Música sacra rusa

Sergio Padilla Moreno

La máxima fiesta del futbol mundial llega hoy a su fin en Rusia y con ello se terminan un cúmulo de emociones, alegrías, enojos y, seguramente, más de algunas decepciones. Finalmente es deporte, algo lúdico que nos une y nos muestra que se puede convivir sin importar la diversidad de las culturas, ideas o color de piel.

Paralelamente a las muchas horas de transmisión centradas en el futbol, las cadenas televisivas nos presentaron interesantes reportajes de la vida, gastronomía, arte, paisajes y vida cotidiana del pueblo ruso. En medio de dichos programas hubo uno que llamó poderosamente mi atención, pues se dedicó a recorrer varios de los templos católico-ortodoxos más importantes de Rusia, a la par de contarnos la rica y, por momentos, muy difícil historia que los creyentes de este pueblo han tenido que pasar a lo largo de los siglos, especialmente durante buena parte del siglo XX. El programa me hizo recordar –y recomendar- un libro que leí durante mis estudios universitarios titulado Hablar de Dios resulta peligroso, de Tatiana Góricheva (1947), quien a sus 26 años se convirtió al cristianismo y le tocó vivir su fe en la clandestinidad en tiempos de la Unión Soviética, hecho que le causó persecuciones y la expulsión del país en 1980. Esta mujer es un testimonio de la resistencia y perseverancia de muchos hombres y mujeres que vivieron su fe en la clandestinidad a causa del régimen totalitario soviético, pero que más tarde serían la semilla del actual resurgimiento religioso en la Rusia contemporánea.

Es por esto que sugiero ahora dirigir la mirada y la escucha hacia la música religiosa rusa, para que nos dejemos sorprender por su belleza y hondura. Se sabe que el príncipe Vladimiro de Kiev –reconocido como santo por la Iglesia Ortodoxa- fue quien fundó la Rusia cristiana, una vez que se hizo bautizar en junio del año 988, en las aguas del río Nepro. A partir de ello, la recién fundada Iglesia rusa desarrollo su ritual en lengua eslava, marcando así el inicio de un estilo de culto lleno de formas, simbolismos y detalles, donde la música coral –pues los instrumentos musicales no están permitidos- es parte esencial de su liturgia.

A lo largo de los siglos, la Iglesia Ortodoxa Rusa ha ido incorporando un sinfín de cantos e himnos propios para cada tiempo litúrgico, muchos de los cuales son profundamente impactantes por su solemnidad y belleza, así como por la riqueza de los textos en los que están basados. Los cantos religiosos rusos son monódicos, aunque diferentes a los cantos gregorianos de la Iglesia latina, pero donde aletea una experiencia espiritual que nos invita a dejarnos tocar para entrar en una profunda oración contemplativa.

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Sacred Treasures: Choral masterpieces of the Russian Orthodox Church.

https://www.youtube.com/watch?v=m6SP-tRFV44

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