Permanecer en Jesús para alcanzar la paz

Hermanas, hermanos en el Señor:

Una de las imágenes que Jesús utiliza para recordarnos cuál es nuestra relación con Él es la vid y los sarmientos. La vid es una planta destinada a dar fruto, pero para que los sarmientos tengan vida, tienen que estar unidos a la vid. 

Para hablar de esta relación, el Señor usa varias veces el verbo ‘permanecer’. Por lo que para que tengamos vida, necesitamos permanecer unidos a Él, que es la vid. Si queremos dar frutos de vida, frutos de bien, necesitamos permanecer unidos a Jesús. Solo permaneciendo unidos a Jesucristo podremos tener vida y dar mucho fruto.

Ese fruto que damos, unidos al Señor, está destinado a permanecer, como permanece el bien, la justicia, la fraternidad, el perdón, la misericordia, porque son fruto de la unión de nosotros con Cristo. Solo en Él podemos fructificar y hacer el bien.

Uno de los frutos que todos anhelamos, actualmente, es la paz. Los cristianos de las primeras comunidades de la Iglesia, por ejemplo, gozaban de paz porque estaban unidos a Jesús, que les compartía la fuerza y el poder de su Espíritu. Ellos buscaban y dejaban que así fuera.

¿Por qué nosotros no vivimos la paz? ¿Por qué vivimos tanta violencia, tanta agresión, tanta inseguridad? Porque no vivimos nuestra permanencia en el Señor. No permanecemos unidos a Él, y mientras esto no se dé en nosotros, los bautizados, mientras esto no se viva, pueden pasar gobiernos, pueden cambiar gobernantes, Partidos; puede cambiar todo, sin embargo, vamos a seguir experimentando la injusticia, la violencia, la inseguridad, la corrupción.

Solo en Jesucristo podemos dar frutos de bien. Necesitamos hacer una conversión al Señor. Si fuimos bautizados en Él, hagamos efectiva este compromiso, permaneciendo unidos a su Palabra, unidos a las obras que nos dan vida y dan fruto en los demás.

Solo permaneciendo en comunión con Él podemos tener vida y dar mucho fruto. Si no estamos convencidos de esto, Él mismo se encarga de decírnoslo de una manera drástica: “El sarmiento que no está unido a la vid, no tiene vida”, no puede dar fruto, está muerto.

Con el gozo de la Pascua, al celebrar el triunfo de Jesucristo sobre la muerte, estando seguros de que vive para nosotros y entre nosotros, dirijámonos a Él para descubrirlo, amarlo, seguirlo y permaneciendo con Él.

Dar fruto no significa tener una relación intimista, individualista, con Jesús, como si mi espiritualidad la pudiera vivir solo en mi intimidad. No. El que vive unido a Jesús, necesariamente tiene que proyectar su fe, su vida, en el bien.

No podemos amarnos solo de palabra; no hay amor de palabra. En el cristiano, el amor es de obras, de servicio, de atención, de intercambio, de solidaridad, de perdón, de buscar al otro, de acercarnos al otro.

Permanecer en Jesús nos hace sensibles a las necesidades de los demás. La fe no es para guardarla en la intimidad de nuestra conciencia sino que necesariamente se traduce en obras de misericordia.

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