Pastoral Planificada

Pbro. José Marcos Castellón Pérez

En la acción pastoral, la planificación ya es una acción evangelizadora. Planear es anticipar y forjar, de forma consciente y orgánica, el futuro deseado, por medio del aprovechamiento sistemático de los recursos con los que se cuenta, a partir de la situación en la que se está. Para los cristianos, el futuro deseado siempre es la instauración del Reino de Dios, que se realiza por la acción pastoral de la Iglesia, pues ella actualiza la economía salvífica o plan de salvación de Jesucristo, nuestro Mesías ungido por el Espíritu para ser Sacerdote, Profeta y Rey. Se trata, por tanto, de una planeación humana con una metodología humana, pero cuyo contenido fundamental es el plan divino de salvación, siguiendo el criterio de la Encarnación, es decir, el de no confundir ni dividir el plan humano del plan divino, pero tampoco separarlos, como si Dios actuara al margen de la historia humana o sin la cooperación de los seres humanos.

La finalidad de la planeación en la pastoral es “hacer acontecer” el Reino aquí, ahora, entre nosotros y por medio de nosotros, bajo la acción del Espíritu del Señor. Por ello, planear no sólo es organizar actividades, sino sobre todo contar con un claro modelo (el Reino) proyectado en el futuro y comenzado ya a gestarse en actitudes y acciones concretas en el momento presente. Es el Reino futuro que comienza a tener impacto en el mundo, aunque éste impacto sea muy somero o germinal.

La planificación pastoral, no es algo meramente técnico, sin espíritu, como si se tratara de un proyecto que tiene su finalidad inmanente o de intereses mundanos, sin la mira puesta en el Reino de los cielos que esperamos; por ello, la planificación pastoral tiene de trasfondo:

  • Una mirada de fe sobre la realidad, siempre alienada por el pecado, pero abierta a la redención de Cristo. La realidad no se mira de forma ascéptica, objetivada, sino que la mirada a la realidad se hace de manera interesada, desde una perspectiva particular: Se ve desde la fe con los ojos del Padre. Esta mirada nos hace trascender las meras categorías sociales, políticas, económicas o psicológicas, con las que muchos leen la realidad y la interpretan.
  • Juicios de valor enraizados en el Evangelio. Los criterios con los que se discierne la la realidad que nos circunda tienen su raíz en la Revelación de Dios, que permite, a partir del juicio, poder tomar responsablemente una postura frente a tal realidad y actuar consecuentemente para adelantar el Reino que se espera.

Desde la mirada de la realidad con ojos de fe, interpretándola y valorandola con criterios evangélicos y teniendo muy clara la finalidad de toda acción en la Iglesia, que es hacer presente el Reino de Dios y su justicia, nuestas acciones evangelizadoras deberán favorecer y conducir a procesos de conversión y de vivencia comunitaria del Reino de Dios. Cada acción planificada debe ser un paso adelante en la consecución de nuestra esperanza: El Reino de Dios.

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