Descatolizar la cultura

Pbro. Armando González Escoto

La Iglesia en México tiene dos pilares muy importantes, la práctica religiosa-testimonial, y la cultura católica de la sociedad. Diversas estadísticas nos muestran cómo anda la práctica religiosa en lo que mira, por ejemplo, a la misa dominical.

La cultura católica de la sociedad se constituye por un enorme conjunto de gestos, lenguajes, valores, conductas, costumbres, que se manifiestan en las diversas expresiones de la gente, en su folklore, en su legado arquitectónico y artístico, en su música, canciones, y dichos, en su forma de relacionarse con los demás, con el entorno, con el pasado, presente y futuro. Este catolicismo cultural vive y opera todo el tiempo entre los mexicanos sean o no sean practicantes. Esta es una realidad que los católicos no siempre advertimos, pero que aquellos que no lo son sí lo han estado considerando, sobre todo si su proyecto es erradicar de la sociedad y de la cultura su carácter católico.

Guadalajara ha vivido ya esta tendencia a descatolizar su cultura. Esto se explica por la llegada de nuevas generaciones a la función pública educadas en internet y en la superficialidad de las redes; creyeron todo lo que ahí se vierte, se llenaron de prejuicios acerca de lo que es la catolicidad, y acabaron viéndola como obstáculo a la afirmación de una “nueva” sociedad; ya en el gobierno, han usado su posición para imponer sobre el conjunto de la sociedad las resoluciones de sus prejuicios.

Un segundo factor es el que partidos políticos de reciente cuño hayan hecho suyo este programa descatolizador de la cultura, sea imponiendo determinadas leyes, que desconociendo las existentes cuando estas parecen favorecer el patrimonio católico. Así se explica que, sin pedir opinión a nadie, la catedral de Guadalajara haya dejado de ser el símbolo y emblema de la ciudad, ahora sustituido por la Minerva. En Colonia, Alemania, hasta los musulmanes están orgullosos de que una catedral como la de esa ciudad, sea su símbolo identitario. Aquí ya no, por eso el nuevo diseño de los taxis urbanos suprimió el logotipo de las torres de la catedral, lo mismo que se obvió la norma que impide construir en el Centro Histórico edificios que cubran la catedral tapatía; igualmente so pretexto del obispo Alcalde se quitó a la ciudad el emblemático eje Guadalajara–Zapopan, la ruta procesional construida para el romería de la Virgen, lo mismo que se han impuesto a la ciudadanía trabajos escultóricos que distorsionan sus símbolos religiosos. Factor de igual importancia es la influencia que el gobierno estatal y municipal ha otorgado a conocida secta, a cambio de no sabemos qué favores. Este fenómeno revela por un lado que el gobierno ya tiene una nueva religión de estado, y por otro recuerda la fábula del sapo que pidió permiso de entrar a la madriguera de los conejos para guarecerse de la lluvia, y acabó echándolos fuera. Pero nadie parece darse cuenta ¿hasta que sea demasiado tarde?

 

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