México necesita volver a Dios

Querida Lupita:

Estoy “agüitada” con todo lo que ha sido el proceso electoral en nuestro país. Nos hemos dividido y nos hemos ofendido. Somos compatriotas y parece que nos odiamos entre nosotros. Las trampas, mentiras y descalificaciones han protagonizado el antes y el después de un evento que debería ser ejemplar, pues es un ejercicio democrático. ¿Hacia dónde nos dirigimos como nación?
Laura F.

 

Hermana mía, Laura:

Al leer tu expresión, “agüitada”, me remití al libro de Zygmunt Bauman titulado: Amor Líquido. En él, se nos plantea la realidad sobre el amor comprometido que se vive cada vez menos, intentando suplirlo por un sentimiento pasajero, superficial, que no implique renuncia ni esfuerzo. Y esto que se está experimentando en el campo personal, ha permeado estructuras políticas y sociales con sus dolorosas consecuencias.
Si nos encontramos entre mentiras, traiciones, descalificaciones, divisiones y odios, es porque no estamos comprometiéndonos con nada sino sólo con nuestra propia comodidad.
Somos un pueblo diseñado para amar, para entregarnos a los demás, para aspirar a la eternidad aunque ello implique esfuerzo, donación total, fe inquebrantable. Sin embargo, elegimos el camino corto, cómodo y egoísta que se presenta atractivo entre más alejados estamos de Dios: fuente del amo verdadero.
¡Volvamos a Dios! Eso es lo que nuestro pueblo necesita. La Palabra de Dios nos advierte: Si mi pueblo, que lleva mi nombre, se humilla y ora, y me busca y abandona su mala conducta, yo lo escucharé desde el cielo, perdonaré su pecado y restauraré su tierra. Mantendré abiertos mis ojos, y atentos mis oídos a las oraciones que se eleven en este lugar. (2 Cro. 7, 14-15).
Es fácil señalar fuera de nosotros y ver la corrupción, la impunidad, la injusticia que parecen crecer como la espuma, pero es tan difícil como necesario ver dentro de nosotros y preguntarnos si estamos haciendo la voluntad de Dios en nuestras vidas. Necesitamos volver a Dios, esto es lo que necesita México hoy. Un pueblo que recuerde que todo lo bueno viene de Él, y que el verdadero origen del mal se llama pecado. México necesita de ti y de mí, mirando a Cristo y diciendo a voz en cuello: ¡HARÉ, SEÑOR TU VOLUNTAD!

Lupita Venegas/Psicóloga
Facebook: lupitavenegas

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