada vez más globalizado, son extensivas también al hecho de creer. En esta sociedad líquida, de modas y tendencias pasajeras, somos libres de entregarle nuestra volátil fe a cualquier culto por estrafalario, improvisado, efímero o pernicioso que sea.

El menú es amplio y variado en éste llamado mercado mundial de las religiones; si eres capaz de pensarlo o imaginarlo seguro está en este creciente mercado; donde sin restricciones ni censuras, que atenten contra la libertad, puede uno rendirle culto chamánicamente a los espíritus totémicos de los ancestros; o si el gusto del creyente es más tecnofílico igual puede depositar su fe en los extraterrestres o en cualquier  tipo de ser inter-dimensional, etéreo y luminiscente.

Ciertos  agnósticos y ateos han aprovechado esta casi promiscuidad creencial  y desacralización de la religión  para ridiculizar  ideas teológicas como el creacionismo; éste fue el caso de la parodia de culto ideada por el licenciado en Física, de la Universidad Estatal de Oregón, Bobby Henderson. Para burlarse del Dios del teísmo cristiano y de paso protestar contra la decisión de las autoridades educativas de Kansas, de permitir la impartición de la teoría de los modelos inteligentes (o creacionista), ideó un dios llamado El monstruo espagueti volador. Bautizó su “religión” con el nombre de pastafarismo. Le atribuyó a esta estrafalaria creatura hecha de fideos y albóndigas  todos los atributos del Dios creacionista; redactó los principios canónicos de su religión; y pronto, gracias, a la tecnologías de la información, su culto se difundió y ganó seguidores.

En este clima de libertad religiosa han resurgido cultos precristianos e ideas paganas, algunas de las cuales estuvieron duramente perseguidas y silenciadas centurias atrás como el Luciferismo y el propio Satanismo. Los seguidores del maligno se han tomado en serio el asunto de la libertad religiosa y han dejado el clandestinaje social para emerger de lo profundo de los bosques a predicar su fe. Ambas creencias predican la idea de que el hombre puede, e incluso tiene la obligación de convertirse en un dios; y para ello debe dejar de ser un seguidor gregario y asustadizo de las confesiones judeo-cristianas. Menos elitista que el Satanismo, el Luciferismo asocia a Luzbel (el portador de luz) con dioses antiguos como Apolo y Mitra.

El pastafarismo y  los cultos satánicos son dos claros ejemplos de las rutas que están siguiendo las neo-religiosidades actuales; ocurre que cualquier praxis o idea religiosa, por disparatadas o perniciosas que sean, reclaman su derecho, apelando a la libertad de culto, a ser comercializadas en este nuevo mercado mundial de las religiones líquidas.

 

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