Etty Hillesum

Sergio Padilla Moreno

Entre mis lecturas favoritas de esta etapa vacacional estuvo el libro Etty Hillesum, una vida que interpela, del jesuita español José Ignacio González Faus (Ed. Sal Terrae, 2008), el cual me permitió profundizar en la vida, espíritu y pensamiento de Etty Hillesum (1914-1943), una joven mujer judía que paulatinamente vamos conociendo y que nos interpela por su actitud contemplativa, desde una fe profunda y sencilla, en medio del Holocausto. Hillesum nos mostró que se puede hacer algo por humanizar la humanidad (Mt. 25,40) en un contexto donde se dio la negación más radical del valor del ser humano. Viene a colación el testimonio del actuar de esta mujer, de cara a la crisis multifacética que estamos enfrentando como humanidad y que nos demanda no caer en la desesperanza.

Escribe Hillesum en una carta a dos hermanas de La Haya, a finales de diciembre de 1942: “La tragedia humana acaecida ante nuestros ojos en el último año y medio y que aún continúa acaeciendo, rebasa con mucho lo que cualquier individuo puede asimilar en ese tiempo. Lo que se escucha a diario y en todos los tonos posibles: No queremos pensar, no queremos sentir, sólo queremos olvidar lo antes que podamos. Me parece que ello constituye un peligro serio. Es cierto que suceden cosas que antes hubieran escapado a nuestro entendimiento, pero tal vez tengamos órganos más aptos distintos del entendimiento, y de los que hasta ahora no teníamos conciencia y que son capaces de procesar el desconcierto.”

Hillesum aprendió a ver la realidad desde otra óptica; así lo dejó ver en su diario: “Si Dios cesa de ayudarme, me corresponderá a mí ayudar a Dios. Trataré de ayudarte, Dios, a detener el agotamiento de mis fuerzas, aunque yo no pueda responder a su decaimiento. Pero para mí hay una cosa cada vez más clara: la evidencia de que no puedes ayudarnos, que debemos ayudarte a ayudarnos. No puedes ayudaros, pero nosotros, nosotros debemos ayudarte, debemos defender tu lugar dentro de nosotros hasta el fin.”

Los testimonios que se van conociendo sobre esta extraordinaria mujer nos revelan un ser apasionado por buscar el bien del prójimo, reaccionando así al odio y al mal que vivió en el contexto del Holocausto, con un amor incondicional a la vida, la humanidad y a Dios, pues dedicó todas sus energías a ayudar y a confortar a los prisioneros en el campo de tránsito de Westerbork a donde llegó como voluntaria. Finalmente murió en Auschwitz el 30 de noviembre de 1943 a los 29 años de edad. Etty Hillesum es un testimonio radical de creer y hacer por la humanidad incluso en los momentos más oscuros. Leo este libro escuchando la Sinfonía n.º 3, Op. 36, también conocida como “Sinfonía de las lamentaciones”, compuesta por el compositor polaco Henryk Górecki (1933-2010).

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Henryk Mikolaj Gorecki Sinfonia Numero 3, de las Lamentaciones

https://www.youtube.com/watch?v=0hxGf3qvivc

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