¿Así somos?

Pbro. Armando González Escoto

Todavía no comienzan formalmente las campañas a diversos cargos de elección popular, y a los contendientes ya se les está acabando el lodo.

Es lamentable, pero las campañas políticas se han convertido en una guerra increíblemente deshonesta y desleal. La avidez por el poder no conoce límites porque las ganancias económicas son extraordinarias. Nadie se pelearía tan encarnizadamente si no estuviera de por medio la posibilidad de enriquecerse de modo inaudito.

En otro tiempo, ya bastante lejano, hubo hombres y mujeres que combatieron por causas sociales valiosas a cambio de nada. Es una paradoja, pero mientras más honesto es un líder, menos recibe, sólo que justamente porque se trata de una persona honesta no le importa recibir poco o nada, le importa lograr una meta que beneficia a todos.

Ese tiempo pasó hace innumerables sexenios. En su lugar tenemos el espectáculo deprimente de los dimes y diretes, de acusaciones a porfía, de calumnias o por lo menos difamaciones, de colas muy largas y mucha gente dispuesta a pisoteárselas a quien sea, que para eso les pagan. Pero sobre todo, lo más repugnante, es que las mismas instituciones que deberían velar por la equidad y la rectitud de los procesos electorales, sean las primeras en involucrarse en este juego sucio.

No obstante hay una cosa que resulta valiosa en todo este estercolero, que las cosas se hacen a la luz pública, que los golpes se dan a la vista de todos y es fácil advertir de donde vienen, que los nombres y las caras se dejan ver.

Aquí no hay anónimos, ni golpes a mansalva, ni intrigas ocultas, encubiertas por el velo de la discrecionalidad como suele suceder en los regímenes autoritarios, donde muchas personas son destruidas sin que sepan jamás de dónde vino la mano criminal, el chisme documentado que nunca conoció, ni mucho menos de qué manera se manejaron los círculos de poder para eliminar a los líderes incómodos. Ya es ventaja y mucha que el mugrerío se transparente.

De cualquier manera nuestra sociedad requiere de nuevas formas de ejercicio político que dejen atrás el drama de tener que elegir siempre entre el candidato menos malo, menos corrupto, menos torpe, menos vendido, el menos peor, como se dice, porque un escenario semejante lo único que muestra es el fracaso y decadencia de todos los partidos políticos, incapaces de formar y promover auténtico líderes, de alto perfil en todos los campos pertinentes, líderes visionarios, no meros administradores firma papeles,  cómplices silenciosos del sistema, seres mediocres para el cargo que han de ejercer pero muy vivos a la hora de beneficiarse.

Finalmente es la sociedad la que tiene la última palabra, sobre todo es masa anónima de personas que una y otra vez se abstiene de votar, o lo hace de manera interesada, lo de siempre, votar a cambio de una despensa, de un electrodoméstico, y aguantar por tres o seis años un gobierno inepto y corrupto.

 

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