¡No le saques!

“El miedo es la actitud de un alma encarcelada, que no tiene libertad para mirar adelante, para crear algo, para hacer el bien…”, Papa Francisco (Casa Santa Marta, Mayo 2015)

Fernando Díaz de Sandi Mora

El miedo es una emoción natural, herramienta de supervivencia presente en los genes del ser humano que le ayuda a ponerse a salvo en las situaciones de riesgo que pueden atentar contra su integridad física, mental, emocional o espiritual.

Vivimos en un ambiente en el que priva el miedo. Las noticias ofrecen un panorama que en muy poco ayudan a una cultura de paz y armonía entre la sociedad. Los niveles de inseguridad y violencia, las situaciones de empleos escasos y mal pagados, la constante amenaza de guerras en el extranjero, la inflación el bajo poder adquisitivo en nuestra sociedad son caldo de cultivo para promover el miedo “del malo”, el miedo que paraliza, que provoca egoísmo y avaricia, agresión y aislamiento.

El “miedo del malo” lejos de salvarnos de alguna amenaza real, nos pone en riesgo de perder nuestra esencia, nuestro ser individual, la capacidad de disfrutar de la vida, de realizarnos como personas, de ayudarnos y apoyarnos.

El miedo es un paralizante natural, te hace quedarte quieto, esconderte. Hay situaciones en la vida que nos exigen enfrentarlo. Hay temores que son oportunidades con disfraz de trabajo, esfuerzo o riesgo. Es nuestro reto enfrentarlos y quitarles la máscara para convertirlos en algo a favor y no algo en contra. Aquello que deseamos, todo eso en lo que creemos, debe estar por encima del miedo. Es normal sentir miedo, lo que no es normal es dejar que el miedo sea el que venza.

Por miedo a que el novio abandone a la chica, ella da  una “prueba de amor”. Por miedo a quedarse sola, una esposa soporta las golpizas del marido. Por miedo a que le llamen la atención o le “castiguen el celular” un adolescente, miente, engaña y falsea a sus padres. Por miedo a no poder dar lo necesario a los hijos los padres trabajan de sol a sol y tienen hijos con todos los lujos, pero sin padres. Por miedo, no exigimos nuestros derechos básicos a quienes nos gobiernan. Por miedo, somos creyentes “de closet” y con los amigos criticamos y hablamos pestes de nuestra iglesia.

Recuerdo en mis tiempos de secundaria, en medio de un ambiente hostil, me sentía muy seguro porque pronto me hice amigo de Miguel, “el Monster”, un tipo de complexión digna de respeto. ¿Cómo tener miedo si el más corpulento del grupo era mi “guarura” personal?

Con esta analogía, ¿Cómo tener miedo a cualquier cosa en la vida si Aquel que lo venció todo: Hambre, enfermedad, carencia, dolor, incluso la muerte está presente en mi vida?

Con Dios por delante, sé valiente y no permitas que el miedo te robe un instante más de vida.

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