El anti-voto y sus efectos en las preferencias electorales

Jorge Rocha

Días antes del segundo debate presidencial El Financiero y Consulta Mitofsky presentaron sus últimas encuestas electorales, en el caso del primer ejercicio los resultados fueron los siguientes en preferencia efectiva: Andrés Manuel López Obrador tiene el 46% de la intención del voto, Ricardo Anaya se ubica en segundo lugar con el 26% de las preferencias electorales y José Antonio Meade se rezaga con el 20% de la intención del voto. Por otro lado, Consulta Mitofsky dio los siguientes datos: El candidato de Morena-PT-PES tiene el 44.5% de las preferencias electorales, el abanderado de la Coalición por México al Frente está en segundo sitio con el 28% de la intención del voto y el candidato de la alianza PRI-Partido Verde-Nueva Alianza también está en tercer lugar con 19.8% de las preferencias electorales.

Cómo se puede observar, en los dos ejercicios los resultados son muy similares, en ambos la ventaja que tiene López Obrador sobre sus adversarios parece cada vez más definitiva, también se vislumbra a Ricardo Anaya como el adversario más fuerte al tabasqueño y se confirma la debilidad de la postulación de Meade, sin embargo, es posible que estas tendencias se modifiquen un poco frente a la renuncia de Margarita Zavala a la candidatura independiente, que según estas encuestadoras estaba sobre el 5% de la intención del voto y muy posiblemente estos electores se decantarán entre Ricardo Anaya o José Antonio Meade, aunque en la última encuesta de Reforma se leía que los probables votantes del Margarita Zavala tenían como su segunda opción más importante a López Obrador.

Ahora bien, la pregunta central de estos fenómenos políticos es ¿Por qué el candidato de Morena mantiene esa ventaja y parece estar inmune a los ataques de sus adversarios?, desde mi particular punto de vista hay cuatro procesos sociales que podrían explicar este “blindaje” a López Obrador: El voto anti-sistema, el voto anti-establishment, el voto anti-PRI y el voto anti-Peña Nieto.

La primera dinámica se refiere a las y los ciudadanos que claramente expresan una postura anti-sistémica, que en términos estrictos significa que van en contra de las dinámicas capitalistas e incluso de las dinámicas impuestas por el Estado Nación. En el caso de México los que han enarbolado estas posturas son el Ejército Zapatista de Liberación Nacional y grupos autonomistas a lo largo del país. Para este sector toda la clase política les genera desconfianza, sin embargo, para el caso de este momento político, para estos colectivos el candidato presidencial que provoca menos desconfianza es Andrés Manuel López Obrador.

El voto anti-establischment se define como los ciudadanos que van en contra de los grupos de poder fáctico (tanto político y económico) que en las últimas décadas han sido los grandes beneficiarios de la implementación de las políticas neoliberales. En este segmento están los ciudadanos que ven con mucho recelo a partidos políticos tradicionales, grupos empresariales y actores sociales que están en las altas esferas de poder. Este tipo de voto afecta directamente de forma negativa a José Antonio Meade y a Ricardo Anaya a quiénes consideran como representantes y voceros de estos grupos beneficiados del status quo; y electoralmente favorece a López Obrador al que se deja fuera de estos grupos de poder.

El voto anti-PRI se gesta entre el electorado que a partir de los casos de corrupción de parte de gobernantes de origen priista (Roberto Borge, Javier Duarte, César Duarte, Roberto Sandoval, entre otros) han desarrollado un fuerte sentimiento anti-priísta, además de las malas percepciones provocadas por la impunidad en el país, por los casos específicos de corrupción como la estafa maestra o la casa blanca; por la certeza de muchos mexicanos de que las políticas económicas derivadas del Pacto por México no lograron concretar las promesas de desarrollo que se hicieron al principio del sexenio; y por todo lo que viene aparejado al grave problema de violencia en el país. Todos estos problemas en su conjunto han dado como resultado un fuerte anti-priismo que no habíamos visto en otros momentos.

Finalmente tenemos la tendencia anti-Peña Nieto, que se venía fraguando desde la elección presidencial pasada, y que a partir del caso de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, el presidente de la República comenzó con un proceso de depreciación de su imagen, que hoy por hoy, es la peor que ha tenido un primer mandatario en la historia del país. En términos gruesos ocho de cada diez mexicanos desaprueban la gestión de Peña Nieto y esto se traduce en votantes que quieren castigar la administración pública federal actual a través del voto. El candidato que por obvias razones sale afectado por este proceso es José Antonio Meade; los que se benefician de esta dinámica es Andrés Manuel López Obrador y Ricardo Anaya.

No sabemos en qué medida una dinámica es más fuerte que la otra, pero sí podemos decir que son complementarias y que se alimentan mutuamente. Como ya se dijo el principal beneficiado de estos procesos es el candidato de Morena, por otro lado Ricardo Anaya es afectado negativa y positivamente de acuerdo a las distintas dinámicas; y José Antonio Meade es el candidato al que más negativamente le pesan estos procesos.

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