Hay consecuencias, nunca castigos

Miriam Bretón Mora H.

Han escuchado decir: “Si no te portas bien te voy a castigar…” regularmente esta frase es dicha por los padres que quieren corregir a su hijo, pero MUCHO CUIDADO con la palabra CASTIGO: Según el diccionario de la Real Academia castigo significa “pena que se impone a quien ha cometido un delito o falta”. Me pregunto si un hijo comete delitos a una corta edad. En lugar de usar la palabra castigo los invito a cambiarla por CONSECUENCIAS que significa: “Hecho o acontecimiento que se sigue o resulta de otro”.

He escuchado que los papás comentan que la abuela tenía muchos hijos y a todos los controlaba con la mirada, efectivamente hay quien dice que era el poder de la “Chancla” lo que los dominaba y aunque era ruda lo que estaba aplicando era la DISCIPLINA.

Reflexionemos: ¿Cuál es la institución gubernamental en este país con la mejor reputación? La respuesta es contundente: El ejército y la razón es por la disciplina, y ésta se puede conseguir con castigos o CONSECUENCIAS. La diferencia radica en que las consecuencias tienen una relación directa con el hecho que se suscitó y no requieren de sufrimiento, sino de reflexión.

Padres de familia los quiero invitar a que reflexionen sobre la manera en cómo están educando a sus hijos. Si eligen el camino de las CONSECUENCIAS les sugiero lo siguiente:

  1. Analicen la consecuencia directa del acto de su hijo: dejarlo sin su juego favorito regularmente no es consecuencia sino castigo porque les duele pero no hay reflexión. Si se comportó mal en un evento la consecuencia debería ser que no podrá ir a otro hasta que demuestre que se puede comportar según las normas sociales y posiblemente eso implique que como papás tampoco puedan ir.
  2. Cumplan sus promesas: Si le dicen al hijo que va a tener una consecuencia, solo ustedes serán capaces de hacer que la reflexione, pero no cambien la consecuencia o la reduzcan porque en ese momento para el hijo no habrá reflexión sino entenderá que la consecuencia puede ser flexible.
  3. El amor también es consecuencia: Aunque duela dejen que los hijos vivan sus consecuencias. Lo peor que puede hacer un padre es evitar que les duela, sobre todo si están pequeños, es mejor dejarlos porque el golpe es reducido, entre más grandes los golpes son mayores y las consecuencias también. El dolor también hace que crezca el ser humano, cuídenlos de que su vida no corra peligro, pero dejen que aprendan experimentando en caso de que no los quieran escuchar.

Si en México existen más de 30 millones de hogares y en promedio hay 2 hijos menores de 18 años por hogar, eso quiere decir que hoy en día hay más de 60 millones de niños siendo educados bajo castigos o consecuencias… ¿Qué país queremos?, la educación empieza en casa.

 

 

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