La crisis de los partidos

Jorge Carrillo Sánchez

El sistema actual de partidos en México nació en 1988, está muriendo, y algunos ya le extendieron el certificado de defunción. Anteriormente, existían tres grandes espacios ideológicos fácilmente distinguibles e identificables. Al centro, estaba un partido con muchos años en el ejercicio del poder, un tanto amorfo en su ideología y en sus conceptos básicos, hoy diríamos con la forma del agua, que compartía con la centroderecha, y derecha moderada, y la cuales coexistían con sus propias ultraizquierdas, y ultraderechas.

Los electores podían ubicarse ideológicamente, compartiendo sus visiones de país, y modelos de democracia. Hoy, el pragmatismo político generó una nueva composición, con una reingeniería ideológica, que cruza los límites ideológicos, los confunde y los racionaliza con el objeto de perpetuarse en el poder o de obtenerlo, que es la esencia para la migración política de sus integrantes.

Así, el partido Morena se alía con el Partido Encuentro Social y el Partido del Trabajo, poniendo en la misma mesa posturas irreconciliables ideológicamente, pero que la lógica de obtención del poder los hace comensales en la misma mesa.

De igual manera el Frente, se articula con un partido de derecha moderada, con la centroizquierda y la izquierda moderada: PAN, PRD y MC. El PRI, en coalición con el partido de aire, el PVEM, por su gusto con los spots en Radio y TV, y con un partido de ideología cambiante como es el Panal, como partido de tierra, por las grandes bases magisteriales que aún conserva.

La pregunta que nos hacemos es si con la migración de políticos se fortalecen los partidos ante los ciudadanos, o se perciben como partidos débiles e incoherentes.

No hay que olvidar que tenemos clase política endógama, cuyo único fin es perpetuarse,  gracias a los ideólogos de la era de los partidos, que sustituyeron la dictadura de un partido por la dictadura del “sistema político” mexicano, lo cual les facilita la migración a otros partidos, por tener el mismo ADN.

Nuestra sociedad requiere de nuevas formas de ejercicio político para dejar atrás el tener que elegir entre el candidato menos malo, menos corrupto, menos torpe, menos vendido, el menos peor, como se dice popularmente; porque lo único que se demuestra es el fracaso y decadencia de los partidos políticos, que son incapaces de formar y promover auténticos líderes, no sólo administradores o cómplices silenciosos del sistema.

Ya es reiterativa la pregunta si sería bueno pensar,  como muchos ciudadanos ya lo hacen, en una democracia sin partidos. Una democracia de instituciones calificadas que puedan proponer y evaluar candidatos para puestos públicos de los tres poderes, que de seguimiento al desempeño de manera constante, donde los integrantes de los tres poderes estén ahí sólo por sus capacidades y una trayectoria limpia, recibiendo a cambio un sueldo equivalente a un profesionista medio, dependiendo y anclado a  resultados.

México está hecho de principios y valores que alientan la solidaridad, la generosidad, el deseo de compartir y convivir, de experimentar la alegría o el dolor desde el abrazo de la comunidad, y esto no puede ser arrojado al tiradero de la historia por una clase política que ha deshecho el tejido social, poniendo en riesgo de perder todo lo que como cultura y país se ha logrado.

 

 

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2 comments

  1. Juan José Ledesma Olmedo

    Este artículo como muchos otros que se siguen publicando en “SEMANARIO” son para expertos lectores, pero no para católicos, que abonan a la confusión y que no exponen con claridad la Doctrina Social Católica para poder contrastar con las posturas de los candidatos, casi en su totalidad pragmáticos y “de moda”.
    Por el contrario, decir que el futuro puede o debe ser de ciudadanos sin partido, sería lo más lamentable, ya que estamos dando un salto al vacío, más pragmatismo, mas políticos “de moda” de los que dicen: ¿A dónde va Vicente, a donde va la gente”.
    Lo que la Iglesia a propuesto es: Los laicos católicos nos comprometamos y seamos políticos activos, con ideología y acciones definidas por principios irrenunciables. No decir toda la política y los políticos son corruptos, yo por eso no participo. Si continuamos en esa postura será imposible que México cambie, para bien. El Mesías es Jesucristo y nada más. Solamente los ciudadanos unidos y organizados podremos cambiar lo que es urgente cambiar.

  2. Juan José Ledesma Olmedo

    Una petición:
    Se que mis comentarios han sido muy extensos.
    Que han de haber causado molestia a más de uno de los colaboradores del SEMANARIO.
    ¿Podrían publicar al menos una síntesis de los mismos?

    Por su atención, gracias.

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