Más allá del conformismo

Jesús espera que, cuando lo busquemos, no sea solo por el pan que nos da, sino por lo que Él es y nos ofrece. Nos podemos acercar a Dios con distintas actitudes, intereses o intenciones, y en ocasiones, solo para que nos remedie una carencia que no podemos resolver de otra manera, pero una vez solucionada esa situación, Dios vuelve a sernos indiferente o lejano.

Nos puede pasar que nos acordemos de Dios cuando tenemos un problema, pero una vez que pasa, lo volvemos a olvidar, y vivimos como si no existiera.

Dios es el origen de todo bien, es el único que da el pan del cielo. Ahora, también, nos da el Pan vivo, que es Jesús, que ha bajado del Cielo.

Éste es el meollo de la vida cristiana, descubrir quién es Jesús para mí, para nuestro matrimonio, para nuestra familia, para nuestra sociedad. Y si descubrimos que Jesús es el regalo más grande que el Padre Dios nos ha dado, y que teniéndolo a Él, viviendo en comunión con Él, tenemos resueltas todas nuestras luchas y todos nuestros quebrantos, entonces podremos ser verdaderamente saciados y felices.

Jesús es el Pan vivo y verdadero, es el único que sacia el hambre que todos tenemos de felicidad, seguridad, realización, plenitud. Es el único que puede saciarnos plenamente, pero hay que buscarlo, conocerlo, saber qué nos ofrece.

Con esto, no queremos decir que no debemos interesarnos en tanta necesidad que tienen muchos hermanos, familias, del pan material. No desconocemos la pobreza que hay en tantos hogares que no tienen lo necesario para vivir con la dignidad de los hijos de Dios. En efecto, el hambre es un problema lacerante, doloroso, en nuestra sociedad, así como el hecho de que haya tantos hermanos que carecen de otras necesidades básicas.

Es válido y legítimo luchar por este pan, luchar por tener un techo, vestido, salud, etc. Es digno y es propio de los ojos de Dios. No hay que negarlo.

Para quienes tienen resuelto el tema del alimento, del vestido y de su seguridad, y para quienes es una necesidad no satisfecha, tanto para unos como para otros, es la misma propuesta: descubrir quién es Jesús, buscar lo que verdaderamente nos ofrece, en medio de nuestra necesidades materiales y en medio de, quienes han tenido la posibilidad de haberlas satisfecho.

Siempre tendremos necesidad de Jesús y de lo que nos ofrece, en la condición que nos encontremos. Y si ya lo resolvimos, el Señor nos hará sensibles y nos ayudará a ser solidarios y fraternos con los necesitados, para compartirles, impulsarlos y darles esperanza. Si ya lo resolvimos, y no hemos encontrado a Jesús, seremos de los que no nos interesan los demás, de los que son indiferentes ante el sufrimiento.

Por el contrario, si no hemos resuelto las necesidades básicas, y tampoco hemos descubierto a Jesús, es posible que seamos conformistas con la situación. El que está en necesidad y conoce a Jesús, va a descubrir una fuerza para salir de su situación negativa. El que no lo ha conocido, permanecerá igual. Cuando descubrimos a Jesús, lo conocemos y lo aceptamos, nos ofrece la saciedad para nuestra vida.

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