A lo que venimos

“Hemos sido llamados para curar las heridas, para unir lo que se ha venido abajo y para llevar a casa a los que han perdido su camino”. San Francisco de Asis

Fernando Díaz de Sandi Mora

Una de las preguntas existenciales que con mayor frecuencia nos hacemos en varias etapas de la vida y que se ha preguntado el hombre a lo largo de su historia es… ¿Para qué estoy aquí?

La capacidad racional que nos da el regalo del albedrió para decidir genera este cuestionamiento fundamental para desarrollar la existencia a partir de un motivo y hacia una dirección específica que apunta a un derrotero que hace arder el corazón, impulsa, promueve, alienta, inspira y motiva el ser y quehacer de aquel que se lo pregunta, pero sobre todo, de aquel que lo responde.

Dicho sea esto en palabras más llanas, cuando las personas logramos darle sentido a este lugar que ocupamos en el mundo y focalizamos nuestra atención, nuestras capacidades y recursos, nuestra pasión y todo lo que somos en un propósito, en un sentido indefectible, el panorama se aclara, las ganas nunca escasean y las adversidades para vivir bajo ese propósito son meros gajes del oficio, oportunidades de mejorar y realizar mejor ese propósito que nos invade.

Es lamentable ver como el peor enemigo de nuestros jóvenes es tener toda la vida por delante. Porque al ser humano se le olvidó qué hacer con la vida, no le encuentra forma, no sabe cómo desenvolver siquiera ese regalo que le fue dado.

¡Alto…! ¿Para dónde vas? Si no sabes para qué estás aquí, déjame decirte algunos puntos que bien pueden aclararte el panorama y así ya no tengas pretexto para ir en sentido contrario a tu experiencia de vida.

Lo primero que debes recordar es que esta vida es tuya, es tu regalo; en consecuencia, tú eres responsable de lo que haces con tu tiempo. Piensa… ¿En qué estoy invirtiendo más tiempo actualmente? ¿Eso me basta?

En segunda instancia, acuérdate que no estás solo en este mundo y que todo lo que haces tiene repercusiones positivas o negativas para los demás. Piensa… ¿Me gusta lo que hago? ¿Qué aporta lo que hago y la forma en que realizo mi actividad para que este mundo sea un mejor lugar para todos?

Por último, saber hacia dónde vas tiene mucho que ver con recordar quién eres. Eres un ser humano, una persona, una criatura puesta en esta tierra para vivir una experiencia de aprendizaje, de compartir y servir, de amar, para después retornar a casa. El don de la libertad te permite hacer lo que decidas, sólo ten cuidado de que aquello que hagas te mantenga en este camino de sanar, de construir y de ayudar a otros que se han perdido en el camino.

¡Ubícate! El amor expresado en servir a los demás es una brújula infalible.

 

Facebook/Fernando D´ Sandi

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