Remedio para todo: Santidad Personal

Lupita:

Comprendo que el aborto es un asesinato. Se le quita vida a un inocente. Eso lo entiendo ahora pero por eso creo que debemos abrirnos a los anticonceptivos.   Por qué la iglesia se opone a ellos. Acabaríamos con el  aborto si enseñáramos a todos a cuidarse.

María J.

 

Hermana mía, Maria:

Andan diciendo algunos: “Todo me está permitido”. Sí, pero no todo es conveniente. Y, aunque todo me esté permitido, no debo dejar que nada me esclavice. (1Cor. 6, 12).

El aborto es el cúlmen del camino que ha establecido la cultura de la muerte. El principio fue  separar la doble finalidad de la sexualidad humana: unitiva y procreativa.  Despreciamos el plan de Dios inscrito en nuestra naturaleza y nos quedamos sólo con lo que nos viene bien: el placer y nada más.

Un mal no se acaba con otro mal. El aborto jamás se acabará con la anticoncepción. Todo lo contrario, la mentalidad anticonceptiva lleva irremediablemente al aborto.

Dices que hay que enseñar a todos a ”cuidarse”. De los bebés no tenemos por qué “cuidarnos”, ¡no son enemigos!. Un bebé es siempre un regalo de Dios.

Además, es preciso reconocer que los anticonceptivos, en muchos casos, son abortivos. Y el cuento de que el condón genera “sexo seguro” es solo eso, un cuento, una mentira (lee sobre esto en el libro: Sexo Seguro, de la Dra. Rosario Laris).

Lo que debemos hacer, es volver al orden original dado por Dios para la vivencia de nuestra sexualidad. Eduquemos para vivir la sexualidad en el marco perfecto del amor que se llama matrimonio.

San José María Escribá de Balaguer escribió: El remedio para todo: ¡Santidad personal!.

Algunos me dirán que esto no es realista, que a los jóvenes no se les puede hablar de una vida casta, que les demos condones y todo estará bien.  Yo reitero: se engañan; o se han dejado engañar por el enemigo de las almas que, nos convence de que no se pueden vivir las exigencias cristianas.

Mi experiencia me permite confirmar que cuando damos expectativas altas a los jóvenes, ellos aspiran más arriba aún.

Necesitamos vivir radicalmente nuestra fe. Forjar la voluntad y colocar los sentimientos e impulsos al servicio del amor.

Lupita Venegas/Psicóloga

Facebook: lupitavenegas

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