Manifestación de fe por las calles de Guadalajara

Ser instrumentos de paz y edificar un clima de justicia, exhortó Cardenal Francisco Robles

Redacción ArquiMedios

Fotos: Jorge Hernández y Equipo de ArquiMedios

Al grito de “¡Viva Cristo Rey!”, más de cinco mil fieles acompañaron a Jesús Sacramentado durante la Solemne Celebración y Procesión Diocesana del Corpus Christi, por las calles del centro de la ciudad, el pasado sábado 2 de junio.

“Estamos reunidos esta tarde para celebrar la Solemnidad del Cuerpo y de la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo”, señaló el Cardenal José Francisco Robles Ortega, Arzobispo de Guadalajara, quien presidió la Eucaristía en la explanada del Templo Expiatorio. Además, la Santa Misa fue concelebrada por Monseñor José Luis Chávez Botello, Arzobispo Emérito de Antequera, Oaxaca, Monseñor Juan Humberto Gutiérrez Valencia, Obispo Auxiliar Emérito de Guadalajara y docenas de sacerdotes.

La presencia de los integrantes de la Adoración Nocturna, (portando su distintivo y bandera), el Seminario Diocesano, Religiosos, Religiosas y la Pastoral Juvenil fue notoria. El entusiasmo de los jóvenes contagió a todos los presentes; su participación fue esencial, pues precisamente este año, la Solemne Celebración y Procesión Diocesana del Corpus Christi, tuvo como lema: “Joven, no temas, Soy Yo”.

Identidad y misión de los cristianos

Durante su homilía, dirigiéndose a la asamblea, el Cardenal Francisco Robles señaló: “La celebración del misterio del Cuerpo y de la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo resalta dos aspectos muy importante de nuestra identidad como Iglesia. La Iglesia, es decir, la comunidad de los creyentes, el pueblo de Dios, no nace en el mundo por una iniciativa humana; como Iglesia nuestro origen está en Dios Padre.

“Dios Padre nos envió a su único Hijo Jesucristo para que nos congregara, nos reuniera en un sólo pueblo, nos purificara de nuestros pecados y nos devolviera la dignidad de ser Hijos Dios. Ahora bien, ¿qué hizo Jesucristo Nuestro Señor para congregarnos en un sólo rebaño? Primero, predicar la presencia del amor misericordioso de Dios en el mundo. ¿Qué más hizo Jesucristo para congregarnos en un sólo rebaño?, entregó su vida, derramó su sangre para purificarnos, para lavarnos de nuestros pecados y para reconciliarnos con nuestro Padre Dios. Nos anunció, nos mereció con su muerte y con su resurrección, y nos regaló su mismo espíritu. La fiesta del Cuerpo y de la Sangre de Cristo refuerza nuestra identidad como Iglesia. Somos Iglesia porque Cristo obedeció al plan misericordioso y salvador de Dios Nuestro Padre.

“El otro aspecto que resalta la fiesta del Corpus Christi como Iglesia, es que tenemos una única misión, un sólo motivo, ¿saben cuál es?, que nosotros anunciemos, proclamemos, difundamos, demos a conocer a los demás, la salvación que Dios nos ha regalado en Cristo. Nuestra misión, nos la recuerda la fiesta del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, especialmente de la forma en que lo hacemos; salir en procesión por las calles, por la vía pública. Eso nos hace pensar que la fe en Jesucristo, nuestra convicción en que Jesucristo es nuestro Salvador, no es para intimarlo, no es para guardarlo en lo más íntimo de nuestro ser; nuestra fe en Jesucristo es para darla, incluso en las calles, en las avenidas, en todos los campos de la actividad humana, ahí tenemos que dar testimonio, anunciar y proclamar que Jesucristo es Nuestro Dios y Señor. No es un folclor el llevar el Santísimo por la calle, no es una mera tradición colorida; es una convicción que nosotros tenemos que recordar; estamos llamados a testimoniar nuestra fe en Cristo”, dijo el Arzobispo Metropolitano.

Construir nuestra casa común, México

“En las circunstancias peculiares que vivimos en nuestro estado, en nuestra patria, me refiero  a la violencia, a la pérdida de la tranquilidad y de la seguridad, me refiero a la división, a veces al enfrentamiento entre sectores, todo eso que vivimos; nosotros queremos asumirlo desde la identidad de discípulos de Cristo. Más allá de lo que sucede, por ejemplo, en nuestro proceso político, por encima de todo, somos hermanos y hermanas; somos discípulos del Príncipe y Señor de la Paz, Jesucristo Nuestro Señor.

“Tenemos que recuperar nuestra paz, nuestra armonía y nuestra corresponsabilidad de ser hermanos y hermanas. México es la casa de todos, nuestra única casa. ¿Por qué la hemos de incendiar?, y ¿por qué la hemos de destruir? Al contrario, tenemos que edificar un clima de mayor justicia, de paz, de respeto a la dignidad de las personas y de mayor posibilidad de oportunidades para todos. Tenemos que construir y edificar juntos nuestra casa, tenemos que respetar sus recursos, tenemos que velar porque sus recursos sean bien utilizados para el bien de todos.

“La fiesta de nuestra fe, en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, nos recuerda nuestra identidad y misión; esta fiesta también ilumina, inspira y da pautas para el momento en que vivimos. No podemos quedarnos con la intimidad de nuestra fe en el corazón, cuando se están peleando y dividiendo los hermanos, no podemos quedarnos indiferentes, tenemos que reconciliar, ser instrumentos de paz, ser instrumentos de fraternidad, y mirar por el bien de todos, ese es el producto de nuestra fe.

“Nuestra fe no queda en los muros de un templo, adentro, no queda en la intimidad de nuestro ser; nuestra fe nos ilumina, inspira, sostiene, impulsa y da fuerza para que transformemos el mundo desde la perspectiva de Jesucristo, que es la expresión amorosa y misericordiosa de Dios Nuestro Padre, para con nuestra pobre humanidad”, concluyó el Cardenal Robles Ortega.

Luz y vida del nuevo milenio

Después de impartir la Sagrada Comunión (se repartieron 4,500 hostias consagradas), comenzaron a organizarse los contingentes por la Avenida Enrique Díaz de León. El Santísimo fue expuesto y se invitó a los presentes a un momento de adoración a Jesús Eucaristía; la Schola Cantorum del Seminario Diocesano entonó el “Tantum Ergo” y el “Himno del 48° Congreso Eucarístico Internacional”.

Posteriormente, se trasladó el Santísimo Sacramento a la custodia monumental – pesa más de 100 kilos, mide 1.60 metros de altura, y los brazos de la Cruz tienen una longitud de 1.20 metros y tiene en su base una inscripción que dice: “Jesús es mi Señor” – que fue anticipadamente colocada en el carro adornado especialmente para transportar a Jesús Eucaristía.

La Procesión del Corpus Christi comenzó en la Av. Enrique Díaz de León y continuó por Avenida Hidalgo hasta llegar a la Catedral de Guadalajara. Durante el trayecto, cientos de fieles salieron a las calles y esperaron el paso de Jesús Eucaristía. Con cantos y porras manifestaron su fe, se santiguaron y celebraron la presencia viva y real de Nuestro Señor Jesucristo.

Después del recorrido de aproximadamente 1.5 kilómetros, el repique de las campanas de la Catedral Metropolitana anunciaron el arribo del Santísimo Sacramento. La bendición se impartió desde un templete, previamente dispuesto y arreglado para la ocasión, instalado en la puerta central del recinto; es de resaltar que el Paseo Fray Antonio Alcalde, en este tramo, se dispuso para el paso de los fieles, pues hasta hace unos días todavía estaba cerrada por los trabajos de la Línea 3 del Tren Ligero.

Con el Santísimo en el Altar, el Cardenal Robles Ortega pronunció las preces e incensó al Santísimo Sacramento; finalmente, el celebrante impartió la bendición. Posteriormente, se resguardó a Jesús Eucaristía en el interior de la Catedral, y poco a poco, los fieles se retiraron de manera ordenada.

Para la seguridad de los asistentes y organización de la vialidad, se contó con la presencia de elementos de seguridad de la Fiscalía General del Estado, de la Policía de Guadalajara, Protección Civil y Bomberos del Estado y la Secretaría de Movilidad. Al concluir la Procesión, se reportó saldo blanco y el señor Cura Jesús Feregrino Salas, párroco de Nuestra Señora de la Soledad en Santa Cruz de las Flores e integrante del comité organizador, agradeció el servicio de la autoridad civil.

En opinión

“Es un día en que nosotros queremos públicamente manifestar nuestra fe en Cristo Nuestro Señor. Una procesión que debe ser la principal, porque llevamos al Rey, manifestando un testimonio verdadero de fe. Esta procesión se hace a partir del 48° Congreso Eucarístico Internacional celebrado en Guadalajara y fue uno de los frutos de este congreso. En la Diócesis, hay más de 32 mil adoradores en todas las secciones (464) de las parroquias”, señaló Mons. Francisco Casillas Navarro, Rector del Templo Expiatorio e integrante del comité organizador.

“Con el lema: “Joven, no temas, Soy Yo”, queremos mediante esta exposición de lo más sagrado que tenemos, como es la Eucaristía, invitar a todos los jóvenes para adorar al Santísimo Sacramento. Que Dios bendiga a todos, mediante su fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo, a todos nuestros enfermos; de manera especial a los jóvenes, para que encuentren en Jesús ese sentido a su vida. Dios los bendiga”, dijo el Pbro. José de Jesús Cortés Tomé, párroco de San Ildefonso e integrante del comité organizador.

En nuestra página de Facebook: Semanario Arquidiocesano de Guadalajara, podrás encontrar fotos y videos de la cobertura especial de la Solemne Ceremonia y Procesión del Corpus Christi 2018.

 

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