¿”Llamarada de petate” o conversión verdadera?

“La conversión es auténtica cuando nos damos cuenta de la necesidad de los hermanos y estamos listos para encontrarnos con ellos”, Papa Francisco

Fernando Díaz de Sandi Mora

¿Cuántas cuaresmas y pascuas has celebrado? ¿De cuántas misas has participado? ¿Cuántos rezos y oraciones has pronunciado? ¿Se refleja en tus actos cotidianos la fe que dices profesar? ¿Se nota que vas cambiando y mejorándote a medida que participas en las ceremonias, ritos y fiestas litúrgicas?

Te lo pregunto porque desafortunadamente la fe que tenemos parece apenas ajustarnos para algunos momentos de cierta euforia, creyentes de “a ratos” cuya fe sólo nos alcanza para la fiesta y después de unos días, a veces apenas unos instantes después de salir del templo, todo sigue como estaba, como dice la canción… la vida sigue igual.

Las celebraciones y los actos de fe que realizamos deben emerger de lo profundo de nuestras almas, tejidos desde una convicción real y personal de aquello que decimos creer y esto solamente será posible cuando la fe se nos haga vida, cuando aquellas lágrimas, cantos, plegarias, lecturas, signos y símbolos se conviertan en obras visibles que reflejen de manera clara nuestra profesión de fe.

“Misericordia quiero y no sacrificios”, escribió el profeta Oseas, quizá vaticinando la debilidad de una fe de ritos, de fechas, de templo, de grupo, pero no de vida, de acciones, de amor…

Creo que ya estuvo bueno de decir y no hacer. Ya llegó la hora de dejar ese vicio, de valorar y respetar a la pareja y a los hijos, de conocer más a tu iglesia en lugar de vivir criticando. De cambiar de verdad y no de apariencia.

Cuántas veces nos decimos: “Yo no puedo seguir así, debo cambiar, mi vida por este camino no dará frutos, será una vida inútil, será una vida infeliz… cuántas veces tenemos estos pensamientos”. Nuestro compromiso de cambio a veces nos alcanza nada más para una cuaresma sin refresco o sin comer pan, abstinencia que surge más de la necesidad de reducir las “llantitas” que de un sacrificio con sentido de renuncia y transformación interior.

Basta pues de morir en la fe pero sin vivir en ella. Basta de rezos sin sentido, huecos y vacíos. Que se note en cada uno de nosotros la experiencia de un encuentro real con el Dios en que creemos. Que ahora sí el cambio en nuestras vidas sea profundo, honesto y duradero. Llegó el momento de sorprender al mundo y que se refleje que “sí hay y bien”, que Dios está más vivo que nunca y que vive en nosotros y que nosotros vivimos para él, para el amor reflejado en servicio a los demás, acciones de cambio, alegría en el alma, paz y bien desde una fe que se hace vida.

Eso se llama vivir la fe y no una “llamarada de petate…”

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One comment

  1. Fermín Estrada Uribe

    Reconozco que a mi me pase que soy la semilla que florecen en el camino y muere enseguida

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