Para contemplar la Eucaristía

Sergio Padilla Moreno

El pasado jueves 31 de mayo celebramos la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, conocida también como Corpus Christi, por lo que es muy buena razón para acercarnos a las obras que, desde la música clásica, se han hecho en honor al sacramento de la Eucaristía.

En primer lugar, tomando en cuenta el criterio de antigüedad, podemos escuchar el Pange Lingua, (Canta, oh lengua) himno eucarístico escrito por Santo Tomás de Aquino (1225-1274), uno de los más importantes e influyentes teólogos de la Iglesia Católica, quien se basó en unos versos del poeta latino Venancio Fortunato. Parte de este mismo himno es el canto Tantum Ergo Sacramentum (Veneremos, pues, tan grande Sacramento). Estas dos obras suelen ser incorporados en grabaciones discográficas que recogen los cantos gregorianos más conocidos.

Previo al Rito de la Comunión, en la liturgia eucarística católica se proclama el Angus Dei (Cordero de Dios), título muy antiguo para referirse al sacrificio redentor de Jesucristo. En el mundo de la música podemos referirnos a notables partituras de compositores que escribieron misas tomando en cuenta la liturgia latina, como fue el caso de J.S. Bach y W.A. Mozart. Este último escribió varias misas, entre las cuales destaca la Misa de la coronación (KV 317), en donde una de las partes más hermosas e inspiradas es precisamente el Angus Dei, cantada por voz de soprano. Otro Agnus Dei de especial belleza es el musicalizado a partir del Intermezzo de la suite L’ Arlesienne del compositor francés Georges Bizet (1838-1875). Un caso más es el profundo Angus Dei del compositor estadounidense Samuel Barber (1910-1981).

Dada su belleza, y aunque ya lo había presentado en esta columna, vuelvo a proponer la escucha atenta del motete Ave Verum corpus) una de las más inspiradas páginas salidas de la mente y el corazón creativo de Mozart. Fue compuesto en junio de 1791, prácticamente a seis meses de su muerte. Es una obra de alabanza a la humanidad y sacrificio de Cristo, escrita para coro, cuarteto de cuerdas y órgano. Desde los primeros compases, va surgiendo de la nada una tenue alabanza: “Salve al cuerpo verdadero, nacido de la Virgen María”. El resto de la obra se desarrolla en un clima de recogimiento y profunda contemplación, en medio de la más absoluta sencillez. Cuando se desvanece la última nota, deja al espíritu humano en oración; no se puede permanecer de otro modo al sentir esta música.

Finalmente, propongo la escucha de otro himno surgido de la pluma de santo Tomás de Aquino: el Panis Angelicus (Pan Angelical), en la versión musicalizada en 1872 por el compositor francés César Franck (1822-1890), para voz solista y acompañamiento orquestal.

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Panis Angelicus – Juan Diego Flórez https://www.youtube.com/watch?v=LtxSY-lKS_M

 

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