Cuatro obras para celebrar la Pascua

Sergio Padilla Moreno

Oratorio de Pascua de J.S. Bach. En contraste con el tono dramático de las Pasiones, el Oratorio de Pascua, es alegre y festivo, además de ser una obra de pequeñas dimensiones. Fue completada en 1735 y utiliza algunos materiales musicales de otras épocas del propio compositor. A través del uso de timbales y trompetas, Bach establece en la introducción, y en diversas partes de la obra, una sonoridad rica de matices y manejo orquestal. Las primeras partes del oratorio nos hacen contemplar la desolación previa a la resurrección: dolor, desesperanza y la realidad del sepulcro, que luego se transforma en profunda alegría; la música recrea con singular belleza cada una de las escenas. El texto no parte exclusivamente de los evangelios, sino de diversos poemas e himnos que recrean, desde los valores literarios propios del barroco, el significado de la resurrección para la fe cristiana. Una de las páginas más sublimes del oratorio es el aria de Pedro “Mi mortal angustia no es más que un simple sueño”.

La Resurrección es un oratorio surgido de la inspiración del compositor de origen alemán Georg Friedrich Haendel (1685- 1759), cuyo estreno se dio en el palacio Bonelli en Roma justo el domingo de Pascua de 1708. Es una obra de juventud de Haendel, aunque poco conocida en relación con el resto de las creaciones de tipo religioso del compositor, como lo es el famoso oratorio El Mesías. La obra narra, a través de María Magdalena, Lucifer, el apóstol San Juan y María de Cleofás los acontecimientos que acontecen desde el Viernes Santo hasta el domingo de Resurrección.

Exsultate, Jubilate es una obra de juventud de Mozart (1756-1791) ya que la compuso en 1773. Está escrita para voz de soprano, ya sea de mujer o de niño, acompañado por una orquesta de pequeñas dimensiones. Tiene tres partes: un aria de inicio, un recitativo y el aleluya final. Es una obra alegre, que finca su grandeza en su sencilla y fresca alabanza.

Te Deum, del austriaco Anton Bruckner (1824-1896) fue considerada por el propio compositor como su mejor obra, por lo que llegó a decir que “el día de mi muerte le presentaré la partitura a Dios y me juzgará misericordiosamente.” Está basado en el hermoso himno cristiano, uno de los más antiguos de la Iglesia y que se proclama para alabanza y gratitud a Dios. El Te Deum de Bruckner es una obra compuesta después de la imponente Séptima Sinfonía, por lo que la maestría en la orquestación y el manejo de texturas musicales es impresionante. La música es poderosa, llena de lirismo y expresa la alabanza de un alma que conoce sus límites de cara, como decía constantemente Bruckner, al “buen Dios”.

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Handel La resurrezione sacred oratorio in two parts Václav Luks

https://www.youtube.com/watch?v=LXCs4awAfZM

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