La maestría de Erich Kleiber

Sergio Padilla Moreno

Después del tiempo litúrgico en que celebramos de los misterios más importantes de nuestra fe, entramos en el tiempo ordinario, donde lo importante es ir haciendo camino y dejar que la vida fluya en la densidad de lo cotidiano. A lo largo de los próximos domingos propondré acercamientos a la vida de hombres y mujeres que hicieron del arte su modo cotidiano de vida.

Cuando algunos de los grandes músicos comparten abierta y libremente su experiencia, revelando el sentido de su arte, su testimonio se convierte en una invaluable y rica cátedra. En días pasados me encontré con las palabras de un gran músico: el director de orquesta Erich Kleiber (quien nació el 5 de agosto de 1890 y murió el 27 de enero 1956), padre del también extraordinario director Carlos Kleiber. Se trata de cinco artículos que publicó el gran escritor cubano Alejo Carpentier en el periódico El Nacional de Caracas entre 1952 y 1956 (recopiladas en “Obras completas” de Alejo Carpentier, tomo X, Siglo Veintiuno Editores), donde el escritor plasma sus recuerdos e impresiones de las charlas que tuvo con el músico de origen austriaco.

En primer lugar, es de destacar el sentido que Erich Kleiber les daba a los ensayos: “Se necesitan quince ensayos [de una cierta obra ya conocida por la orquesta] para corregir las malas costumbres adquiridas por los intérpretes”. Los ensayos eran, según Carpentier, el “reflejo de su amor por la perfección y que nada dejaba al azar”. Si en la ejecución algo fallaba, Kleiber decía: “Si un accidente se produce, no miren al compañero, que bastante tiene con lamentar lo sucedido, Mírenme a mí, que para eso estoy”.

Respecto a su postura hacia el compositor y la interpretación, una vez dijo a propósito de la “Novena Sinfonía” de Beethoven: “La he dirigido 198 veces. Pero creo que sólo la dirijo bien desde hace muy pocos años. Antes estaba demasiado enamorado de la partitura para poderme dominar ante ella. Me dejaba arrastrar. Ahora conservo toda mi sangre fría. Ése es el secreto del arte de todo director: obtener un rendimiento exacto, consciente, medido, de toda materia sonora. Estar pendiente del compositor, sin dejarse llevar por arrestos personales.”

También dijo que “Una orquesta sólo es digna de ese nombre cuando conoce a fondo las nueve sinfonías de Beethoven.”. Su vasta experiencia logró posicionar en altos niveles de calidad a la Filarmónica de La Habana de la que fue director titular por algunos años. “Pronto podré ejecutar aquí “La consagración de la primavera”. Cuando una orquesta llega a poder ejecutar correctamente la partitura de Stravinsky, puede decirse que ha alcanzado la madurez”. En resumen: Kleiber es testimonio de dedicación, pasión y humildad en el trabajo que le tocó desempeñar.

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Erich Kleiber – before and after WW2

https://www.youtube.com/watch?v=sODAEBjpHbI

 

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