Foto: Seminario Diocesano de Guadalajara

Los hombres elegidos de hoy

“Ustedes no me eligieron a mí; he sido yo quien los eligió a ustedes y los preparé para que vayan y den fruto, y ese fruto permanezca.” Jn 15, 16.

Tomás Ruiz Carrillo / Primero de Filosofía

Este texto del Evangelio es muy actual, ya que por especial gracia de Dios, el pasado 21 de abril fueron consagrados tres nuevos Obispos Auxiliares para la Arquidiócesis de Guadalajara, lo cual nos llenó de profunda alegría, que se enmarca por el gozo de la Pascua.

Dentro de esta alegría, el Seminario Diocesano de Señor San José,  también actualiza este misterio de la vocación sacerdotal, pues los siguientes domingos del mes de mayo tendremos las Misas de Admisión a las Órdenes Sagradas, Colación de Ministerios (Acolitado y Lectorado) y, en Pentecostés, las Ordenaciones Sacerdotales. Estos ritos son parte del camino hacia la ordenación sacerdotal.

Llegados a este punto, surge una interesante reflexión acerca del llamado que Dios nos hace, pues parece que nos elige y prepara para dar fruto en una tierra difícil, ya que México es el país más peligroso de América Latina para ejercer el ministerio sacerdotal. El pasado 18 de abril, en el Estado de México, fue asesinado un sacerdote; hecho sangriento que se consumó dentro de un templo y el día 20 del mismo mes, en la Parroquia de San Pío de Pietrelcina, Tlajomulco de Zúñiga. Manos asesinas cegaron la vida del Presbítero Juan Miguel Contreras García, exalumno de esta casa, e integrante de la Arquidiócesis de Guadalajara. En lo que va de la presente administración suman ya 23 sacerdotes asesinados.

Al respecto, los Obispos mexicanos lamentaron estos violentos hechos y expresaron: “Oramos también por todos aquellos que actúan despreciando la vida humana, para que Dios en su misericordia los perdone, y les haga recapacitar y convertirse de corazón” (Comunicado del CEM). También se ha denunciado que los sacerdotes desempeñan su ministerio en medio de amenazas, extorsiones, entre otros obstáculos. Cargan con el peso de escándalos que en los últimos meses han sido noticia.

Es una realidad: hoy ser Sacerdote es algo difícil, pues implica valentía, humildad, fidelidad, entrega generosa y sobre todo renuncia a sí mismo, para abrazar con amor el proyecto de Dios. El Sacerdote es un signo claro de la presencia de Dios en medio de nosotros, pero hemos de fortalecerlos con nuestra oración para que nunca se alejen de esa identificación con el Buen Pastor.

De ahí la importancia de responsabilizarnos del Seminario, ya que es el lugar donde el Señor prepara a sus elegidos para que luego vayan y den fruto, y ese fruto permanezca. Sin sus oraciones y generosidad, esta Casa de Formación no sería motivo de alegrías en medio de las penas, no sería luz en medio de las tinieblas, como lo es Cristo resucitado.

Pidamos al Dueño de la mies por nuestros Obispos, sacerdotes, seminaristas, jóvenes llamados y de particular intención por la paz en nuestra Patria, que es el don que Cristo resucitado nos ofrece en esta Pascua.

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