Conocimiento mutuo con Cristo

Hermanas, hermanos en el Señor:

En estos días de Pascua, se nos reafirma la verdad de que Cristo murió y resucitó, y es nuestro único y verdadero salvador.

Dios no abandonó a la muerte a Jesús, sino que lo resucitó. El Señor fue desechado, desconocido como Hijo de Dios, crucificado, pero su Padre lo resucitó y lo puso como la piedra fundamental de nuestra fe y de nuestra salvación. Él es la piedra fundamental de nuestra vida.

Esta verdad la explica el mismo Jesús con la imagen del buen pastor. Él mismo dice: “Yo soy el buen pastor” (Jn 10,11), que es una verdad incontestable. Lo que el Señor dice que es, es verdad. Es buen pastor porque da la vida por sus ovejas. Dio su vida por nosotros, sus ovejas. Él no es asalariado, que ante el peligro, corre, y abandona a las ovejas. Cristo permaneció hasta dar la vida por nosotros, sus ovejas.

Cuando nosotros vamos a Misa, por ejemplo, ¿experimentamos la verdad de que Cristo es nuestro Pastor? ¿Somos conscientes de esta verdad cuando nos encontramos en la Eucaristía? Porque ahí, en la Misa, nos encontramos con el que da la vida por cada uno, con el que nos cuida hasta dar la vida por nosotros. Tenemos que ser conscientes de que Jesucristo nos sigue amando, cuidando, protegiendo y dando la vida por nosotros.

Cuando descubrimos a Jesús como verdadero pastor, se da un mutuo conocimiento. Él nos conoce, nos ama, y da la vida. Por nuestra parte, conocemos a nuestro único Pastor, lo amamos, lo seguimos y estamos dispuestos a dar la vida por Él y con Él.

“Conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí” (Jn 10,14), dice Jesús. Se complementa, así, el conocimiento mutuo. Al saber lo que Él hizo por mí, yo estaré dispuesto a corresponder, y a dar la vida con Él y por Él.

“Tengo otras ovejas que no son de este redil, y tengo que ir a buscarlas” (Jn 10,16), señala el Señor; lo que quiere decir que Él es el salvador universal. No dio la vida solo por un grupo o por un pueblo o raza. Él es el pastor universal que busca a todos los hombres de todas las lenguas, las razas de todas las culturas de todos los tiempos. Ninguna persona se salva si no es por Él.

Un aspecto que debemos subrayar en esta imagen, es que Jesús entregó su vida con libertad. Así como está dispuesto a dar la vida cuando quiere, tiene el poder para volverla a tomar. Con su poder dio la vida, y con el mismo poder, con libertad y por amor, la volvió a tomar.

Por eso, al dirigirnos al Señor en la Eucaristía, tomemos en cuenta que se trata de un encuentro real con el Buen Pastor. De esta forma, le podemos expresar todas nuestras intenciones por todos, por la paz, por la justicia en nuestro País, por el respeto al valor supremo de la vida.

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