La unidad cristiana

Pbro. Armando González Escoto

El pecado del ser humano rompe la unidad interior de la persona y se proyecta luego en el exterior sembrando la división.

Así fue desde el principio, cuando el pecado de Adán y Eva no solamente produjo el rompimiento de la relación con Dios, sino que sembró el conflicto entre la primer pareja. Esta división original trajo luego otra consecuencia, el asesinato que comete Caín en contra de su hermano Abel por envidia.

La torre de Babel es otro relato donde justamente el pecado de soberbia produce una nueva y más colosal división entre los seres humanos que, en delante, ya ni siquiera podrán comunicarse entre sí.

Por lo mismo, comprendemos que el mensaje y la consecuencia inmediata de la Redención operada por Jesús, es el restablecimiento de la unidad perdida, la recuperación de la relación filial con Dios y con los demás, el nacimiento de la comunidad cristiana, llamada a ser el principio y el símbolo de la comunión fundada por Cristo en su Iglesia.

Pero el diablo no descansa, y si en el antiguo testamento por su envidia entró el pecado en el mundo, también en el nuevo testamento por envidia del demonio, se introdujo nuevamente la división que es camino de muerte y destrucción.

Ya los apóstoles debieron enfrentar el grave problema de la división que propiciaban personas extraviadas. San Juan habla de una secta formada por gente que, creyendo en Jesús, negaba su dimensión humana. Vendrán luego otros sectarios que, para distinguirse de los primeros, decidan negar la dimensión divina del Mesías. Nuevamente la división ahí, donde Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, estableció la unidad y la comunión.

A pesar de esas antiguas divisiones y de todas las que después han surgido, la Iglesia permanece en el mundo como signo de la unidad y de la comunión cristiana, anunciando el Evangelio de la paz, de la reintegración de la humanidad dispersa en una sola fe, con un solo Dios y Padre, cuyo Hijo unigénito nos fue enviado como Mesías y Redentor.

Es desde luego lamentable que personas que se llaman cristianas trabajen todo el tiempo en contra de la unidad querida por Jesús para su Iglesia, pues ¿Cómo puede alguien decir que es cristiano y estar metido en una secta? Es por completo absurdo, no se puede creer en Jesús y ser agente de división, dedicando la vida a sembrar la confusión de Babel, donde Cristo anunció la verdad y la vida.

La pus del mundo no es otra cosa que esta corrupción que corroe las conciencias y multiplica el sectarismo por todas partes, como si la verdad cristiana no fuera ya importante y en su lugar se pusiera ahora el sentimiento, la emoción. Más que buscar la verdad, buscar donde me siento a gusto; incluso, dónde me dan más cosas y hasta dinero, ese es el triste panorama que nos ofrece el sectarismo que tanto daño hace a la comunidad cristiana.

About Rebeca Ortega

Check Also

La mujer está llamada a convertir la vida en algo bello

Lupita: Tuve una experiencia muy desagradable al hablar con mujeres pro-aborto. Ellas atacan violentamente a …

#DesarrolloEspiritual: El vino que yo bebo, ¿me hace prudente o libertino?

Desarrollo Espiritual, Domingo XX, Ciclo B, 19 de Agosto de 2018. ¡JESÚS, ALIMENTO Y BEBIDA …

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *