Partidos políticos y Neo-individualismo

Fabián Acosta Rico

¿Los jóvenes no votan? ¿Es eso cierto?. No del todo. Su forma de entender la política es distinta; es muy de su estilo. Hay que entender que el individualismo de las nuevas generaciones busca individualidades y no partidos casados con una ideología.

Se identifican con individualidades que expresen el sentir de estas no-militancias heterogéneas que un día, por antojo o verdadera convicción, levantan la bandera del ecologismo, otras veces la del feminismo, en otras la pro-anima; e igual, por desencanto político, pueden tomar las opciones contrarias al progresismo decantándose por la xenofobia o el chauvinismo.

Este es caldo de cultivo de los populismo; esta masa atomizada formada por individualidades que buscan, como ya lo dije, otras individualidades superiores a la propia. En estas individualidades de carisma populista, el individuo de esta postmodernidad, se identifica y ve proyectadas sus quejas, aspiraciones, reclamos y hasta sus preferencias.

En los populismos, por encima del partido está el líder, o la gran individualidad, la de referencia y receptora de la admiración popular. Que no necesariamente encarna ni representa ideología o dogma alguno; es ante todo, una caja de resonancia de los ideales momentáneos del pueblo o de la sociedad. Del pueblo si es un populismo de derecha, o de la sociedad si es uno de izquierda.

Estas individualidades no siempre requieren de un partido; pueden ofertarse políticamente, en el pancracio democrático, por la vía independiente sin más que enarbolar u ofrecer que su persona; sin otra divisa política que su atractivo físico, intelectual y moral el cual exponen ante esta masa votante que es  individualista, sumamente crítica y observadora.

Los partidos, cada vez más, son una mera simulación de lo que fueron en un pasado; algunos quedan reducidos a un mero membrete o logotipo. Son un mero cascarón vacío a disposición de los políticos y de los votantes; es decir,  el líder y sus seguidores son quienes determinan, eventualmente, que causa etiquetarán o cual será, de momento, la consigna que esgrimirán al amparo membretario de estas carcasas políticas llamadas partidos.

¿Están por desaparecer los partidos a raíz de estas transformaciones sociales y del debilitamiento de las ideologías? Es probable, que en un mediano plazo, la partidocracia resulte cada vez más disonante con el tipo de sociedad emergente.  Masificada en el consumo y des-masificada en lo político. Hay que entender que el creciente desinterés por la política denota dos tomas de posturas más o menos generalizadas en lo social.

A la primera postura la caracteriza una apatía, que es resultado de un marcado individualismo que persuade a la personas a ser indiferentes ante las desgracias ajenas; y más  cuando éstas no repercuten negativamente sobre los intereses personales o grupales.

La segunda, conlleva una toma de conciencia que, desde la marginalidad social, cultural y económica, se resuelve como contraria al sistema;  segura de encontrar nuevas alternativas de solución a problemáticas que han quedado históricamente sin resolver, como lo son la devastación de los ecosistemas, las desigualdades sociales, la sobre-explotación económica de las clases marginadas, la mala distribución de la riqueza, la corrupción, etc.…

Apatía o toma de conciencia son los dos clavos que crucifican al sistema de partidos; partidos que son, cada vez más, simples cascarones vacíos y cajas de resonancia de una sociedad informada y participativa.

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