La paz es de quien la trabaja

 “La búsqueda de la paz es un trabajo siempre abierto, una tarea que no da tregua y que exige el compromiso de todos”, Papa Francisco.

 Fernando Díaz de Sandi Mora

El quebranto de la paz es la mayor pérdida que el ser humano puede enfrentar. Es el bien por excelencia, el “mejor lugar” para desarrollar la vida, la personal y en comunidad.

El ser humano busca la felicidad más que ninguna otra cosa. Esa es la meta consciente o inconsciente de todas nuestras actividades, de todos nuestros afanes. Buscamos la felicidad en determinadas situaciones, en oficios concretos o en determinadas personas para que nos aporten lo que nos falta para complementarnos. Pero, una vez que obtenemos lo que deseamos, descubrimos que no podemos ser felices si no estamos en paz con nosotros mismos. La paz es una condición indispensable para la felicidad.

Vivimos en un mundo sometido bajo el miedo y la tristeza, la angustia y el sufrimiento, la avaricia y el egoísmo, la mentira y la apatía. La ausencia de paz es una discapacidad de la vida. No se puede caminar cómodo en este mundo sin paz en el corazón. No se puede aprender. No se puede compartir. No se puede aceptar y tolerar diferencias. La paz es el aire del alma que descubre lo mejor en el interior de cada uno. Un poco de paz es una potente luz que ilumina el corazón en donde se anida los talentos, los dones, las cualidades, todo lo bueno, bello y útil que hay en el ser humano…

Cualquier forma de violencia, por el contrario, significa una incapacidad para encontrarnos con el otro, con el que sufre, con el que piensa distinto, con el que nos necesita. Sin paz, no hay forma de disfrutar nada ni nadie, ni siquiera a nosotros mismos.

La paz es una construcción de todos los días y de cada instante. Hay que poner en orden las cosas del alma, hacer “aseo” profundo en la mente para despejar de rencores, de pensamientos tóxicos, desempolvar los sueños, revivir las emociones y las expresiones de amor, servicio y compasión por los demás, como bien dice el Papa Francisco: “Nadie se salva solo…”.

Hay que construirnos como seres de paz. Buscar espacios de silencio, inundar la mente de pensamientos a favor de nuestros sueños. Experimentar con intensidad los encuentros con otras personas, sonreír más, abrazar más, servir.

Caminar, cuidarse, leer provechosamente, contemplar amaneceres, ceder el asiento en el camión, ayudar al hijo en las tareas y jugar con él, dejar a un lado el celular para escuchar a tu pareja, disfrutar de lo que haces, orar y vivir la fe que se profesa y aceptar las diferencias… Son solo algunos “ladrillos” para construir una paz auténtica.

Construye en tu ser y en tu propia familia una paz plena y duradera…

Te deseo paz.

Facebook/Fernando D´ Sandi

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