Foto: Seminario Diocesano de Guadalajara

Dando un SÍ a la vocación sacerdotal

Iván Ismael Yáñez Díaz / Tercero de Teología

El domingo 13 de mayo algunos compañeros de Teología, dieron un paso más en la respuesta positiva al llamado que Cristo ha hecho hacia nosotros algunos años atrás.

Esta respuesta es concretada en la recepción de los ministerios laicales al servicio de la Iglesia. Estos ministerios son: el lectorado y el acolitado, que han estado presentes en la historia de la Iglesia y que en tiempos del Papa Pablo VI tomaron el sentido que hoy en día conocemos comúnmente en las celebraciones eucarísticas y litúrgicas. El ministro lector proclama la Palabra de Dios –excepto el Evangelio- y el ministro acólito sirve junto al diácono y el sacerdote en el altar.

Cabe mencionar que estos ministerios no son sacramentos o algo que al seminarista le haga ser más santo o mejor cristiano que los demás. Ministro viene de una palabra latina que significa servidor, por lo tanto el ministerio es un paso para servir con mayor entusiasmo a todo el pueblo de Dios.

En el Seminario de Guadalajara tenemos esta celebración dos veces cada año escolar, el domingo anterior al 24 de diciembre y el domingo de la Ascensión del Señor. Por lo común son estas fechas cuando se reciben ambos ministerios pero antes, se abre un período, al comienzo de cada semestre, en que los seminaristas teólogos redactan por escrito la petición de uno u otro ministerio al Señor Cardenal. Algunas semanas después, se realizan escrutinios por parte de los prefectos de disciplina quienes, guiados por el Espíritu Santo, permiten al seminarista acceder a tales ministerios. Este tiempo es propicio para que el seminarista reflexione, haga un discernimiento vocacional y vaya creciendo cada vez más en el proceso de configuración con Cristo.

Como seminaristas adquirimos, con el paso del tiempo, una mayor convicción por lo que hacemos y un mayor gusto por nuestro ser de aspirantes al sacerdocio. Sentimos la necesidad de responder, agradecer y servir por todo lo que sin mérito alguno recibimos de parte de Dios, por parte de la familia y por parte de la Iglesia. Responder a veces no es tan fácil, pues surgen dudas y temores acerca de la vocación. Sin embargo esta experiencia de recibir ministerios, suscita en nosotros el arduo deseo de seguir dando un sí al Señor, venciendo toda incertidumbre y aceptando con fe el acompañamiento que Dios hace del candidato al sacerdocio.

Recibir un ministerio llena de alegría, sin embargo como seminarista, no debemos conformarnos con el servicio de leer alguna lectura, dirigir algunas moniciones, ayudar una misa solemne o distribuir la Sagrada Comunión. Recibir el lectorado es ser consciente de que la Palabra de Dios va formando tu carácter, tu espiritualidad, y que con tu vida, transmites esa Palabra a los demás. Recibir el acolitado es dar a Cristo a los demás, con tu gozo, con tu servicio y con tu entrega, configurándote más con Cristo.

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