San José Sánchez del Río: ajusticiado por su militancia católica hace 90 años a los 14 de edad

Pbro. Tomás de Híjar Ornelas

Al penúltimo de los cuatro hijos que engendraron los esposos Macario Sánchez y María del Río, que les nació en su casa familiar, en Sahuayo, Michoacán, a fines de marzo de 1913, saber que sus dos hermanos mayores, Macario y Miguel, eran cristeros y él no por razón de su edad, fue un obstáculo que terminó abatiendo al unirse a un campamento de esos combatientes, para salvar a Jesús Guízar Morfín, uno de los cuáles fue capturado, al lado de otro combatiente de nombre Lázaro, el 6 de febrero de 1928, donde tuvo los arrestos para escribir a su madre un lacónico escrito en estos términos: “Mi querida mamá: Fui hecho prisionero en combate este día. Creo en los momentos actuales voy a morir, pero nada importa, mamá. Resígnate a la voluntad de Dios, yo muero muy contento, porque muero en la raya al lado de Nuestro Señor. No te apures por mi muerte, que es lo que me mortifica; antes, diles a mis otros hermanos que sigan el ejemplo del más chico y tú has la voluntad de Dios. Ten valor y mándame la bendición juntamente con la de mi padre. Salúdame a todos por la última vez y tú recibe por último el corazón de tu hijo que tanto te quiere y verte antes de morir deseaba. José Sánchez del Río”.

El martirio

Al día siguiente fue remitido al pueblo donde nació, sirviéndole de cárcel el templo parroquial, convertida en caballeriza y establo para las monturas del Ejército Federal. La capilla mayor o presbiterio la habían metamorfoseado en corral para gallos de pelea del pariente, padrino de primera Comunión y amigo de la familia de José, Rafael Picazo Sánchez, a la sazón diputado federal por el distrito de Jiquilpan, quien dispuso de la vida del adolescente cuando supo que su ahijado había exterminado las aves sobredichas.

El 8 de febrero se dispuso la ejecución de Lázaro, que fue ahorcado en el cementerio y se le tuvo por muerto, aunque salvó portentosamente la vida, auxiliado por el sepulturero. A José, ese día, después de interrogarlo, le rompieron la boca con la culta de un rifle en reproche al chamaco, al que no doblegaron las seductoras propuestas que le hicieron para salvar la vida. Su familia, en cambio, no pudo tanto  y su padre, luego de reunir los cinco mil pesos para librar de la muerte a su hijo, cantidad exorbitante en ese tiempo pero que logró reunir y entregó a su compadre que sin empacho dispuso de ella aun cuando ya había hecho morir por asfixia y a cuchilladas, rematándolo de un disparo en la cabeza Rafael Gil Martínez, alias el Zamorano. Al jovencito se le hizo caminar hasta el lugar de su ejecución, el cementerio municipal ya muy entrada la noche del 10 de febrero con las plantas de los pies desolladas. Uno de los que participaron en ese acto y estuvieron de acuerdo con él fue Alfredo Amezcua Novoa.

Suma de contradicciones

Por sus antecedentes familiares, Rafael Picazo, el verdugo de San José Sánchez del Río tuvo profundos vínculos con la Iglesia: dos hermanas monjas, Adoratrices del Santísimo Sacramento del monasterio de Uruapan, en parte sostenido por él; su cónyuge, Consuelo Gálvez, mujer muy piadosa, y uno de sus hijos, Melesio, que abrazará la vida religiosa y que sigue siendo un varón de sólida y gran virtud dentro del Instituto de los Misioneros del Espíritu Santo, del que forma parte y llegó a ser superior general.

Rafael Picazo fue ejecutado a tiros por cuestiones personales en 1931, mientras viajaba en el ferrocarril. Al tiempo de su agonía pidió que un sacerdote lo auxiliara y de la forma más sorprendente hubo uno que lo hiciera, el presbítero Ramón Martínez Silva, que lo confesó y ungió antes de morir, gracia que también tuvieron los mencionados Rafael Gil y Alfredo Amezcua.

José Sánchez del Rio fue canonizado con otros seis candidatos a los altares el domingo 16 de octubre del 2016 en la Plaza Vaticana por el Papa Francisco. Sus reliquias se veneran en la parroquia de Santiago Apóstol de Sahuayo.

Rafael Picazo; padrino y verdugo de San José Sánchez del Río.
Alfredo Amezcua; otro de los verdugos del adolescente.
Rafael Gil Martínez; dio el tiro de gracia al mártir.

 

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