¿Iglesia en salida?

Pbro. Armando González Escoto

¿O en retirada? El Papa Francisco ha insistido mucho en un cambio de actitud de los católicos, a fin de que sientan nuevamente la urgencia de la misión y “salgan” de la zona de confort en la que se hallan, para llevar al mundo la propuesta de salvación que surge del acontecimiento pascual.

La zona de confort es el acomodamiento a las condiciones de la llamada “realidad”, el contentarse con la gente que sigue yendo al templo, con la repetición monótona de las tradiciones, los grupos parroquiales ya existentes, y una serie de decisiones que más que pensar en una Iglesia en salida nos hacen pensar en una Iglesia en retirada.

Hace cien años la diócesis de Guadalajara debió afrontar y con éxito el resurgimiento de la persecución religiosa con base a decretos y legislaciones amañadas hechas por el gobierno dictatorial que en ese momento se tenía. Pero el éxito logrado por la comunidad católica de esos años, concretamente en 1919, no fue improvisado, tenía que ver por lo menos con tres asuntos fundamentales:

1) La fuerte estructura que la diócesis de Guadalajara había consolidado luego de muchos años de trabajo en pro de la escuela parroquial, de la cual egresaron generaciones de hombres y mujeres con un compromiso social y cristiano bastante fuerte; hoy las escuelas parroquiales se han ido abandonando no porque hayan dejado de ser un recurso fundamental en la tarea de la Iglesia, sino porque dicen, “es muy problemático”, como si en aquellos años no lo hubiera sido.

2) El compromiso de la diócesis con los problemas sociales de la comunidad, sobre todo a partir de 1900, fue tan bien organizado y sostenido que daba a la Iglesia una imagen de solidaridad y cercanía que igualmente en los tiempos actuales se ha debilitado de modo alarmante, reduciéndose muchas veces al tema asistencial.

3) El trabajo de sacerdotes y laicos en favor del fortalecimiento de la cultura católica tanto desde el culto público, como desde muchas otras actividades, como la abundancia de publicaciones, academias, asociaciones de obreros, de empleados, de trabajadores marginales; mantenimiento de orfelinatos, hospitales, y organizaciones de todo tipo favorecía una presencia de la Iglesia respetable, reconocida y buscada, algo que hoy también ha ido quedando en el olvido, no porque hubiese dejado de ser importante, sino porque no hay quien lo haga. Eso es ni más ni menos no una Iglesia en salida, sino una Iglesia en retirada, que baja la guardia y va claudicando una y otra vez ante la osadía envidiable con que actúa el mundo moderno.

Una Iglesia en salida exige un nuevo perfil en la formación de laicos y sacerdotes, una renovación profunda en quienes ya han sido formados a tenor de otros tiempos y criterios, eso que en el mundo empresarial llaman reingeniería de estructuras, actitudes y mentalidades, una nueva visión de los planes de pastoral, más amplia, creativa, expansiva, incluyente, que se decida a explorar los nuevos espacios donde la vida de hoy se mueve.

 

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