Encuentro del Papa Pablo VI y el Arzobispo Oscar Arnulfo Romero. Foto: Radio Vaticana.

Santos de Esperanza

Fernando Javier Vera Gloria

La reciente noticia de que Su Santidad Francisco canonizará, posiblemente al final del Sínodo de Obispos sobre los Jóvenes, convocado del 3 al 28 de octubre, al Papa Pablo VI y al Arzobispo de San Salvador, Oscar Arnulfo Romero es un aliento a la esperanza, en un mundo convulsionado por la violencia y la cultura de muerte.

En el caso de Pablo VI, llama la atención el hecho de que, en momentos en que hay un desprecio a la vida con ideologías que alientan el aborto y la eutanasia, sean milagros de vida los que avalen, dicho sea de paso con extremo rigor científico y médico, su canonización.

El primero:  A inicios de los años 90 del siglo pasado en California, Estados Unidos, la intercesión de Pablo VI permitió la curación de un feto al que le habían diagnosticado problemas cerebrales, y cuya madre se negó a abortar; el niño nació sin problemas de salud.

El segundo: La sobrevivencia de Amanda, una niña nacida el 25 de diciembre de 2014 en Verona (Italia), con apenas 24 semanas de gestación (lo normal es de 38 a 40 semanas) y que desde las 13 semanas de gestación, quedó sin líquido amniótico en el seno de su madre a quien los médicos aconsejaron abortar.

Pablo VI, cuyo pontificado fue de 1963 a 1978, autor de la “Humanae Vitae”, que fijó  la postura de la Iglesia Católica hacia el aborto, sobre el control de la natalidad y los métodos anticonceptivos, es considerado como el Papa del Diálogo y la Reconciliación entre las diferentes Iglesias,  prueba de ello es el histórico gesto del abrazo con el entonces patriarca Atenágoras, abriendo el camino de encuentro entre la Iglesia Católica y la Iglesia Ortodoxa, después de más de 500 años del cisma de Oriente.

Igualmente significativo es el anuncio de la canonización del arzobispo de San Salvador, Oscar Arnulfo Romero, asesinado en 1980 por los escuadrones de la muerte mientras presidía la Eucaristía.

La beatificación de Monseñor Romero se había proclamado ya con un decreto en el que se reconocía su martirio “in odium fidei”, es decir, que fue asesinado por “odio a la fe” y por tanto sin necesidad de un milagro.

En la condición de mártir “in odium fidei”, los teólogos no juzgaron para la canonización, la posible intención política del asesinato del arzobispo de San Salvador, sino el intento de llegar al amor por la justicia y la predilección por los pobres que manifestaba en su idea de Iglesia.

En México, de 1990 a 2017, suman 63 asesinatos contra ministros de la Iglesia Católica (Tragedia y crisol del Sacerdocio en México, investigación coordinada por el Pbro. Omar Sotelo Aguilar, S.S.P.) y  de 2007 -año en que se despenalizó el aborto- a 2017 el número de abortos “legales” fue de 176 mil 109 (Secretaría de Salud Federal), pero la cifra negra pudiera ser de un millón de abortos al año (Embarazo no planeado y aborto inducido en México, estudio  elaborado por del Colegio de México y el Instituto Guttmacher, presentado en 2013).

Por los datos anteriores, la canonización de Pablo VI y Mons. Oscar Romero, modelos de defensa de la vida y de la justicia social, es una bocanada de esperanza para un México que necesita de católicos congruentes.

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