Patrimonio Cultural

Pbro. Armando González Escoto

Comienza la visita anual de la venerada imagen de Nuestra Señora de Zapopan a las comunidades parroquiales de Guadalajara, una tradición que cumple 284 años de celebrarse.

A lo largo de estos años esta costumbre tapatía ha generado toda una serie de expresiones que constituyen, hoy día, parte valiosa de nuestro patrimonio cultural. La tradición cumple en efecto con todas las condiciones que la UNESCO establece para definirla así. Nace como respuesta de la comunidad al contexto geográfico y climático, transforma el espacio en el cual se desarrolla, involucra familias y generaciones, incluye diversas expresiones sociales como la colaboración, el encuentro, la manifestación, así como las actitudes de recibir, acompañar, visitar, adornar, festejar, cantar, aclamar, rezar y danzar. Pero además reviste estas actitudes con todo tipo de recursos emanados de las bellas artes clásicas y populares dando lugar, en la mayoría de los casos, a escenografías coloridas que marcan y distinguen la tradición fortaleciendo su originalidad con la creatividad que despierta.

Esta tradición conserva igualmente un aspecto publicitario único y singular, afirma y confirma el derecho de la comunidad católica a expresarse en la vía pública, máxime tratándose de una tradición anterior a la fundación del actual estado mexicano, cuyo deber consiste a este respecto, en custodiar las tradiciones patrimoniales de la sociedad, particularmente aquellas que tienen carácter fundante para la cultura local.

Por otra parte la imagen de Nuestra Señora de Zapopan reúne en sí misma diversas significaciones sociales, por una parte representa a la Virgen María, como intercesora y acompañante de la Iglesia en su peregrinar por el mundo. También es memoria y enlace de la comunidad cristiana con sus orígenes históricos, con el proceso de la evangelización inicial, la pacificación y la integración de razas y clases sociales, por tanto la imagen de la Virgen se convierte en una clave identitaria de la Iglesia de Guadalajara.

Desde la conciencia comunitaria esta venerada imagen es igualmente un emblema, un trofeo que, al levantarse ante la comunidad congregada, produce la aclamación de las voces y los aplausos. Este homenaje lo mismo se dirige a la Virgen que a la misma fe católica especialmente simbolizada en esta imagen; la permanencia de su devoción, de su presencia, de sus procesiones públicas, es igualmente percibida como la permanencia de la fe, de una fe que se ha sostenido a los largo del tiempo y a pesar de las persecuciones.

El valor y la trascendencia de esta tradición, la única tradición tapatía que se conserva desde la época virreinal, siempre ha sido bastante bien entendida por todos aquellos que están en contra de la cultura católica, de sus principios y de sus valores, de ahí que la vean como un permanente obstáculo a sus intenciones, una claridad de conciencia que a veces ni los católicos tenemos, sea por costumbre, por ignorancia o por indolencia; asunto grave, ya que con frecuencia los católicos somos herederos de verdaderos tesoros, pero al no advertirlo, acabamos por perderlos.

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