Hace 500 años

Pbro. ArmandoGonzález  Escoto

El 6 de mayo de 1518 se celebró por primera vez la Eucaristía en este territorio que hoy se llama México.

Este hecho significa que hace 500 años Cristo Jesús se hizo real y verdaderamente presente en esta tierra. La Misa se celebró en la isla de Cozumel, por ministerio del padre Juan Díaz, cronista y acompañante de la expedición exploratoria de Juan de Grijalva. Lo sorprendente del caso es que un aniversario de tanta trascendencia como éste, solamente esté siendo celebrado en Cozumel, como si lo ocurrido entonces ahí no hubiese sido significativo, desde todos los ángulos, para el resto de América.

En efecto esa celebración y esa presencia de Cristo en 1518 marcaba el inicio del proceso evangelizador, y caracterizaba el estilo propio que habría de tener la presencia del imperio español, muchos de cuyos exploradores y conquistadores deberán limitar, contener, y aún reprimir sus desmedidas ambiciones, gracias a la acción heroica de los misioneros, esa otra presencia de Cristo en nuestra historia.

Para la fe católica, Jesús muerto y resucitado es la clave fundamental e insustituible de su doctrina, su presencia eucarística fue entonces el anuncio de la redención que llegaba también para los pueblos americanos y que se irá haciendo realidad en la medida que el Bautismo comience a darse a aquellos que se abran al anuncio gozoso del Evangelio.

A partir de esa fecha se desprende una serie de efemérides importantes que no deben ignorarse ni pasar desapercibidas, entre éstas, la celebración de la primera Misa ya en territorio continental, y que tuvo lugar en 1519, en Veracruz. En ese mismo año, poco antes de la llegada a Veracruz, se había levantado la primera cruz y expuesto la primera imagen de la Virgen María también en Cozumel.

Para sorpresa de Cortés y sus acompañantes que por la avería de una de sus naves debieron regresar a Cozumel, tanto la cruz como la imagen de la Virgen seguía en el sitio en que las habían dejado, con sus altares limpios, adornados con flores y cuidados por aquellos indígenas mayas que las habían aceptado en el corazón mismo de su aldea.

¿Cómo ignorar hechos de tanta relevancia? ¿Cómo no celebrar la llegada de Cristo Jesús y de su palabra a estas tierras nuevamente tan sedientas y necesitadas del Evangelio? ¿Acaso nos ha sido dado otro nombre bajo el cual podamos salvarnos?

Precisamente el abandono y olvido de la palabra de Dios, de las enseñanzas del Evangelio, explica en buena medida la crisis de inseguridad y violencia que vivimos; la desfiguración de la fe que permite mantener devociones al margen de la moral cristiana hasta pretender la ayuda de los Santos a la hora de cometer delitos. México necesita urgentemente ser de nuevo evangelizado, y para ello, el ejemplo y modelo de los misioneros del siglo XVI nos aporta una enseñanza permanente de generosidad, creatividad y entrega heroica a la predicación de una fe que ellos acompañaron siempre de un evidente testimonio de vida.

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