Los proyectos integrales de Fr. Antonio Alcalde

Hermanas, hermanos en el Señor:

En cuanto al aspecto humanista que ha de motivar a los agentes sanitarios, traigo a colación la sustancia del mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial del Enfermo 2018, que celebramos apenas el domingo 11 de febrero pasado.

En él, el Papa presenta a la Iglesia como un hospital de campaña; repasa la condición de médico usada por Jesucristo, como parte sustancial de su ministerio para, después, afirmar tajante, que sus discípulos recibimos de Él la tarea de acercarnos, con eficacia y misericordia, a las personas enfermas del cuerpo y del espíritu, lo cual implica cuidar unos de otros, brindando una atención médica de calidad, que ponga a la persona en el centro del proceso terapéutico y, paralelo a ello, realizar la investigación científica en el respeto de la vida, ofreciendo a la gente la mejor atención sanitaria posible.

La finalidad es eliminar la mortalidad infantil y erradicar algunas enfermedades generalizadas, sin excluir el cuidado amoroso al enfermo, incluso cuando sabemos, ya no puede sanar.

Pide el Papa a los agentes sanitarios ser generosos sin límite, y comprometerse con la investigación científica en aras a proporcionar a los enfermos una atención innovadora y fiable. Les insiste en no incurrir en lo que él llama ‘riesgo del empresarialismo’, que denuncia el Santo Padre en su mensaje, que intenta que la atención médica caiga en el ámbito del mercado, y termine descartando a los pobres.

La inteligencia organizacional y la caridad requieren, más bien, se respete a la persona enferma en su dignidad, y se le ponga siempre en el centro del proceso de la curación.

Ahora, cada vez con más fuentes documentales sobre Fr. Antonio Alcande, conocemos más al que antes sólo honrábamos como benefactor de la humanidad, pero que con los nuevos datos debemos situarlo en un nivel superior al ya le habían dado sus contemporáneos, considerándolo un prodigio de virtud.

En efecto, al calor de su causa de canonización, se ha impulsado la necesidad de escudriñar los archivos, para tener de este Siervo de Dios, nuevos datos que nos permitan explicar de forma satisfactoria quién fue, qué hizo y cómo lo consiguió. Pasó los años desarrollando proyectos integrales e importantes a favor del humanismo, la vivienda popular, la educación en todos sus niveles, fuentes de trabajo, la justicia social y la salud pública, que le han valido el título de Refundador de esta capital.

Ahora podemos afirmar, como ya lo hizo el jurista Mariano Otero, medio siglo después de la muerte de Fray Antonio, en 1892, que si la capital de Jalisco se convirtió en la segunda en importancia de México, fue posible  gracias al proceso que, con los mejores auspicios, patrocinó el que también sería llamado el mejor alcalde que ha tenido la ciudad.

Fundamentados en sus motivaciones, quienes hoy administramos su legado humanitario, podremos elaborar las estrategias para facilitar el acceso a servicios de calidad en salud a los más desvalidos.

 

 

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