El bendito riesgo de vivir

“La vida tiene pleno sentido cuando se ofrece como un don; se vuelve insípida cuando se guarda para uno mismo”, Papa Francisco

Fernando Díaz de Sandi Mora

Imagina por un momento que tocan a la puerta de tu casa y cuando la abres, te encuentras con una carta que anuncia tus últimas 24 horas de vida…

¿Cómo te cae la noticia? ¿Qué emociones despierta en ti? ¿Seguiría todo igual? ¿Qué cambios harías a partir de ese instante en que el reloj corre en contra tuya u la hora de tu adiós está marcada? ¿Te daría susto o te daría gusto?

La experiencia de vivir, de coexistir en este espacio y tiempo nos coloca en el predicamento de reconocernos obras magistrales del Creador en convivencia con otros. Estar aquí debe ser para algo, debe haber una razón, un -para qué-.

La vida es un regalo milagroso que mientras más lo usas en favor de los demás y de gozar de la experiencia, parece crecer. Quien más se siente vivo es quien más ha invertido la vida en pro de un lugar más digno para todos. Caso contrario, aquel que atesora su vida y la resguarda bajo llave, por miedo, por egoísmo, por rencor, termina con una “vida de closet”, maloliente, apolillada, inútil.

Nada como utilizar los dones y recursos personales para provocar una sonrisa, para dar paz a alguien que lo ha perdido todo, para dar certeza al que está confundido, para ayudar a encontrarse a aquel que se ha perdido, para dar esperanza a quien ya no espera nada, para ser una imagen y semejanza viva y no un mero cuadro colgado en la pared de la eternidad.

Dios nos hizo suficientes, vastos, abundantes, llenos de dones talentos y virtudes. Un talento, dos o cinco, los que sean, deben ser suficientes para desarrollar una vida en franca plenitud y bonanza, llena de experiencias ricas, de bienes para recibir, multiplicar y compartir. La vida es una joya que se presume, que no se guarda debajo del colchón sino que se luce, que refulge al encontrarse con otras joyas y uno que otro diamante en bruto.

Abrir bien los ojos a las necesidades del otro, es una oportunidad de amor. Es el medio para que te conviertas en el milagro que otro espera. Nadie en este mundo hará algo que te corresponde hacer a ti. Es tú responsabilidad, es tu vida y tú sabes lo que haces con ella.

Eso sí, las consecuencias son contundentes y muy claras: una vida que no se usa termina siendo una muerte de cada instante. Una vida que ofrece vida a los demás, se convierte en un mensaje del amor de Dios.

Vivir en plenitud de amor, servicio y gozo de la existencia, es como dar un beso a Dios en la mejilla y expresarle: “Gracias por el regalo… ¡Me encantó!”.

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