La bendición de competir

“En la base de todos los deportes está, de alguna manera, la alegría de moverse, la alegría de estar juntos, la alegría por la vida y los dones que el Creador nos da todos los días”, Papa Francisco.

Fernando Díaz de Sandi Mora

¿Ganar o perder? ¿Ser primero o ser último? La bendición de competir trasciende los resultados y se ubica en los esfuerzos, en las maneras de enfrentarse, las actitudes, el desarrollo de las capacidades propias y la manera de relacionarse para la unión de los esfuerzos tras un objetivo común. No hay mejor triunfo que en aquello que nos superamos a nosotros mismos.

Competir puede ser una forma de autosuperación, considerando al otro no un rival, sino un punto de referencia. La vida es una oportunidad maravillosa para vivir encuentros que nos permiten sanamente medir nuestras fuerzas, nuestro alcance, aprender de otros, admirar y contemplar la diversidad de cualidades y habilidades, los dones que Dios, generosamente ha esparcido y sembrado en cada ser humano. Es la voluntad la que logra superar los límites que parecen impuestos por el contexto social, ideológico, incluso físico.

Como muchas cosas buenas en la vida, el ser humano ha contaminado y enrarecido el entorno de las competencias. En cierto modo, la competitividad se ha convertido en sinónimo de codicia, envidia y narcisismo. Detrás de una contienda es común encontrarse con trampas, atajos, amaños y corruptelas que empañan el ambiente de la competencia, de un enfrentamiento que permita una comparación real, objetiva, libre y espontánea de las capacidades personales.

El ser humano es competitivo por naturaleza, sin embargo, el espíritu de las competencias se ve envuelto en el lodazal de prácticas deshumanizadas. ¿Cómo es posible que un jugador de futbol sea comprado por más de 200 millones de euros, mientras millones de niños en todo el mundo mueren de hambre? Jugadores que sucumben bajo el peso de la fama y realizan acciones abominables como una violación, maltrato a sus parejas, incluso asesinatos. Dueños de clubes o instancias deportivas que convierten a sus deportistas en objetos comerciales, etc.

Tú mismo estás llamado a competir cada día, a superar la versión de tu ser en cada jornada, a ejercer una mejor paternidad, ser mejor pareja, mejor ciudadano, mejor profesionista, mejor estudiante, mejor creyente, mejor persona.

Es necesario descubrir, reconocer y practicar los dones y talentos que hay en tu persona. Lo que a ti te corresponde hacer en este mundo nada más lo hará por ti. Deja ya de sepultar bajo tus miedos e inseguridades, bajo la pereza o el abuso, el arsenal de recursos que Dios ha puesto en ti. Deja de querer ser mejor que los demás y trabaja cada día en mejorarte a ti mismo.

Ser campeón, ser alto, ser fuerte, ser rápido, ser rico, ser famoso, solo tiene sentido cuando cuidas lo esencial: SER HUMANO… Así, todos ganamos.

Facebook/Fernando D’Sandi

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