Culminó la Peregrinación Ecuménica del Papa a Ginebra

Redacción ArquiMedios

Tras la intensa pero serena jornada en Ginebra, a las 19.30 hora Central Europea, el Romano Pontífice abordó el avión de regreso a Roma, al término de su 23º Viaje Apostólico Internacional, una Peregrinación Ecuménica en ocasión del 70° Aniversario del Consejo Mundial de las Iglesias. La Jornada estuvo marcada por tres momentos que fueron de oración y encuentro, en clave ecuménica. En la última actividad del día, la Santa Misa, el Santo Padre meditó alrededor de tres palabras que son “claves de la fe cristiana”: Padre, pan y perdón.

Santa Misa

Con la primera palabra, “Padre”, puso de manifiesto cómo “no hay hijos sin padre”, ni tampoco hay “padres sin hijos”, y así invitó a reconocer que ninguno de nosotros es hijo único, y que por lo tanto cada uno debe hacerse cargo de los hermanos de la única familia humana. Con la palabra “pan”, el Papa Francisco remarcó la esencialidad de nuestra existencia, e invitó a elegir “la sencillez del pan, para volver a encontrar la valentía del silencio y de la oración, fermentos de una vida verdaderamente humana”. El perdón renueva y hace milagros, aseguró el Papa por último, quien con un claro acento ecuménico, rememoró la historia cristiana: “Perdonarnos entre nosotros, – dijo – redescubrirnos hermanos después de siglos de controversias y laceraciones, cuánto bien nos ha hecho y sigue haciéndonos”.

El encuentro Ecuménico

En el segundo evento de la jornada, el Encuentro Ecuménico, la memoria de la sangre derramada por los mártires cristianos, el ecumenismo de la sangre, fue uno de los puntos de unión: “Somos los depositarios de la fe, de la caridad, de la esperanza de tantos que, con la fuerza inerme del Evangelio, han tenido la valentía de cambiar la dirección de la historia”, dijo, y aseguró estar convencido que “si aumenta la fuerza misionera, crecerá también la unidad entre nosotros”.

La oración ecuménica

Mientras que en el primer discurso en el momento de la oración ecuménica, el Papa Francisco, peregrino en busca de unidad y paz, habló del camino hacia la meta que Jesús nos pide alcanzar, es decir, la unidad. “El Señor nos pide unidad”, dijo. Y a Él “le debemos obediencia”. Él, peregrino entre los hombres, nos recuerda aún hoy que “los muros de separación ya han sido derribados, y que toda enemistad ha sido derrotada”.

Caminar juntos, subrayó Francisco, “no es una estrategia para hacer valer más nuestro peso”, sino “un acto de obediencia al Señor y de amor al mundo”. Y rezó: “Pidamos al Padre que caminemos juntos con más vigor por las vías del Espíritu”. En Jesús, en la cruz, concluyó, “entendemos que, a pesar de todas nuestras debilidades, nada nos separará de Su amor”.

 

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