Mons. Juan Manuel Muñoz: “No quiero ser un príncipe, soy un servidor”

Una elección que sorprendió a la vida consagrada fue el nombramiento del ahora Monseñor Juan Manuel Muñoz Curiel, y no por sus capacidades que son grandes, sino porque hace más de 200 años que no había un Obispo Auxiliar que fuera religioso en la Arquidiócesis.

Dulce Natalia Romero Cruz

Cuéntenos de su familia, ¿cómo fue su niñez?

“Dios me bendijo con una hermosa familia. Siempre me he sentido muy querido y muy acompañado. Mi Padre José Manuel Muñoz Plasencia y mi madre Consuelo Curiel Morfín, los dos de Guadalajara, se casaron jovencitos y siempre vivimos en esta ciudad, y siempre en todas las iniciativas de mi vida me acompañaron y me apoyaron. Tuvieron 5 hijos varones, yo soy el mayor. Fue un matrimonio que trabajó mucho por sacarnos adelante, que tuvo muchos retos en cuestiones de progreso y diálogo como pareja; siempre nos dieron buen ejemplo, una formación cristiana de una manera sencilla y humilde pero con mucha alegría, paz y compromiso. Ahora mi hermano el más pequeño, Luis Jorge, murió a los 40 años de edad, era cirujano dentista; mi Padre falleció en el año 2000 y mi madre en el 2004. Pero nunca hemos tenido ningún problema mis hermanos y yo, aún faltando mis papás, siempre nos hemos tratado bien los 4 (Rafael, Salvador y Miguel Ángel); tenemos muy buena relación también entre mis cuñadas y sobrinos. Me siento también muy querido por mis cuñadas quienes son muy cercanas y han ayudado a que se formara una muy bonita familia”.

¿Cómo surge su vocación sacerdotal?

“Cuando era joven estuve en el Grupo de Misioneros Laicos del Nayar. Estaba en la Preparatoria cuando comencé a oír sobre esta experiencia, yo nunca fui de grupos parroquiales juveniles y una religiosa, vecina de nosotros en la Colonia Guadalupana, me hizo la invitación y era muy insistente aunque yo le decía que no sabía nada de misiones y que solo me iba a ir a pasear. Mi primer contacto con un fraile fue con el Padre Ignacio Ramírez, a quien recuerdo con mucho cariño, me encontré con él en Nayarit antes de ir a la misión, platicamos mucho y nos hicimos buenos amigos y decidí, después de esa experiencia, integrarme al grupo misionero. En ese Grupo hacíamos animación misionera en la ciudad y en los tiempos fuertes nos íbamos a la Prelatura del Nayar. Allá comencé a conocer más de la vida franciscana, de cómo vivían, cómo catequizaban, cómo curaban, cómo enseñaban, cómo andaban el señor Obispo Manuel Romero con sus huaraches por las veredas, con los coras; toda una vida muy sencilla pero muy comprometida. Fue lo que hizo que Dios me llamara, por ese testimonio franciscano”.

¿Cómo fue el momento de su llamado?

“Al mismo tiempo que estuve yendo a las misiones, durante esos 5 años, estuve estudiando la carrera de Ingeniero Agrónomo Fitotecnista, entonces me daba mi tiempo para ir a trabajar, para ir a la escuela y para ir al grupo y también para salir de misión. Trabajé en el Secretaria de Programación y Presupuesto, que ya no existe, y en el vivero de los Colomos.

Estando en la Prelatura del Nayar tuve un encuentro muy fuerte con Dios a través del mundo indígena (coras, huicholes, tepehuanes) y la experiencia con los frailes. Fueron momentos de oración muy intensos. Llegando al auditorio en Tepic, sentí un llamado muy fuerte de parte de Dios que me marcó de por vida y lo acepté. Pero no fue de un día para otro, sino que me estuve resistiendo, internamente sabia de ese llamado pero no me sentía preparado. En ese tiempo tenía una novia, era una relación muy bonita, pero yo sentía que algo me faltaba y siempre fui sincero con ella y me dio todo su apoyo cuando decidí entregarme al Señor. Nos seguimos viendo con mucho cariño y respeto.

“Cuando les di la noticia a mi familia sucedió algo interesante, porque siempre en casa de mis padres había mucha visita porque éramos muy amigueros mis hermanos y yo, y tenía como 15 días buscando el momento perfecto, donde estuviera la pura familia. Primeramente les agradecí por el apoyo que me dieron para terminar mi carrera como ingeniero agrónomo, porque fue fruto del esfuerzo de mis padres y a mis hermanos agradecí todo su apoyo. Entonces les dije que había decidido entrar a la Orden de Frailes Menores. Me abrazaron, lloramos; siempre me he sentido muy querido por mi familia”.

¿Qué pasó ya en la Orden de Frailes Menores?

“Dios me permitió entrar a la familia franciscana el 2 de agosto de 1982, al Postulantado en San Agustín, Jalisco, duré un año y de ahí pasé al Noviciado, en Zacatecas, durante dos años. Ahí hice mi primera profesión de votos y me vine a Zapopan a estudiar Filosofía, tres años. Tuve la oportunidad  de ser profesor de postulantes en Santa Anita. En 1988 hice mis votos perpetuos y después me fui a estudiar Teología en Monterrey, durante 4 años, allá fui ordenado Diácono y Presbítero el 3 de julio de 1993, en este año cumplo 25 años de sacerdocio.

“Mi primera encomienda como Presbítero fue encargado a nivel provincia de la Pastoral Vocacional, fue una gran experiencia que duró tres años. Después hubo cambios en el Gobierno de la Provincia y me nombraron secretario de la misma, donde estuve 6 años con el Padre Federico Hernández y al pasar 6 años me enviaron a estudiar a Roma donde permanecí 3 años en la Pontificia Universidad Antonianum estudiando la Licenciatura en Teología Espiritual con franciscanismo. Cuando regresé fui nombrado vicemaestro de juniores en San Anita, durante tres años, en los cuales también empecé a colaborar en la Vicaría de la Vida Consagrada en la Arquidiócesis de Guadalajara con el señor Cardenal Juan Sandoval Iñiguez y el señor Obispo Rafael Martínez Sainz.

“A los tres años de estar en el juniorado me cambiaron a San Francisco de Guadalajara, donde viví 6 años que estuve colaborando en el Arzobispado. Después fui elegido como Guardián y Rector en San Diego de Aguascalientes, donde estuve un año y ocho meses. En ese tiempo hubo muchos cambios inesperados porque el Padre Ignacio Ceja que era el Provincial, fue llamado como Definidor General por América Latina y se fue a Roma, por lo que yo quedé como Definidor Provincial. A los 8 meses Dios manda llamar a su presencia al Padre Rodolfo Hernández Medrano, que era el Provincial en Guadalajara, y hubo elección a nivel Gobierno Provincial y me eligieron para terminar ese servicio del Padre Rodolfo. Concluí el período al que le restaba 1 año y 4 meses. Vino el Capítulo Provincial Electivo e hicieron votaciones y me volvieron elegir para ese servicio, ahora si por 6 años de los cuales solo cumplí 7 meses.

¿Cómo recibe la noticia de que el Papa lo había nombrado Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Guadalajara?

Estaba en un curso en Roma, que reciben todos los ministros, llegué el 9 de enero. Ahí recibí un recado de que me buscaba el Nuncio Apostólico en México y que me comunicara con urgencia. Yo no pude hacerlo ese día por el cambio de horario y hasta el siguiente día que hablé les hice saber que regresaba hasta el 30 de enero y me dijeron que el Nuncio estaba dispuesto a esperarme a que regresara a México para poder dialogar. En ese momento pensaba que eran asuntos de la Orden. Pasó más de una semana y yo dediqué mi tiempo a la visita fraterna con los hermanos franciscanos que trabajan en Italia. El 26 de enero concluía el curso, pero un día antes me dejaron recado en la curia general para que me comunicara con un Monseñor de la Congregación de Obispos, pensé que era broma porque nadie me conocía por aquellos lugares. Me comuniqué y me corroboraron que me estaban buscando y que tenía que ir al siguiente día, a las 17 horas, con el señor Cardenal Marc Ouellet, Prefecto de la Congregación de Obispos. Me sorprendió, primero porque teníamos casi a la misma hora la Misa de Clausura del Curso con el Padre General y tuve que hablar con él para pedirle permiso.

“En la Congregación de Obispos me recibieron muy gentilmente y tuve 5 minutos de entrevista con el Cardenal Ouellet donde platicamos sobre mi servicio. Después me dio el documento donde el Papa me pedía el servicio como Obispo Auxiliar para la Arquidiócesis de Guadalajara. Yo estaba totalmente sorprendido, le expresé todas mis dudas, mis limitaciones y todas las cosas por las cuales yo no podía aceptar ese servicio. En ese diálogo me hizo saber que realmente no había nada por lo que yo no pudiera aceptar el nombramiento y que era el Papa Francisco quien me lo estaba pidiendo. Me dio solo 24 horas para entregar mi carta con el sí.

“Ya no pude concluir mi Curso y los demás hermanos me expresaron su asombro por no estar en la Misa de clausura, me disculpé y me regresé a Guadalajara. El Cardenal Ouellet me dijo que la noticia se iba a hacer pública el 2 de febrero y que él le iba a decir al Cardenal José Francisco Robles Ortega y al Nuncio que ya me había dado la noticia. Tuve que guardar silencio esos días”.

A unos días de la Consagración Episcopal, ¿cómo se siente?

“Todavía estoy sorprendido. Estoy muy agradecido con Dios nuestro Señor por este llamado de amor, que está dentro de su plan providente, reconozco mis limitaciones que son muchas, pero sé que la gracia de Dios me va a ayudar. Desde hace muchos años le entregué mi vida al Señor y ahora simplemente me pide crecer en el amor, el servicio, en la generosidad y es lo que estoy tratando de hacer. No es sencillo porque se siente que la responsabilidad es mucha, es grande la encomienda, pero sé que también es grande su gracia. Algo que me ha costado trabajo, siendo sincero, es que mi vida de franciscano dará un giro total, va a cambiar y además la Provincia me preocupa mucho, sé que no soy indispensable pero debido a todos los cambios que ha sufrido se me hacía muy fuerte que tan pronto otra vez tuvieran los hermanos que pasar por ese proceso, es algo muy anormal en la vida de una Provincia”.

¿La Orden lo está apoyando?

“Siempre me han apoyado mucho. Me han hecho sentir su dolor por la separación, pero ellos saben que sigo siendo su hermano y que sigo teniendo las puertas abiertas en la Orden pero ya la situación va a cambiar, porque ahora soy colaborador del Cardenal Francisco Robles, en compañía del señor Héctor y del señor Engelberto. Esto es un momento de gracia que a la luz de la fe tengo que empezar a leer y asimilar para juntos a caminar, y apoyar al señor Cardenal estando atentos porque queremos ser pastores cercanos, dar lo que nosotros tenemos”.

¿Ha tenido comunicación con los dos otros Obispos electos?

“Estuvimos los tres Obispos electos juntos en un Retiro en el Convento de Zapopan. Fue un verdadero momento de gracia, de verdad que Dios nos habló muy directo a través de su Palabra, de la oración y algunas reflexiones que compartimos. Necesitábamos retirarnos de todo para silenciarnos y sentir la presencia de Dios, darle gracias por el plan que nos está manifestando y decirle nuestras inquietudes, temores y pedirle su gracia. Yo les decía que parecía que teníamos años de tratarnos porque me siento con ellos muy libre y con mucha confianza, como verdaderos hermanos”.

¿Mons. Juan Manuel, tiene alguna devoción?

“Desde niño he sido muy mariano, siempre ha habido muchas manifestaciones del cuidado materno de María para mi familia y para mí. Ha sido a través de advocaciones muy hermosas como la Virgen de Guadalupe y la Virgen de Zapopan. Pero en especial la Guadalupana me ha dado muchas manifestaciones de quererme usar como instrumento para hacer la obra de Dios, espero que esta vez me ayude también”.

Algún dato curioso sobre su nombramiento que nos quiera compartir

Hay una fotografía en que yo al año de edad llevo un hábito franciscano y me está cargando mi abuelita paterna, Conchita. Fueron a darle gracias a Dios porque mi madre tuvo un parto muy difícil, se estaba muriendo y mis padres prometieron ir a darle gracias a Dios porque sobrevivimos los dos. Mi madre guardó ese hábito que me hizo mi abuelita y todavía existe.

“Algunos hermanos franciscanos les dio curiosidad por saber cuánto tiempo había pasado en la Arquidiócesis para que volviera haber un Obispo religioso y me dijeron que han pasado más de 200 años, por lo que si hay expectativas, yo reconozco que no es común este hecho y eso mismo me compromete más, que como franciscano estar al servicio de Dios y de la Iglesia Diocesana. Dentro de la espiritualidad franciscana siempre se nos insiste en obedecer al Papa, canónicamente elegido, y estar súbditos y sujetos a la Santa Madre Iglesia aunque nos implique un esfuerzo o sacrificio”.

¿Cómo se siente con la encomienda que le dio el Cardenal Francisco Robles, de Vicario de la Vida Consagrada?

“Como Orden y Provincia Franciscana ya tenemos muchos años de servicio a la Iglesia Diocesana en la Vicaría para la Vida Consagrada, pero para mí fue un tiempo de gracia esos 9 años porque me enriqueció bastante conocer tantos carismas que son producto del Espíritu Santo, fue una experiencia muy grata trabajar con los Cardenales don Juan Sandoval y don Francisco Robles; y con dos Obispos don Rafael Martínez y don Juan Gutiérrez. Y ahora que el señor Cardenal me ha pedido este servicio lo veo como un momento de gracia para seguir enriqueciéndome y aprendiendo de mis hermanos consagrados, que son mis maestros y maestras.

“Mi mayor reto, es que siento que Dios nos ha llamado a asemejarnos a Cristo para poder ayudar a nuestros hermanos a también a ser esos cristos. Quiero tener ese reto de orar, de llevar la Palabra del Señor y tratar de que todos encuentren el reino de Dios en una actitud de servicio humilde y sencillo, como María. Yo no vengo a buscar ser un príncipe sino un servidor. Mi reto es llegar a la santidad para que otros también la alcancen”.

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3 comments

  1. Cruz Maria Rubalcaba

    Dios lo bendiga Mons.Juan Manuel y San Francisco lo siga acompañando en su nuevo caminar así como también Maria Santísima El Señor no se equivoca nunca y yo creo realmente que Dios tenia puesto los hojos en los Franciscanos además Dios siempre nos sorprende cuando menos lo esperamos así de Grande es su Amor. Paz y Bien Saludos cordiales

  2. Siempre Dios estará con usted

  3. Monseñor FR. JUAN MANUEL, el Señor lo bendiga y lo guarde, usted fue elegido desde el nacimiento, siempre tan humano, cariñoso, humilde, sencillo, servicial, de verdad que desde su carrera de Agrónomo fitotecnista ya lo llamaba SAN FRANCESCO D’ASSISI. Yo siempre lo recuerdo en la edad de la foto donde está en el convento en compañía de sus papás y Fr. Pablo Betancourt Castro (mi primo). Dios le de mucha salud para que nos soporte, bendiciones, abrazos y todo mi cariño.NIGUARA… CHAPÚ DIO TIMUARA NACHI.

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