Decididamente

“Sólo con decisiones valientes y fuertes se realizan los sueños más grandes, esos por los que vale la pena da la vida…”, Papa Francisco

Fernando Díaz de Sandi Mora

Uno de tantos regalos maravilloso con que ha sido dotado el ser humano es el donde la libertad, el libre albedrío.

Hoy día, en que la libertad se confunde con muchas cosas, considero importante acercarnos lo más posible a una significación adecuada y precisa de este recurso existencial. Por libertad o libre albedrío se entiende la capacidad de tomar decisiones de manera espontánea, responsable y disfrutable sin que esa decisión transgreda los derechos fundamentales del otro.

Siempre se toman decisiones; incluso, el no tomar decisiones implica la decisión de no decidir. Sin embargo, en el ejercicio de este derecho, de aprovechar este regalo de poder decidir, convergen varias situaciones que van carcomiendo y mermando la libertad y terminan por generar decisiones erróneas, tendenciosas, cargadas de todo, menos de libertad.

Cuando nuestras decisiones se ven coartadas por emociones negativas, por un pasado tormentoso, por los miedos o la pereza, por la ansiedad o la apatía, o también por algún agente externo y coercitivo que roe la responsabilidad y terminamos entregando la libertad a cambio de recompensas pasajeras, de placeres efímeros, de una presunta libertad de colores, de luces, de brillos, una libertad que huele a besar la jaula.

El mundo de hoy es exigente y complicado, más en esta sociedad tan llena de información, de miles de posibilidades que tocan a nuestra puerta y lo difícil que es encontrar la más apropiada.

¿Cómo saber si mi decisión es adecuada?

Una decisión acertada es aquella que justo después de tomarla nos deja una sensación de paz, de serenidad. Otro rasgo importante es que debe estar entre un parámetro muy sencillo: debe ser algo bueno para mí, tolerable para los demás y que no implique daño para nada o nadie.

Las buenas decisiones están orientadas a la transformación positiva del hombre consigo mismo, con los demás, con el entorno y con Dios.

Te invito a aprovechar ese regalo. Sé responsable y decide.

Decidir es ejercer el regalo de la libertad.

Facebook/Fernando D´Sandi

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