La situación de Oaxaca, expuesta por el Arzobispo Emérito de Antequera

Rebeca Ortega Camacho

Foto: Luis Daniel Tadeo Velázquez

Damnificados por sismo, reciben atención lenta y escasa 

Después de los tres sismos (7, 19 y 23 de septiembre de 2017) que sacudieron el Centro y Sur de México, las cifras muestran el nivel de daños que dejaron los sismos: 369 muertos y más de 38 mil millones de pesos necesarios para la reconstrucción del país.

De acuerdo con los datos oficiales, en Oaxaca se registraron: 78 personas fallecidas por el sismo del 7 de septiembre; 1 persona fallecida por el sismo del 19 de septiembre; casi un millón de damnificados; 31 mil 647 viviendas con daños parciales; 13 mil 665 viviendas perdidas; 19 mil 416 viviendas inhabitables; casi 62 mil establecimientos dañados; 2 mil 965 escuelas perjudicadas; 267 escuelas que requieren reconstrucción total y 207 templos dañados (en la Provincia de Antequera-Oaxaca).

En entrevista para ArquiMedios, el Arzobispo Emérito de Antequera-Oaxaca, José Luis Chávez Botello, quién en esos momentos de angustia y tragedia estaba al frente de la Arquidiócesis, y que inmediatamente después de las vicisitudes manifestó su solidaridad con los damnificados, impulsó una jornada de oración y mandó instalar centros de acopio. A casi nueve meses del desastre natural, Monseñor Chávez Botello es testigo de que muchos damnificados siguen en la incertidumbre y el apoyo prometido no ha llegado.

“Creo que es una expresión muy en general; los damnificados sea en Puebla, Oaxaca, el Estado de México o en Cuernavaca, la atención o la respuesta es sumamente lenta y en algunos casos muy escasa. En Oaxaca, la mayor parte de los damnificados y los principales daños fueron en el Istmo de Tehuantepec, ahí la atención es muy lenta y creo que fueron defraudados varios; lo que les concedieron no tenía fondos, varios constataron esto. Es muy lamentable que esto suceda precisamente en situaciones de este calibre, de daños y de necesidades. Sin embargo, en Oaxaca la gente es fuerte, está acrisolada; han pasado generaciones y generaciones de sufrimiento, está forjada precisamente para seguir luchando a pesar de las dificultades, pero esto no queda en el olvido. Cada vez son más conscientes y están exigiendo sus derechos.

“En torno a los damnificados esperamos que se tome más enserio y se tome una respuesta más integral. No es simplemente tener casa, es algo más; la casa es el lugar de encuentro, de las relaciones familiares y lo importante es construir casas según las etnias. – Para ellos – es algo más que tener un lugar donde dormir, es el lugar donde se crece humanamente, donde se crece como personas; no solamente donde se va a comer o a dormir, es el lugar donde se va a ir forjando precisamente la identidad de un ser humano que es apreciado, que tiene el sentido de pertenencia, creo que eso es importante.

“A veces las autoridades o algunas instancias simplemente ven la necesidad material, pero no todo lo que conlleva para esta gente. Los indígenas nos enseñan mucho de la vida, a verla más integral; por su identidad, su vestimenta, sus costumbres y ¿por qué las defienden?, porque es algo de su vida, y eso es también los damnificados. Ahí no se les puede imponer una manera de construir al estilo de la ciudad o estilo Infonavit, casas pequeñitas, porque es mucho más que eso.

“Cualquier cosa que se haga con las personas, hay que adentrarnos un poquito más en su vida, en su identidad, para que cualquier cosa que se haga, aunque sea pequeño, que abone, crezca como persona; que no sea simplemente solucionar una necesidad material aislada, sea casa, alimento o salud”, señaló el Arzobispo Emérito de Antequera- Oaxaca.

Respetar la identidad de los indígenas

Monseñor José Luis Chávez, originario de Tototlán, Jalisco, fue nombrado por el Papa Juan Pablo II como Obispo de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, el 16 de julio de 2001. Dos años después, el 8 de noviembre de 2003, el mismo Pontífice lo nombró Arzobispo de Antequera-Oaxaca, y oficialmente tomó posesión el 8 de enero de 2004. Durante más de 17 años que desempeñó su labor pastoral en el sureste de México, el ahora Arzobispo Emérito observó y aprendió de la riqueza cultural que ofrecen Chiapas y Oaxaca, no sólo al país, sino a todo el mundo.

Al respecto, el Arzobispo Emérito de Antequera- Oaxaca, Chávez Botello señaló: “Me parece importante reconocer que los indígenas en Oaxaca aprecian mucho su etnia; no la olvidan, al contrario, la aprecian y la cuidan. Lamentablemente hubo una época tanto en Chiapas como en Oaxaca, que en las mismas instancias oficiales, querían como ‘mexicanizar’ a las etnias haciéndolos olvidar todo lo que tenía expresiones externas; les prohibían hablar su idioma, su lengua materna. Las costumbres de los indígenas en Oaxaca es fuera de serie, para mí es la región más religiosa del país; religiosa no quiere decir que con una fe cristiana sólida, pero creo que es algo que vale la pena retomarlo.

“Cómo es posible que por más de cien años hayan mantenido la fe católica sin sacerdotes, hayan mantenido la fe católica con esos ataques. Lo que la reforma logró en otras partes del país, en Oaxaca sólo lo lograron en la capital, pero en las comunidades indígenas foráneas defendieron sus templos y sus anexos, defendieron sus buenas costumbres y sus devociones. Por eso, en Oaxaca el impacto de otras religiones y de sectas no es tan significativo. Sin embargo, faltó la información, la educación, por más de 150 años; todavía, actualmente la mayor parte de las comunidades no tienen sacerdote, sólo hay un sacerdote por parroquia.

“Los oaxaqueños y en especial los indígenas han sido muy acrisolados, han sido dañados; pero se anuncian tiempos mejores de una consciencia cada vez más clara y el respeto a la vida. Ya no aceptan ser manipulados, no aceptan imposiciones; por desgracia, algunas instancias siempre buscan lo propio, tratan de engañar y de manipular. Me da gusto que ya buen número de indígenas y de mujeres, están adentrándose a la universidad, están adentrándose precisamente en la formación y en la educación. Los indígenas ven la vida más allá, para ellos la tierra tiene un valor extra, que en otras regiones tenemos que aprender.

“Lamentablemente hay autoridades, dirigentes, empresarios que quieren levantar la región; pero no es suficiente el esfuerzo de unos cuantos. La lucha contra las fuerzas de intereses se ve corta, urge más la unidad y es precisamente lo que hará falta. Hay personas buenas, honestas y que aprecian mucho a Oaxaca y a Chiapas; pero falta mayor unidad y una organización más fuerte contra la avalancha de intereses que se ve cada vez más fuerte y más agresiva; ahora con el ingrediente nuevo, el narcotráfico y crimen organizado, que ya se están haciéndose presentes”, manifestó el entrevistado.

La Secretaría de Asuntos Indígenas (SAI) reportó que Oaxaca es la entidad con el mayor número de diversidad étnica, cultural, lingüística y natural de México. En este territorio habitan 15 pueblos indígenas, un pueblo negro Afroamericano, 434 municipios indígenas, ocho regiones, 70 por ciento de población indígena, 5 familias lingüísticas, 15 lenguas y 176 variantes. Los pueblos originarios son: Amuzgo, Cuicateco, Chatino, Chinanteco, Chocholteco, Chontal, Huave, Ixcateco, Mazateco, Mixe, Mixteco, Náhuatl, Triqui, Zapoteco y Zoque.

Momento de reflexión

El 10 de febrero de 2018 el Papa Francisco aceptó la renuncia, por motivos de edad, de Monseñor José Luis Chávez Botello, de 77 años y nombró a Monseñor Pedro Vázquez Villalobos como el nuevo Arzobispo de Antequera-Oaxaca.

Por más de 14 años al frente de la Arquidiócesis en Oaxaca, Monseñor Chávez Botello afrontó muchos desafíos: el deterioro social por la violencia, homicidios, corrupción e inseguridad y los desastres naturales; además de acusaciones de protección a curas pederastas y ataques a sacerdotes que denunciaron estos abusos, acusaciones que enfrentó y desmintió en su momento. Sobre su reciente cesantía, el entrevistado enfatizó que este es un momento de reflexión.

“Apenas estoy recogiendo. Precisamente quise venir acá (Arquidiócesis de Guadalajara) para eso. Necesito un tiempo de serenidad, de paz; alejarme un poco físicamente para recoger lo que el Señor me dio allá y lo que recibí. El obispo, a veces va de una actividad tras otra y no tiene tiempo de reflexionar lo que está pasando. Uno ve rostros, yo tengo muy presente rostros de personas, rostros de comunidades, imágenes, situaciones muy difíciles que me han tocado y muy alegres también; festividades, hechos muy concretos de mucha satisfacción, pero también de mucho dolor y preocupación al tocar situaciones así. Necesito recoger qué pasó, cuál es el mensaje, aprender a leer; recoger precisamente el mensaje, recoger la enseñanza, lo que Dios quiere darme en eso.

“Aprende uno mucho, uno piensa en lo que aprendió y en lo que lleva. Yo me sentí pequeño, corto, ante expresiones de sabiduría y del aprecio a la vida. Por ejemplo, en las fiestas. La fiesta es el culmen del disfrute del trabajo de un año; que allá lo expresan en su vestimenta, en sus danzas, en la música, lo expresan en la comida, en todo esto y lo principal, la celebración religiosa… Hay que compartir lo bello, eso es la Guelaguetza, el compartir. Por eso, en las representaciones, al final, comparten los productos de su trabajo; eso tiene uno que aprender, creo que necesitamos aprender a festejar”, concluyó el Arzobispo Emérito de Antequera-Oaxaca, José Luis Chávez.

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