La memoria del Arquitecto Ignacio Díaz Morales vive en Guadalajara

Rebeca Ortega Camacho

Con motivo del 25° aniversario del fallecimiento del Arquitecto Ignacio Díaz Morales, el Ayuntamiento de Guadalajara realizó un homenaje en su honor, el pasado miércoles 21 de marzo en la Plaza de la Liberación o Plaza de las Dos Copas; espacio que forma parte de la “Cruz de Plazas”, una de sus más distinguidas obras en la ciudad.

Familiares, amigos, autoridades, integrantes del gremio de arquitectos y urbanistas de Guadalajara y decenas de tapatíos se congregaron en la Plaza de la Liberación, con el objetivo de recordar al Maestro Ignacio Díaz. En el homenaje participaron el Presidente Municipal de Guadalajara, Enrique Ibarra Pedroza; así como los arquitectos Enrique Nafarrete Mejía, Javier Díaz Reynoso y Fernando González Gortázar; los ponentes subrayaron las virtudes que identificaban al Arquitecto Díaz Morales; también, destacaron su labor académica y las obras materiales, que enmarcan su legado en la ciudad.

Destacado maestro de su arte

Las palabras de inauguración estuvieron a cargo del Maestro Enrique Ibarra, Edil de Guadalajara. “Para el gobierno de la ciudad es un acto elemental de gratitud a uno de sus hijos más esclarecidos y más creativos. Como gran maestro de su arte, su legado, el de Díaz Morales, va más allá de sus obras y es visible en las generaciones de arquitectos que contribuyó a formar. Primero, como fundador de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Guadalajara y después en el ITESO, en donde impartió cátedra hasta el mismo año de su fallecimiento, en 1992.

“La memoria de Ignacio Díaz Morales vive en Guadalajara y lo seguirá siendo a través de sus múltiples creaciones y obras que tanto él como sus discípulos le han dejado a la ciudad. Su legado va más allá de residencias o proyectos urbanísticos que diseñó a lo largo de su amplia trayectoria de arquitecto. Como un hombre visionario, adelantado a su tiempo, concibió los espacios públicos como puntos centrales para el ejercicio y la práctica de la ciudadanía.

“A 25 años de su fallecimiento, estoy seguro que todos los tapatíos tenemos buenos recuerdos de eventos que hemos vivido en los espacios que él diseñó, concibió y construyó. Quizás algunos no lo sepan, pero como ciudad, le debemos los espacios públicos más emblemáticos que tenemos en Guadalajara, como son: la plaza que lleva su nombre, frente al Expiatorio; o esta Cruz de Plazas que distingue a Guadalajara y que le otorga a nuestra ciudad una personalidad urbana y arquitectónica, digna no solo de la capital de un Estado, sino sobre todo digna de una ciudad tan importante en el panorama nacional e internacional como la nuestra.

“Estamos en uno de los espacios públicos más importantes de la ciudad y lo hacemos recordando al hombre y creador que lo concibió, y que se imaginó a Guadalajara como la ciudad que podría ser en el futuro. Hoy, tanto el gobierno de la ciudad como la sociedad, tenemos frente a nosotros el reto de imaginarnos la ciudad que queremos en el futuro. Nuestra obligación es comenzar a construirla. Muchas gracias a la creatividad del Maestro Ignacio Díaz Morales”, señaló el Alcalde de esta capital.

Católico fervoroso

“Díaz Morales era un católico fervoroso, un verdadero predicador medieval; sin embargo, era justo el extremo opuesto de un santurrón. Era un hombre tan a contracorriente, tenía una personalidad única, que llegó a realizar verdaderos milagros. Lo único que puedo hacer es darle las gracias; gracias a él aprendí a pensar, aprendí a mirar, aprendí a sentir, de tal manera que estas enseñanzas que recibí de él, estarán conmigo hasta el último instante”, dijo emocionado el Arquitecto y Escultor Fernando González Gortázar.

Además, el ponente, compartió que conoció al Maestro Ignacio Díaz en el curso de preparación para los aspirantes a estudiar la carrera de Arquitectura. “Desde el primer momento, se percibía que las cosas con Díaz Morales iban enserio. Era un individuo de una sola pieza, pero de facetas múltiples”, y agregó que era un hombre que le gustaba bromear, tomar tequila, disfrutar de la vida y destacó su sentido de la amistad. “A pesar de su carácter autoritario, él respetaba la individualidad de cada uno de nosotros y nos dejaba ser, no solo fuera de su influencia, sino también de los clichés que en ese momento dominaban el panorama de la arquitectura mundial”, señaló Fernando González.

Por su parte, el Arquitecto Javier Díaz Reynoso, compartió las palabras que escribió el Arquitecto Erich Coufal Kieswetter, especialmente para la ocasión. En su carta, Coufal recalcó el momento en que conoció al arquitecto y urbanista homenajeado. Gracias a la invitación de éste, decidió mudarse a Guadalajara. También resaltó su paso por la escuela de arquitectura y estadía en la ciudad.

“Díaz Morales era una persona dominante, tan estricto que imponía respeto. Muy culto, pues hablaba varios idiomas, sin duda tenía un conocimiento profundo de la historia de la Arquitectura. (…) Mi nacimiento fue en Viena en 1926, mi segundo nacimiento fue en Guadalajara en 1950. La ciudad se hizo mi arena profesional y todo por una invitación que me hiciera un buen día el venerado Arquitecto Ignacio Díaz Morales”, escribió Erich Coufal.

Finalmente, el Arquitecto Enrique Nafarrete Mexía dijo: “Recuerdo que le gustaba mucho caminar, así como un devoto de Misa diaria, un convencido de la Resurrección. Tocaba el piano y logró formar una biblioteca muy extensa que ahora se encuentra en el ITESO. Nos tocó saber de su noviazgo con su futura esposa, Margarita González Luna, con quien contrajo matrimonio y formó una familia maravillosa. Vestía de traje todos los días, y siempre me trató de forma excelente.

“En este homenaje de la Ciudad de Guadalajara al Arquitecto Díaz Morales; primero, quiero agradecer al Honorable Ayuntamiento de la ciudad el increíble reconocimiento que declara a la Cruz de Plazas como obra de arte urbano arquitectónico; por lo que sugiero que se reconozca su obra en una placa metálica con su nombre y su marca de piedra como holograma, colocada en el muro sur del Museo de Guadalajara. En segundo lugar, reconocer la estupenda formación que consiguió su Escuela de Arquitectura de la Universidad de Guadalajara y que transcendió a la del ITESO Arquitectura, mundialmente envidiable”, concluyó Enrique Nafarrete.

La Cruz de Plazas, corazón de Guadalajara

Guadalajara cuenta con un símbolo muy especial en el centro de la ciudad: la Cruz de Plazas, que tienen como centro la manzana que ocupa la Catedral Metropolitana. Un espacio que favorece la interacción entre los tapatíos y visitantes de otros lugares, tiene la idea principal de representar a la sociedad, la cultura, la religión y el gobierno unidos por una cruz.

La Cruz de Plazas hoy en día es el corazón de Guadalajara y se compone por:

  1. La Plaza de Armas, frente a Palacio de Gobierno y a un costado del Sagrario Metropolitano.
  2. La Plaza de Guadalajara, frente a Catedral y a Palacio Municipal.
  3. La Rotonda de los Jaliscienses Ilustres, a un costado del Palacio Municipal y de la Catedral.
  4. La Plaza de la Liberación, a espaldas de la Catedral, a un costado del Palacio de Gobierno y frente al Teatro Degollado.

Es considerada uno de los elementos que consolidó a Guadalajara, como una de las ciudades con mayor personalidad del país, incluso del Continente Americano. Fue diseñada por el Arquitecto Ignacio Díaz Morales, empezó a construirse en 1949.

Al respecto, el Arquitecto y Escultor, Fernando González señaló: “El crimen que Guadalajara ha cometido, es perder el patrimonio arquitectónico, es imperdonable. Entre lo poco que sobrevive, de su trabajo creativo y personal (del Mtro. Ignacio Díaz), es la Cruz de Plazas. Cuando se publicó la guía turística Michelin de Guadalajara, que es un monumento a lo malhecho, al comentar sobre la Cruz de Plazas, dice: Es la más grande realización del urbanismo colonial en el Continente Americano. Es decir, según la guía Michelin esta Cruz de Plazas fue construida entre los Siglos XVI y XIX, a ese grado se ha incorporado a la personalidad de la ciudad.

“Díaz Morales me contó como encaramado en aquella balaustrada de la Catedral, viendo las azoteas que cubrían el espacio entre ella y el Teatro Degollado, se le ocurrió hacer esta Cruz de Plazas; en ella había desde luego el simbolismo católico que es obvio y que también iba con la personalidad y las convicciones religiosas del Arquitecto.

“Él decía que quería crear las estancias colectivas de la ciudad; es decir, espacios de encuentro. Crear estos espacios de interrelación humana, que son los que van dado un sentido de solidaridad social, y van conformando una comunidad”, dijo González Gortázar.

Además, el arquitecto solicitó al Presidente Municipal de la ciudad, que se remueva el letrero de “Guadalajara Guadalajara”, ubicado en la Plaza de la Liberación, “obra maestra del urbanismo mexicano”, porque “altera gravemente el espacio arquitectónico. Son pequeños grandes detalles, en mi opinión, que hacen muchísimo daño. En el momento en que una autoridad propone a la ciudadanía ‘eso’ como válido, se le está diciendo una mentira, se le está diciendo que ahí hay diseño e integración, que ahí hay respeto por ella”, manifestó el ponente.

En breve

Ignacio Díaz Morales nació el 16 de noviembre de 1905. Sus estudios en la Escuela Libre de Ingenieros, lo llevaron a recibir el título de Ingeniero Civil y Arquitecto en octubre de 1928.

Dentro de su destacada labor profesional en el campo del diseño y construcción de edificios arquitectónicos y de espacios urbanos, destacó su atinada intervención en la conclusión o remodelación de algunos de los más valiosos edificios patrimoniales y de los más distinguidos espacios abiertos de Guadalajara.

A mediados de los años treinta, se interesó por el urbanismo y concibió la Cruz de Plazas en torno a la Catedral Metropolitana, que se hizo realidad quince años más tarde. A él se deben también la Plaza de la Liberación, el Templo Expiatorio y su plaza, la Capilla de las Mercedarias, la Parroquia de Nuestra Señora de la Paz y el Seminario Conciliar; la remodelación del Teatro Degollado, del Hospicio Cabañas y de la Catedral de Tuxtla Gutiérrez. Además de numerosas residencias en Guadalajara y conjuntos habitacionales.

Fundador de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Guadalajara (1948) y profesor del ITESO, creó también la Sociedad de Ingenieros y Arquitectos, Arquitectura A.C. y Arquitectura Sacra. En reconocimiento a su labor profesional y académica recibió, entre otras distinciones, la investidura como miembro honorario del Instituto Americano de Arquitectos, el Premio de la Academia Nacional de Arquitectura en 1986 y el Premio Nacional de Ciencias y Artes en 1989.

Falleció el 3 de septiembre de 1992, a los 86 años, sus restos reposan en el Templo Expiatorio.

 

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