¡Silencio, por favor…!

 

Fernando Díaz de Sandi Mora

“Nuestra labor es ver qué sucede dentro de nosotros, discernir nuestros sentimientos, nuestros pensamientos, y ver qué sucede fuera de nosotros y discernir los signos de los tiempos…”, Papa Francisco (Homilía Octubre de 2015)

En medio de la prisa que se vive en la actualidad, donde todos vamos en una frenética y loca carrera contra el tiempo para alcanzar a hacer tantas, ¡miles de cosas que todos los días “tenemos” por hacer!, vivimos rodeados de un estruendo existencial. Nos hemos convertido en una humanidad ruidosa, sin pausa, sin el silencio necesario para escucharnos los unos a los otros, sin poner atención a la voz del interior y con mayor razón, claro está, desoímos esa voz de la divinidad que nos habla desde el corazón…

En el huracán de la vida moderna Dios parece ausente. Todo se realiza de una manera precipitada, sin calma, sin serenidad, sin equilibrio, sin silencio… En verdad que es necesario el silencio. Incluso en la música, el silencio tiene la misma importancia expresiva que el sonido… Hasta nuestra respiración y el corazón hacen pausas… Hay que acallar la mente y aquietar el corazón…

¿Hace cuánto tiempo no te regalas un instante? ¿Hace cuánto no te escuchas? ¿Hace cuánto que no callas?

Parece que el hombre moderno tiene pavor del silencio: Recién despertamos, y ya estamos al pendiente de las notificaciones del Facebook. Apenas nos levantamos y ya encendemos televisión, radio, ¡lo que sea!, con tal de romper el silencio que comienza a querer hablarnos. Las parejas discuten si alguno de ellos se queda callado por un momento y el otro comienza a acosar con preguntas como “¿Por qué tan callado?”, “¿Estás molesto?”… ¡Como si callarse la boca y ponerse a pensar en silencio fuera señal exclusiva de la ira o el enojo!

¡Cuánto nos asusta el silencio…! No sea que podamos escuchar nuestro interior y nos diga algo que no queremos oír, algo así como esa responsabilidad que hemos estado eludiendo; no vaya a ser que tengamos algún reclamo por la forma en que llevamos la vida… Algo así, como amordazar al “Pepe Grillo”, esa voz de la consciencia que nos intenta sugerir un cambio…

¡Serénate! No hay mejor manera de empezar el día que con una buena dosis de silencio. En un lugar silencioso una persona está consigo misma, sólo ella y su mente, su corazón y su cuerpo. Es ahí donde debes aprender a escucharte ¿Qué hice de bueno hoy? ¿Qué podría haber hecho mejor? ¿Qué aprendí hoy? ¿Qué realmente quiero hacer?

El silencio revive la paz original del ser, una paz que le es innata, divina y cuando se invoca fluye por el ser armonizando,  sanando cada desequilibrio. El silencio es un efectivo y poderoso camino hacia el amor profundo, ese amor que mueve todas las cosas hacia tu libertad original y tu felicidad.

¡Silencio!

Facebook/Fernando D’ Sandi

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