El gnosticismo

Pbro. José Marcos Castellón Pérez

El ser humano de principios de nuestra era se sentía inseguro en el cosmos, lo veía como una realidad extraña, opaca, como una cárcel o un sistema rígido, un destino sin libertad. Ante esta angustia existencial floreció un sincretismo llamado gnosis, acortando las distancias entre las grandes escuelas filosóficas griegas, las religiones orientales, algunos elementos del judaísmo y del naciente cristianismo; fue un esfuerzo especulativo-religioso para responder las preguntas más profundas del ser humano, especialmente el origen del mal.

El gnosticismo ofrecía un agradable refugio racional y religioso para desasirse de los problemas de este mundo, que hacen sufrir a la humanidad. Por el conocimiento, como ejercicio espiritual, el alma humana podría librarse de toda atadura material, causa de todo mal. Proponían un dualismo por el que consideraban un doble origen de la realidad: un dios bueno creador de los seres espirituales y un dios malo creador de la materia. Este dios malo se fue degradando hasta transformarse en materia, signo de debilidad, perversidad, pecado, caída.

Para los gnósticos, la salvación no es ofrecida por la muerte y resurrección de Jesús, sino por el conocimiento especulativo de los iniciados al que consideraban camino para liberarse de lo material; por los ejercicios de autoconsciencia llegarían a la iluminación, al conocimiento perfecto; se creían de origen celestial, por lo que se experimentaban semejantes a la divinidad espiritual.

El sincretismo gnóstico fue un gran atractivo incluso para muchos cristianos y tuvo mucho éxito en el mundo antiguo, pues podía conducir a nuevas experiencias trascendentes. Pero se apartaba de la auténtica fe revelada por Jesucristo, pues era contrario a la bondad de la creación y de la materia, exaltaba sólo lo espiritual enfrentándolo irreconciliablemente con lo material. Por esta razón negaban la verdad de la encarnación del Hijo de Dios, pues les parecía indigno que un Dios bueno y espiritual pudiera asumir la materia terrenal. Los errores gnósticos obligaron a los Pastores del Pueblo de Dios a combatirlo con claridad doctrinal y firmeza pastoral, apegándose a la Tradición Apostólica. Entre los más preclaros Padres de la Iglesia que lucharon contra el gnosticismo se encuentra san Ireneo de Lyon, del que ahora podemos conocer en qué consistían las doctrinas gnósticas por su obra maestra Adversus Haereses (Contra las Herejías), pues muchos escritos gnósticos se destruyeron.

El gnosticismo nunca ha desaparecido, pues ahora se hace presente en doctrinas y prácticas muy comunes, con el mismo atractivo de milenios pasados. Los hombres y mujeres de hoy, incluso muchos cristianos practicantes, como antaño, se sienten muy atraídos por él. El gnosticismo late en el sincretismo de la New Age, en la meditación trascendental, en las devociones desproporcionadas a los ángeles, en el resurgimiento del satanismo y en la ola exitosa de falsos exorcistas que timan con la credulidad e ignorancia de muchas personas, en el culto a los astros y en pensar que las cosas del cielo se logran negando las de la tierra. Un gnóstico buscará huir del mundo, nunca transformarlo.

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