Padre Toño González. Cuando sabiduría y humildad se combinan

Pbro. Adalberto González González

De muchas y muchas generaciones Maestro, pero no de las recientes ni actuales, que ya ni saben ni distinguen el nombre de algún Padre antiguo, como oímos nosotros hablar por ejemplo del Padre Manuel de la Cueva, una eminencia en Literatura y en todo lo que pudiera pensarse. Y es que, en aquellos tiempos, se hacía uno medio intelectual a fuerzas, pues no había radio ni televisión ni otros entretenimientos como ahora.

A mí me tocó conocer al Padre Antonio González Cornejo precisamente en la portería del Seminario Menor, Casa de San Martín, por la entrada de la Calle Industria, entre las de Belisario Domínguez y Jarauta. Todos los Superiores y alumnos lo saludaban con cariño y respeto, no como a un erudito extraño, sino que le permitía a uno abordarlo y conversar.

Recuerdo que su combinación de saco y pantalón no era precisamente buena; ni pelo peinado ni lentes caros o raros. Podía afirmarse que era un hombre común, aunque denotaba, a primera vista, que sabía mucho. Las bolsas de su saco, llenas de libros chicos, normales o medianos, en tanto que portaba en sus manos los más grandes. Pero, repito, lo más notorio era su forma de ser amable con todos, y de todos con él. Se le reconocía como muy sabihondo en ese mundillo de Formadores del Seminario.

Cuando entramos al Seminario por primera vez, nos llevaban Padres de nuestro pueblo sencillo y de abrazo apretado, pero conocidos y muy queridos. Eso nos dio confianza para seguir adelante.

Poco después conocí a otros Padres muy buenas gentes que habían llegado de las Italias, de España y de esos otros lugares que habíamos estudiado en las escuelas en la materia de Geografía. Me acuerdo del Padre Antonio Sahagún López (después Obispo de Linares y Auxiliar de Guadalajara), por un tiempo nuestro Prefecto de Disciplina, que una vez me corrió por fumar a escondidas.

Ya siendo él Obispo, cierta vez le recordé: “¿Se acuerda de las llamadas de atención por fumar? Yo traía de esos cigarros chiquitos y nos los fumábamos en el balconcito”. Nomás le dio risa. Era muy sangreliviana, pero cuando nos regañaba le daba coraje. La verdad es que desde que lo conocí le guardo un enorme respeto y gratitud porque me ayudó mucho, me sacó de mis crisis de adolescente, en una época para mí muy difícil. Por eso no puede dejar de mencionar a nuestro “eterno” Maestro, desde el estudio de las Humanidades hasta la Teología… y hasta el final. Y digo hasta el último porque volvimos a encontrarnos aquí, en el Albergue Trinitario Sacerdotal.

…Y volviendo al Padre Toño González, hay quienes lo recuerdan como un Profesor ciertamente árido al impartir sus clases de Latín, de Teología o de Biblia, pero que las preparaba muy bien. Además, inteligente como era, compensaba lo pesado de las materias echándole un humor muy fino a sus exposiciones, que lograba hacerlas más amenas.

Un ex alumno del Seminario rememora la clase de Latín Clásico para traducir a Homero y Cicerón: “En cuanto notaba el Padre que el soponcio de las 4 de la tarde vencía a dos o tres de los más somnolientos, dejaba su estrado y caminaba por los pasillos entre las butacas, explicando el contexto de La Odisea o Las Filípicas. Pero, al notar dormido a un ‘Procopio’, caminaba de puntitas, se llevaba el índice a la boca y, con voz baja, le decía al resto del grupo: ‘Shh, shh, él duerme’. Y, si al retorno lo hallaba aún en siesta, lejos de despertarlo y menos aún de exhibirlo, volvía a pasar por ahí de puntitas y a advertir quedito: ‘Shh, shh, aún duerme’. Claro, las carcajadas de los compañeros volvían en sí al aludido.

“Luego de invocar al Espíritu Santo, clásica era su frase de inicio de cada clase: ‘Como ustedes perfectamente lo ignoran’”… (en lugar de “como ustedes perfectamente lo saben”…)

Había obtenido Licenciatura en Teología Dogmática y en Sagradas Escrituras en la Pontificia Universidad Gregoriana, de Roma, y prácticamente su vida sacerdotal la dedicó con gran celo a la formación de los futuros Sacerdotes, no sólo como Catedrático, sino también como Prefecto General del Seminario Menor, Prefecto de la Facultad de Teología y Prefecto de Estudios del Seminario Mayor durante 25 años. Simultáneamente, fue Juez Censor del Tribunal Eclesiástico.

Ya jubilado de esas actividades, fue nombrado Canónigo de la Catedral, llegando a ser Presidente del Cabildo Metropolitano. Muy devoto de Nuestra Señora de Zapopan, corre fama de que se le encomendó la selección y adaptación de los textos propios de la Misa a Ella dedicada. Incluso se le atribuye la petición inicial, al Arzobispo Juan Jesús Posadas Ocampo, para solicitar a la Santa Sede la concesión del Patronato de la Virgen de Zapopan sobre la Arquidiócesis de Guadalajara. De igual forma, con frecuencia podía vérsele arrodillado en las últimas bancas del Santuario de Guadalupe con sumo recato y en horas de poca afluencia. También se le otorgó el título honorífico de Monseñor, aunque prácticamente nunca vestía el atuendo especial de esa dignidad eclesiástica. En sus últimos años, estuvo adscrito al Santuario de Señor San José, donde era muy asiduo a oír confesiones, sin dejar de cumplir sus obligaciones de Coro como Canónigo.

Algún día, ya alojado en el Albergue Trinitario Sacerdotal, a la salida de su habitación me abordó: “Oye, ¿tú sabes dónde estamos?” Como que andaba un poco desorientado de su mente. Yo le expliqué con comedimiento que estábamos en El Trinitario por alguna enfermedad, por recuperación o simplemente por ancianos, y le recordé que fue nuestro Maestro. Desde entonces seguíamos comunicándonos, sobre todo en sus caminatas por los pasillos, acompañado de un amigo que lo apoyaba.

Aunque solía participar en todas las dinámicas grupales, en un principio se acercaba a la mesa del comedor que llamamos “la silenciosa” porque ninguno de sus ocupantes habla, pero después se pasó a la de nosotros, donde nos embarcamos en todos los temas. Allí platicaba con naturalidad y procurábamos aprenderle de su claridad mental con lo que nos iba quedando de muerte un día y otro día de rutina.

De repente supimos que le había subido la temperatura, pero nos prohibieron pasar a saludarlo porque le dio una fuerte neumonía. De por sí flaquito siempre, quedó tan delgado el Padre Toño que un muerto no pudo ser otro. El Domingo 21 de Mayo de 2017, en San José de Gracia, fue su Misa de Exequias, presidida por el Obispo Auxiliar Juan Humberto Gutiérrez Valencia y concelebrada por 12 Sacerdotes, ante un templo repleto de fieles.

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