Asociaciones Religiosas infiltran la Política

Editorial de Semanario #1117

En el cierre de campaña de uno de los candidatos a Presidente de la República, realizado en Guadalajara, se colocó una gran manta que explícitamente, por supuesto, expresaba el apoyo de un grupo religioso al personaje: “La Hermosa Provincia está contigo”.

Lo mismo, otros grupos, también denominados asociaciones religiosas, han manifestado su apoyo a determinados candidatos, e incluso, con el partido político que crearon, se han aliado sin contemplaciones.

La verdad que no es nuestra intención llamar la atención sobre este tema, con la finalidad de que sean sancionados por las autoridades, sino el encono, y hasta el descaro, con que han venido presentándose en el presente proceso electoral, con tal de ganar posiciones y privilegios en los próximos gobiernos, de todos los niveles. Aunque la ley contempla sanciones para este tipo de acciones, sabemos que no se harían efectivas.

Han logrado colocar a prosélitos propios en puestos de elección, lo cual no es delito, sino la relación que han establecido explícitamente entre su postulación y las creencias religiosas que profesan.

El hecho de que en México no se haya entendido todavía qué significa el estado laico, como lo señala el Padre Armando González, en su comentario “Religión y Política”, hace posible que, por una parte se permitan hacer las concesiones mencionadas y, por otra, a integrantes de la asociación religiosa Iglesia Católica, se les demande por (así es la acusación) incurrir en delitos electorales.

Eso del estado laico no se corta con la misma tijera, no se aplica, de la misma manera, a todas las asociaciones religiosas. Unos sí pueden participar con toda su maquinaria ideológica y proselitista en el proceso electoral, ofrecer y presentar candidatos confesionales, hacerlo públicamente. Otros, intimidados por las leyes que prohíben las mismas acciones, o porque ya fueron sujetos de una demanda, están impedidos a ni siquiera atreverse a mencionarlo. Ningún atisbo de doctrina puede ser ni siquiera insinuado en campaña electoral. No se mide con la misma vara. Para unos sí hay ´permiso´; para otros, solo amagos. Ojalá la neutralidad fuera el común denominador para todos. No es así.

Y como escribe el Padre González Escoto, son esos otros grupos los que “parecieran tener el protagonismo, pues en cuanto sus representantes obtienen un cargo público, lo usan para agredir a quienes piensan de manera distinta, y privilegiar a sus compinches”. Incluso, obstruyen solicitudes y servicios, y sistemáticamente están en contra de cualquier asomo católico. Así las cosas, no dudamos de que sean promotores de decisiones, como la de colocar, con el nombre de arte, imágenes que, sin caer en fundamentalismos malsanos, resultan provocadoras.

“Algunos gobiernos, señala el P. Armando, lejos de corregir estas tendencias, las favorecen. ¿Cómo explicar si no, el que dependencias estatales y municipales, otorguen puestos preferentemente a los miembros de una privilegiada secta, y no a otros?”. ¿O qué acuerdos hay entre ellos?

El mismo clérigo señala que son muchos y diversos los actos de sabotaje, omisión y comisión que estas personas, empoderadas, han cometido, revelando lo lejos que están de entender lo que significa tanto la democracia como el estado laico. Y no vemos cómo puedan cambiar las cosas. Van a iniciar gobiernos que ya hicieron sus compromisos.

 

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